"Una gran superficie textil blanda y amorfa. Una escenografía donde aparecer y desaparecer dentro, debajo o detrás de ella. Unos meandros que crecen. Unas telas que nos permiten entrar en las entrañas de mundos subterráneos. Una segunda piel para sonar juntas como una serpiente cascabel. Unas piedras blandas para meter los brazos. Unos palos largos para agitar el viento. Un paisaje sonoro que despliega la propia sonoridad de aquello que tocamos. Un valle para crecer juntas y quizá, quién sabe, "levantar un pueblo". Se necesita un valle para acariciar un río". Esta es la carta de presentación de la artista María Jeréz de esta instalación que ocupará una zona del Espacio Abierto Quinta de los Molinos hasta el mes de junio.
‘Se necesita un valle para acariciar un río’ es la tercera de una serie de exposiciones creadas por la artista dedicadas a la infancia. La primera, ‘Se necesita un pueblo para levantar una montaña’, tuvo lugar dentro del programa Situ-akzioak, en Tabakalera (Donostia-San Sebastián) en 2024.La segunda, ‘Se necesita un pueblo para mover un desierto’, ocurrió en Matadero Madrid y es la predecesora directa de esta nueva instalación.
En esta ocasión María Jerez nos propone revisitar la idea de ‘playground’ y nos invita a entrar en un espacio de juego que como un paisaje se transforma mientras lo pisamos, lo elevamos, lo movemos, lo giramos, lo soplamos, lo acariciamos, y lo contemplamos. Un paisaje blando que también nos mira, nos modifica y nos deja entrar, estar, atravesar o desaparecer para volver a aparecer como valle. Un paisaje que nunca está solo; sólo en relación con otros es, muta, cambia, se altera.
