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10 puentes históricos de Madrid: paseos con encanto y escapadas para descubrir

Los puentes de Madrid tienen un encanto especial. Construidos en piedra, metal u hormigón, son mucho más que simples lugares de paso. Entre sus estructuras se esconden historias, anécdotas y curiosidades que forman parte de la memoria madrileña.

Irene Calvo
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Madrid es un territorio atravesado por diversos ríos y arroyos, por lo que la existencia de puentes y pasarelas es más que frecuente. Sin embargo, más allá de su función práctica, estas construcciones esconden detalles que hablan de otras épocas, forman parte de nuestra historia y nos acercan a un tiempo en el que la ingeniería funcionaba con una asombrosa precisión, sin contar con los avances técnicos que conocemos en la actualidad.

Y es que todo ha cambiado mucho desde que se levantaron estas construcciones, incluso la propia palabra 'puente', que durante siglos fue femenina (en muchos mapas antiguos es habitual ver el puente más antiguo de la capital, el Puente de Segovia, denominado como 'la Puente Segoviana'), hasta que en el siglo XVIII se comenzó a utilizar en masculino y con este género ha llegado hasta nuestros días. Mucho más que estructuras para salvar ríos, pasear o conectar lugares, los puentes son un pedacito de nuestra identidad.

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Puentes emblemáticos para cruzar a la otra orilla

Puente de Segovia

Felipe II estableció la capital de la corte en Madrid en el siglo XVI. Esto provocó que se pusieran en marcha una serie de mejoras en la ciudad para adecuar la villa como, por ejemplo, el Puente de Segovia. Este paso conectaba el antiguo Alcázar con el camino hacia El Escorial a través de la calle Segovia. Las obras del puente finalizaron en 1584 y las bromas sobre la monumentalidad de la obra para el modesto caudal del Manzanares no tardaron en aparecer. Lope de Vega o Góngora recogieron en sus versos estos chascarrillos del que se considera el puente más antiguo de Madrid. No obstante, la estructura que hoy existe es una reconstrucción del original, que fue volado durante la Guerra Civil por el gobierno de la República para evitar el acceso de los sublevados a la capital.

Puente Romano de Talamanca de Jarama

No es romano, ni salva un río, aunque, al menos, sí se encuentra en Talamanca de Jarama. El Puente Romano de Talamanca es de origen medieval, aunque quizá hubo antes otra estructura de época romana que desapareció o sirvió de base para reformular este puente. Sí se sabe con exactitud que en el siglo XVI se llevaron a cabo algunas mejoras en la estructura y que en el siglo XX fue restaurado. Como curiosidad, en su sillería de piedra caliza es posible encontrar numerosas marcas de cantero, símbolos que se tallaban en la piedra y podían significar desde conceptos técnicos hasta ideas abstractas o alegorías de protección.

En la actualidad este puente ya no cruza el Jarama como lo hizo en otros tiempos, ya que el río ha cambiado su curso con el paso de los años y ya no discurre entre sus cinco arcos.

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Viaducto de Segovia

Uno de los puentes más emblemáticos de la ciudad, por su ubicación y altura, es el viaducto de Segovia. Aunque existieron varios proyectos desde el siglo XVIII, hubo que esperar a 1874 para que se construyera la primera estructura que salvaba la vaguada de la calle Segovia y conectaba el Palacio Real con las Vistillas. Era metálica, con elementos en piedra y estuvo en pie hasta 1934. Antes, se convocó un concurso y la propuesta de Francisco Javier Ferrero, José Juan Aracil y Luis Aldaz fue seleccionada. De estilo racionalista, con detalles art déco, se construyó en hormigón armado pulido.

En los años 70 estuvo a punto de ser demolido debido a problemas estructurales. Finalmente se realizaron una serie de remodelaciones que han permitido que la estructura sea segura.

Puente de Toledo

Desde época medieval Madrid se conectó con el sur a través de una pasarela. Levantado en madera, después en ladrillo y, finalmente, en piedra, en el siglo XVII fue arrasado por una riada. Rápidamente comenzó la construcción de un nuevo puente, mucho más sólido que los anteriores. Las obras quedaron paralizadas hasta principios del siglo XVIII cuando Pedro de Ribera asumió el proyecto. El arquitecto, nacido en el barrio de Lavapiés y uno de los más importantes del barroco madrileño, ideó una nueva estructura con fuentes y dos templetes en el centro que albergan esculturas de San Isidro y Santa María de la Cabeza.

En los años 70 del siglo XX se desvió el tráfico de vehículos y en la actualidad el puente es totalmente peatonal.

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Puente del Congosto de Lozoya

Dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama se encuentra este puente de origen medieval, vinculado al camino histórico que conectaba las diferentes poblaciones del Valle del Lozoya antes, incluso, de que existiese el Monasterio de El Paular, por lo que su importancia como elemento comunicativo es muy significativa para Lozoya.

