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Reseña

Luz Verde

3 de 5 estrellas
  • Bares y pubs | Bares de vinos
  • Carabanchel
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

Un lugar fruto de estos tiempos. Es ahora cuando barrios como el de Carabanchel empieza a admitir locales que significan una huida. Del centro, de la presión, de la uniformidad. Así, Natalia Cano y Rafaella Mey encienden la bombilla de su pequeña aventura, un bar de vinos naturales de lo más sencillo pero cargado de atmósfera. Entre Marqués de Vadillo y Santa María de la Cabeza, estas dos limeñas que se conocieron en Madrid (pasaron por el fiasco que fue Chuck’s) estrenan un diminuto espacio donde desarrollar de manera informal y relajada su pasión por el vino de poca intervención. Se acuerdan de Luz Verde, un bar de Lima muy popular y más de cerveza, como guiño a su origen y a su actitud: "Nos evoca pasarlo bien por la noche". 

A la caza de un alquiler barato, dieron con esta vieja mercería que llevaba años cerrada. Le dedicaron una pequeña obra para resolver el cubo del baño adaptado y la puerta corredera de calle con la que ganan algún metro que necesitan para acomodar los ocho puestos en la pared y los otros cuatro en la única mesa. Más algún banco en la puerta, sobre todo con buen tiempo. No se reserva, la gente llega y la que quepa. "Mientras más caos, mejor", dicen. Lo dicho, otro Madrid, pero bar al fin y al cabo.    

Destila personalidad do it yourself. Sin estudios de interiorismo, dejaron las paredes desnudas para conservar cierta alma, colocaron un par de estanterías y una neverita para los vinos abiertos y las viandas, e instalaron al fondo una placa de inducción aunque aquí no se viene a comer sino a beber ligero con algo para acompañar. Aprovechan esta mínima expresión para, con unas cuantas velitas y un par de puntos de luz tenue, crear la calidez y el encanto de un bistró algo tirado. El ambiente se termina de modular con una playlist que hace sonar a Fujiya & Miyagi, Aphex Twin, Kim Gordon o Peaches, y que ellas controlan desde un móvil enganchado a la pared. "Todo es un apaño", ratifican. Dentro da poca cobertura, y Luz Verde se mueve en los márgenes de la ciudad hasta el filo de la medianoche y algo más en fin de semana cuando abren desde el aperitivo.

Se mezclan amigos y parejas, gente más mayor de lo esperado pero de mente abierta. Hay quien pide un tercio o un vermut de Partida Creus. "¿Un vino naranja? Prefiero un tinto. Ligerito". Clientes así a los que todavía se les tantea su atrevimiento. No será fácil. Se elige en una carta ilustrada por un colega y de la que solo les ha dado tiempo a imprimir un ejemplar. Al menos la comparten en internet. Copas entre 4,5 y 6 euros. Y botellas a partir de los 28 euros, con un 15% de descuento si te quieres llevar alguna a casa. Confirmamos que no será fácil. 

Meten productores españoles como Alfredo Maestro, Cati Ribot, Envínate, Anna Serra, La Nave de los Locos o Cantalapiedra. Se sirven de varios distribuidores como Cuvée, pero también compran por cupos y directamente a pequeños elaboradores. Les interesan las nuevas generaciones e incluyen referencias más especiales de fuera como Matthias Orsett (Suiza), Muster (Austria) o L'Anglore (Ródano), destinos menos vistos en la periferia pero con perfiles que a ellas les gusta, de gran acidez, ligereza y con variedades menos convencionales. Los aventureros pueden beber el medio naranja eslovaco Princess, de Pivnica Cajkov, tenso y con un punto tánico elegante que no pasa de los 11 grados, o el tinto Zweigelt, de la austríaca Judith Beck, con notas ahumadas o de pólvora siendo muy equilibrado. Los que quieran quedarse en Gredos, tienen a mano alguno de los experimentos de Pequeños y Salvajes, caso del Capítulo V, La Ladera, garnacha limpia y precisa de tinaja y acabada en barricas de roble muy usadas.  

Sabed que, si vais con hambre a Luz Verde, la carta de comida es mínima. Gildas a 3,5 euros, quesos de Formaje y algunas chacinas, pan de Panifiesto o de Panorama, el obrador cercano, para mojar en una stracciatella con pesto casero de pistacho por 12 euros. También una marinera de ensaladilla que les prepara su casero César: unas patatas sin casi mayonesa, muy condimentadas, con atún y guisantes. Se echa de menos algo más contundente, como un socorrido sándwich que empape las rondas (un homenaje a los minutejos sería bonito), si bien Natalia y Rafaella dejan claro que no son cocineras. Habrá que estar atentos a los pop-ups que organicen con colegas de su misma vibe para hacer más barrio y que el encuentro sea todavía más dinámico. 

Detalles

Dirección
Baleares, 51
Madrid
28019
Transporte
Marqués de Vadillo (M: L5)
Horas de apertura
Ma a Ju 19:00-23:30 Vi. 18:00-01:00 S 13:30-01:00 D 13:30-00:00
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