Los amores diversos

Teatro
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Los amores diversos

Autor: Fernando J. López. Director: Quino Falero. Intérprete: Rocío Vidal

Una apuesta arriesgada, sin duda, de la que se sale removido y esperanzado. Una apuesta valiente por parte de su autor, que se lanza al monólogo teatral sin dejar de ser el novelista que es, el enamorado de las palabras, de los libros y los escritores, de los poetas y las poetas que hacen una vida de versos y enseñan la diversidad de lo humano. Y un salto sin red por parte de la actriz, que se doctora aquí atravesada por el hilo de esa Ariadna que interpreta con aplomo. Llegará el día (función tras función) en que el personaje la habite hasta tal punto que la experiencia, para ella y para el espectador, sea todavía más enriquecedora.

La obra es el soliloquio de una mujer herida, a punto de romperse, que, ante la pérdida repentina de su padre, encuentra la oportunidad, en la madrugada previa al entierro, de ajustar las cuentas con el difunto y consigo misma. No es, a priori, un personaje con el que nos podamos identificar fácilmente, puesto que no todos somos hijos de un filósofo pedante y encumbrado que regala libros y exige a sus hijas que le reciten poemas de su canon particular los días de cumpleaños. Suena a élite cultural, pero terminamos por ver que las pasiones son humanas, independientemente de la posición social. Y ahí es donde nos engancha. Porque todos tenemos historias de amor difíciles, porque todos bregamos con nuestra identidad, con mayor o menor consciencia.

La isla de libros que sirve como espacio escénico es un territorio mítico que abona de citas y versos la confesión de Ariadna, y Rocío Vidal la recorre desde su perplejidad inicial hasta la tranquilidad del desahogo, pasando por el cabreo, por la tristeza, por la desesperación, por la venganza, por la restauración de las enseñanzas depuradas. Perdona a su padre porque se perdona a sí misma, en un viaje pespunteado de sutiles detalles de dirección (bien Quino Falero) que le aportan la teatralidad a la obra que quizás falte en el texto. Somos uno y muchos y en el camino hacia la libertad de amar, conseguimos la libertad para vivir verdaderamente lo que somos.

Por Álvaro Vicente

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