La estructura es muy sencilla y, a la vez, posee una interesante capacidad resolutiva. Se trata de un puente de dimensiones reducidas, con un solo ojo, cimentado directamente sobre la roca natural y construido con piedra sin labrar y mampostería. El lugar donde se levantó no es casualidad, es uno de los tramos donde la distancia entre las márgenes del Lozoya es menor. Se trata de un puente de gran altura, lo que significa que en la época ya se conocían las fuertes crecidas del río y las fluctuaciones de caudal, por lo que se quiso asegurar su estabilidad y durabilidad.

Puente de la Culebra

La zona de la Casa de Campo concentra numerosos puentes para salvar el Manzanares y los pequeños arroyos que discurren por la zona. Es el caso del arroyo Meaques, sobre el que cruza el Puente de la Culebra o Puente del Estrecho. Diseñado por Francisco Sabatini, autor de la Puerta de Alcalá o del Palacio Real, se construyó en 1782 y sus reducidas dimensiones impedían el paso de carruajes. El barroquismo de influencia italiana que se aprecia en sus formas ondulantes contrasta con la sobriedad de la estructura, construida en piedra de sillería y ladrillo.

Formaba parte de un conjunto, diseñado por Sabatini, de cinco puentes que salvaban el arroyo Meaques, de los que solo se conservan tres, por lo que se trata de un elemento excepcional por su significado histórico y por su calidad artística.

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Puente de la Reina de Aranjuez

El paso del río Tajo por Aranjuez dio lugar a la construcción de varios puentes, algunos de gran valor histórico, como el Puente de la Reina, mandado construir por Carlos III en 1774. El nuevo paso vino a sustituir uno anterior, llamando Puente de Alpajés, realizado en madera y que no soportó una nueva crecida del río. Desde el siglo XVI se habían levantado varias estructuras en el mismo lugar y ninguna aguantaba la fuerza del Tajo.  El nuevo puente era de piedra y ladrillo, con una resistencia mucho mayor a los anteriores y diseñado por el arquitecto francés Jaime Marquet, autor, entre otros, de la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol. Sin embargo, el puente tendría que resistir más que las crecidas del río. Durante la Guerra de la Independencia resultó muy dañado y tuvo que ser reparado. En 1847 se dieron por finalizadas las obras con el aspecto que ha llegado hasta nuestros días.

Puente de los franceses

Para comunicar la capital con el norte de España a mediados del siglo XIX se construyó una línea de ferrocarril que conectaba Madrid con Irún. Uno de los puntos clave de este tramo de la línea estaba en las inmediaciones de la actual estación de Príncipe Pío, ya que debía pasar por encima del Manzanares. El nuevo puente se construyó entre 1860 y 1862 y pronto se conoció como 'Puente de los Franceses' debido a que el proyecto fue desarrollado por unos ingenieros franceses.

Durante la Guerra Civil este lugar fue decisivo, ya que la línea de frente estaba cercana y tuvieron lugar numerosos combates, entre ellos el primero en el que entraron en acción las Brigadas Internacionales que acudieron para apoyar la defensa republicana. El Puente de los Franceses fue un enclave tan importante durante la Guerra, que incluso aparecía en coplas populares: "Puente de los Franceses, mamita mía, nadie te pasa, porque los milicianos qué bien te guardan".

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Puente de la Reina Victoria

Inaugurado el 13 de junio de 1909, en plena verbena de San Antonio, por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, este puente fue diseñado por el ingeniero Jose Eugenio Ribera, en colaboración con el arquitecto Julio Martínez-Zapata. De estilo modernista, es uno de los primeros puentes que se construyeron en España totalmente con hormigón armado. Esta construcción vino a sustituir uno de los llamados 'puentes verdes del Manzanares', una serie de puentes pintados de verde que se fueron perdiendo con el paso del tiempo. El puente verde que precedió al actual fue obra de Pedro de Ribera, autor del Puente de Toledo, y se construyó entre 1728 y 1732. Se sabe que el puente tenía una estructura de madera, once ojos y pilastras de granito y fue destrozado por una riada en 1906.

Puente de Arganda

Para salvar las aguas del Jarama, que separa los términos de Arganda del Rey y de Rivas Vaciamadrid, se construyó en el siglo XIX una pasarela de madera que terminó desplomándose por la poca solidez del material. Después, se construyó un puente colgante que dio muchos problemas y fue reconstruido en varias ocasiones. Finalmente, en 1910 se inauguró un nuevo puente metálico con diseño de Enrique Calleja.

Esta estructura desempeñó un importante papel en la evacuación de las obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil, ya que por aquí pasaron los camiones cargados con cuadros de Velázquez, Goya o Murillo. El puente fue uno de los principales objetivos de la Batalla del Jarama, ya que era un importante acceso a la capital. Durante la Batalla, Hemingway, que era corresponsal de guerra, quedó impresionado por la construcción y escribió sobre ella en "Por quién doblan las campanas".

Con la inauguración del nuevo y cercano puente de hormigón, en 1964, este quedó sin uso.

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