[category]
[title]
Reseña
¿Otro local en Chamberí con producto local, alma argentina, música alta y una curiosa selección de vinos? Sí, pero no. Lo que se ha inventado Martín Rodríguez, junto a otros socios, está un puntito por encima de esa media en la que estás pensando ahora mismo. Tanto a nivel de cocina, que en este caso la firma la chef Luciana Sigaut, como por las características del espacio, que tiene ese perfil industrial que siempre engancha. Y sin pasar por alto una carta con más de 100 referencias en la que, además de interesantes etiquetas de Nuevo Mundo, encontrarás un puñado de acertados espumosos y generosos que se llevan de diez con sus platillos, la mayoría (bien) pensados para compartir.
Y aquí es donde toca hablar de esa fainá de origen humilde y genovés que terminaron llevando los inmigrantes italianos a Argentina a finales del siglo XIX. Qué bocado tan maravilloso el que preparan en Ancho a partir de harina de garbanzo, cebolla caramelizada, chutney de zanahorias y aceite ligeramente picante. Es uno de los que tienes que pedir para empezar junto con esas mini brochetas de anguila (la ración incluye dos unidades), en la que se alternan trozos de dicho pescado con acelga roja, convenientemente aliñada, de las que resulta imposible cansarse. Y, mientras esté disponible, no dejes de pedir el ajoblanco. Es refrescante, sutilmente sabroso, le da al ajo el protagonismo que merece y, gracias a las uvas y los higos, el conjunto queda perfectamente equilibrado y funciona de maravilla.
Con los principales vuelven a jugar al despiste. Porque milanesas y patas de pulpo se ven en muchos nuevos bistrós y restaurantes regentados por argentinos. Sobre todo nos llamó la atención el primer plato, que lo sirven en formato tonkatsu, con un rebozado fino y el punto de la carne justo al límite. Hablamos de un solomillo de vaca troceado que viene acompañado de un alioli de eneldo, huevos tipo mollet (entre cocidos y pasados por agua), alcaparrones y anchoas del Cantábrico. De la pata de pulpo –un plato que curiosamente no suele faltar en este tipo de locales– nos quedamos, además de con el punto de cocción, que era el adecuado, con el aliño a base de chimichurri y los crujientes chips de topinambur.
Y nos despedimos de este polivalente local de la mejor manera, con un postre de muchísimo nivel que, ahora sí, no es fácil de encontrar ahora mismo en Madrid. Se llama cartedate –de nuevo una receta de influencia italiana– y consiste en un hojaldre relleno de ricota que preparan al momento y acompañan de una reducción de vino tinto que se convierte en la mejor aliada de una elaboración que no resulta tan dulce como te imaginas. Es perfecta para ser compartida y poner así el broche a una comida en la que el ambiente y la decoración también juegan a favor de obra. Y una cosa más. Recientemente, han empezado a abrir también los sábados al mediodía, pero es por la noche cuando todo –música, iluminación y vibra de cada uno– se alinea en Ancho con el fin de brindarte una velada de lo más agradable.
Discover Time Out original video