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Reseña
Un espectacular retrato de la reina Victoria Eugenia, obra de José Moreno Carbonero, realizado en 1912, nos introduce en la exposición, que se articula en ocho secciones, desde el noviazgo con Alfonso XIII, hasta su salida de España, en 1931.
La llegada de Victoria Eugenia a España estuvo marcada por la tragedia. El día de su boda, el 31 de mayo de 1906, una bomba dirigida a los monarcas dejó más de una veintena de muertos y cien heridos. Una fotografía, capturada por Eugenio Mesonero Romanos unos instantes después de la detonación, inmortalizó el caos del momento, así como la carroza nupcial en la que los recién casados viajaban, presente también en la muestra.
Podemos ver algunos de los regalos de boda, entre los que destacan unos bustos de los reyes realizados por Mariano Benlliure, uno de los escultores más sobresalientes de la época. Un ambiente recreado a partir de algunos elementos procedentes de las habitaciones de la monarca, como un biombo de madera tallada y dorada, con paneles de seda y decoraciones de vidrio o un rico traje de corte hecho de seda, encajes y bordados, elaborado por la modista Julia de Herce, nos acerca a las estancias más íntimas de Victoria Eugenia.
La muestra aborda el importante papel que la reina jugó en diferentes proyectos filantrópicos
Además de la costumbre de tomar el té a las cinco, la monarca importó otras costumbres británicas, en concreto, los deportes al aire libre como el tenis, el croquet, el golf o el patinaje sobre hielo. Se exhiben equipamientos originales, junto a varias fotos de la familia real practicando estas actividades.
La muestra aborda el importante papel que la reina jugó en diferentes proyectos filantrópicos, en especial en el impulso de la Cruz Roja en España, y cómo sentó un precedente para las reinas consortes españolas al dedicarse a la beneficencia de manera activa.
Esta faceta de la monarca, más accesible, contrasta con dos de las piezas más lujosas de Victoria Eugenia, la Diadema de la flor de lis, de platino y diamantes, realizada por Ansorena en 1906, uno de los tesoros del joyero real; y el manto real de finales del siglo XIX, reformado en 1906, elaborado en terciopelo de seda y piel de armiño.
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