1. Plato de Luk1
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Reseña

Luk1

4 de 5 estrellas
  • Bares y pubs | Cervecerías artesanas
  • Chamberí
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

De marca de cerveza artesanal a bistró con atmósfera y club creativo. Reconocemos a la primera una iniciativa cuando se aleja de la media. Es lo que nos pasa con LUK1, la nueva y estimulante propuesta de Lucía Arenzana en la zona de Ríos Rosas, frente al parque Canal Isabel II. Espacio lucido, platos frescos y bebidas de última generación. Cerveza aparte.  

Lucía, a sus treinta años y siendo nativa del Basque Culinary Center, se pone la chaquetilla que en realidad solo había colgado tras pasar por unas cuantas cocinas top de medio planeta. Su marca de cerveza LUK nació en postpandemia una vez conoció de cerca el proceso artesano a su paso por Bolivia y Australia. Esa misma filosofía de preocupación por la materia prima y por ofrecer algo diferente la vuelca ahora en LUK1, puede que el primero de otros restaurantes venideros porque el emprendimiento suele pedir más. Por las mañanas opera como club para (otros) emprendedores que andan huérfanos de ecosistemas a su medida. Talleres, reuniones, catas… Un lugar flexible que, como restaurante, cierra tres días a la semana. Cada vez hay más negocios multifunción, con horarios conciliadores y conceptos que rompen las estructuras tradicionales de la hostelería. Será por algo. 

Costó dar con el local adecuado hasta que llegó la oportunidad en donde antes funcionó Jimbo Smokehouse, el restaurante de comida sureña con mucha barbacoa, bourbon y carnes ahumadas. Lucía cambió lo justo: mantuvo el muro de ladrillo y el suelo de madera, levantó una sala privada para diez personas y montó una barra nueva tras la que instaló sus grifos de cerveza, algo que no podía faltar. Dejó que el local luciera diáfano y luminoso gracias a los enormes ventanales. Colocó mesas redondas en mitad del espacio y bancos más íntimos en las paredes de cristal. Una terraza permite saborear las cenas al aire libre. Las mesas las ha vestido con buenas servilletas mientras las velas modulan el paso de la tarde a la noche.

Del anterior ahumador la cocina aprovecha su amplitud siendo el terreno de María Torrecilla, inseparable amiga de Lucía, ambas viajeras consumadas. La carta que han diseñado es corta y a expensas de variar con cada temporada. Un espejo para el menú de bebidas y vinos, de idéntica mentalidad. 

De hecho, empecemos por ahí, por la cerveza Hoppy que es con la que empezó todo esto, una lager afrutada y ligera, menos voluminosa que una IPA. Después ha llegado la Future Lager, algo achampanada, con alcohol testimonial (3%) y sin gluten, puede que el futuro de tantas cosas. Una Blond Ale y un tinto de verano de Arriaca, fábrica de donde mana LUK, y hasta un vermut blanco elaborado por Pablo Ruiz de La Dolorosa. Los chicos en acción se reconocen. Sin alcohol que valga, algunas kombuchas de Lōv Ferments, o los vinos 0,0 de Oma Frida. Quedaría coja esta parte si no se trabajara la coctelería, sensible a lo que pasa fuera: más kombuchas, piscos, sabores afrutados y, de lo más pertinente, cerveza en forma de michelada o de spritz. Nuestro apunte es que les queda recorrido para desarrollar grandes cócteles con identidad LUK. Respecto a los vinos, por lógica, se da bola a bodegas pequeñas, al igual que al vino natural o de mínima intervención. Nombres tan relevantes en esa esfera como Arenas de Santyuste, Raúl Pérez, Envínate, Tinc Sec o Panduro. Por copas, Pura Vida (macabeo de Almería, afrutado pero seco), Pigar Cha Cha Cha (chardonnay de Valencia con carácter), Tuets Tot (coupage ligero de syrah con tempranillo en Alt Camp), y varios orange, solo faltaba, como Baudili (Penedès) y Las Titas (Gredos). No es mucho pero es un comienzo.

La comida, ya hemos dicho, va por ahí: productores pequeños, temporada, dinamismo y todo pensado para compartir. Lo suyo es pedir al menos tres platos principales al centro (son raciones comedidas, tamaño para dos), dejando las ostras, la gilda y la pizza frita como bocados iniciales por unidad. 

Tres maneras de presentar las ostras: al natural, con un gazpacho que hacen con tomatillo verde, jalapeño y acedera, y una coreana frita con kimchi casero, contraste de texturas. La gilda sorprende, ya es raro en nuestra invasión gildera, por ser caliente y a la brasa: txuleta de vaca madurada, con la grasa ensartada, más piparra y aceituna. Para la pizza, masa casera rellena de stracciatella y anchoa de Santoña. 

Luego una ensalada que es puro verano, con albahaca fragante y cerezas llenas de sabor. Refrescante también el ceviche de bonito y maíz ahumado. De pasta, una especie de lasaña vegetal (sin contar el queso), con capas de tomate confitado, calabacín y ricota, flor de calabacín y montaña de parmesano. Las láminas de pasta casera, impecables. El aporte de comfort food, amén del espeto de sardinas con chimichurri marroquí, es de unas albóndigas de pollo glaseadas con gamba roja, un intenso mar y montaña. Con cada platillo salseado, pan de Panic y/o patatas rustidas. Y a los postres, una deliciosa mousse de chocolate, chile y sal, un affogato de nata y café de Toma Café (otra alianza definitoria), y un siempre apetecible corte de nata y nectarina de Campo a Través, la heladería de El Escorial, en sándwich de una increíble teja de bellota. Un soplo de aire fresco en la noche madrileña.   

Detalles

Dirección
Pl. del Descubridor Diego de Ordás, 4
Madrid
28003
Transporte
Ríos Rosas (M: L1)
Horas de apertura
Mi a Vi. 20:30-00:30 Sa: 13:00-17:00 y 20:30-01:30
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