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Reseña

Norah

4 de 5 estrellas
  • Restaurantes | Mediterránea
  • Chamberí
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

En la puerta de Norah, una carta en primera persona está dedicada al que entra por primera vez: habla de una luz que baña las mesas, de una brisa salina, de noches de Biarritz y de tertulias humeantes de Gauloises. En realidad, de prolongar el verano, al menos su estado vital. Natalia Dzidziguri (Persimmons) y Tea Khuade recrean esta idea en torno al Mediterráneo con sencillez sofisticada. Un espacio apetecible donde compartir platos de gran frescura y sabores familiares desde un enfoque actual.   

Puede ser otro lugar bonito donde pasarlo bien en la mesa, y lo es. Un restaurante que cae en Chamberí porque es donde mejor encaja sin que en Madrid se necesite ver el mar por la ventana para comer pensando en él. De día, la luz abre el apetito; de noche, la sala se carga con una energía más social y relajada. Fue Trueba Studio quien supo alternar los revestimientos de la entrada y los azulejos de la barra, un tanto retro como la tapicería de los sofás, con las paredes lijadas de hormigón. Lo único: igual las mesas para dos se quedan pequeñas para llenarlas de tantos platos como se van a querer compartir. La agilidad del servicio acaba por resolverlo.

En cocina dirige Eli Shtein. “Nuestro producto en común es el sol y el aceite de oliva”, deja reseñado. Cierto, sus platos, frescos o crudos, de producto o en forma de pastas caseras, son en sí mismos soleados. Reconocibles en un pequeño recorrido por el sur de Europa. Un par de entrantes para pegar dos bocados: sardina ahumada y tomate en pan brioche, o cecina, queso, grissini con alioli de pimentón. De entrada, la ensalada de uva con pepino, pistacho y queso feta (14 euros), el steak tartar con pecorino (22 euros) o el carpaccio de gamba roja, con chile tatemado y aceite aromático (24 euros). Se trata éste de uno de sus fuertes y aconsejan acompañarlo de una gran focaccia que, a su vez, incluye garbanzos y tomate, aunque la consideramos prescindible para disfrutar de la intensidad del marisco aliñado. Un simple cracker para sostener y dar mordida podría bastar. La ensalada de cordero (20 euros), que maceran durante ocho horas, también gusta mucho en este bloque. 

En el siguiente, las patatas baby van con una skordalia (la salsa griega que parece un hummus) y ajo confitado, pero se quedan cortas si no se pide algo del resto de platos calientes. Ofrecen, por ejemplo, lomo de pesca del día a la brasa, bisque de gamba y brocolini (30 euros), mucho más completo. También braseado (¿y algo blando de más?) llega el pulpo, con patata crujiente y vinagreta de tomate (24 euros), que pide hacer barquitos si eres de los que no le importa navegar. De carne, la chuleta madurada con puré de apionabo (35 euros), cuyo punto no podemos valorar. No así el de las pastas hechas a mano, que elevan el listón de la velada. Tanto la pasta pici con pecorino y pimienta negra (19 euros), bien mantequillosa, como los fetuccine con calamar, aglio e olio y tomate picante, para los que siempre buscan punch.

El mini cremoso de chocolate con aceite de oliva y sal marina suele volar. La tarta de limón con crème fraîche y ralladura de limón da el sabor perfecto. Pero igual es el bizcocho de dátiles con toffee salado y nata montada (10 euros) el que pega la campanada. Mucho más ligero que un vulgar Texas date cake cualquiera. Otra grata sorpresa es, sin duda, la carta de vinos curada por el gran Alberto Ruffoni. Cortita y al pie, con todo rico y bien paseado, desde Líbano a Grecia, Marruecos, Italia y Francia. Por copas, blancos como el albillo real Camino de Navaherreros, de Barnabeleva, el albariño Leirana, de Forjas del Salnés, o el godello Castro de Valtuille, de Castro Ventosa. Tintos como Guímaro, mencía más un popurrí auténtico de Ribeira Sacra. Algún cava de Mestres, el orange La Forada, de Celler Frisach, o el rosado Naranjas Azules, de Soto Manrique. Hasta un fino de Williams & Humbert, bravísimo pues nunca desentona, aunque estemos en Santorini. 

Decir que se agradece que los cócteles hayan sido pensados por un profesional. Julio de la Torre supo combinar ingredientes para la causa: Chipre (zumo de pepino natural, tequila, lima), Capri (limoncello, zumo de melocotón, Campari), Mahón (ginebra, cordial de lima, esencia de azahar, sirope de lavanda), Córcega (cava, lima, crème de violetas, aroma de azahar)... Se pueden afinar más a la hora de ejecutarlos, es verdad. Otra opción es liarse a negronis. Ya que la barra dispone de un botellero superior a la media, con vermuts Noilly Prat y Del Professore, whiskys japoneses y ginebras top, todo es pedir para que el sol siga brillando en Norah y el verano sea eterno.   

Detalles

Dirección
Monte Esquinza, 15
Madrid
28010
Transporte
Colón (M: L4)
Horas de apertura
Lu. a Sa. de 13:30 a 2:00
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