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Abre el bar donde todo Madrid quiere hacer el aperitivo: los huevos rotos causan furor en este nuevo templo del tapeo

Tras Caja de Cerillas, uno de los grandes fenómenos de las últimas temporadas, llega el hermano más informal, una taberna de quilates

Miguel Ángel Palomo
Gorka Elorrieta
Escrito por
Miguel Ángel Palomo
Colaborador:
Gorka Elorrieta
Caja de Huevos
MA Palomo | Tapeo en Caja de Huevos
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Año y pico después de abrir Caja de Cerillas, uno de los grandes fenómenos foodies de las últimas temporadas, los Valentí presentan a su hermano informal. Lo hacen en Chueca, en un local más amplio y social (sin reservas) al que subtitulan como Bar de Avituallamiento. Todo empieza con el aperitivo mejor seleccionado y acaba girando alrededor de los huevos, mezclados con patatas y otros ingredientes como platos (rotos) que transitan entre lo popular y lo lujoso. 

La apertura de Caja de Cerillas significó el regreso de Enrique Valentí a Madrid, su casa, tras años de hostelería en Barcelona. Entre otras cosas, allí demostró saber estirar los límites de la idea de bar. Por eso, este madrileño creador de conceptos vuelve a sacar jugo a una de sus devociones: el mismo aperitivo que practicó siempre en familia. A Caja de Huevos no le da tanta entidad como para llamarlo restaurante pero, sí, es más que un bar.

Enrique Valentí vuelve a sacar jugo a una de sus devociones: el mismo aperitivo que practicó siempre en familia

Luce su fachada recién pintada en la calle Pelayo, donde durante varias décadas estuvo un restaurante que deja sitio a tres espacios interiores diáfanos pero diferenciados. Una primera zona de espera que dará juego a modo de recibidor con una mesa central y barra en el perímetro. Tiene su propia carta más inmediata y sirve de filtro para dar paso a la zona de comedor, con mesas enfundadas en manteles de papel (pinzados cada uno por un huevo con caritas dibujadas en un inesperado toque de humor). Un par de vigas de madera franquean la continuidad del salón y dan paso a la cocina vista. Es el lugar de Carlos Valentí, hermano de Enrique, y también del expositor de patatas fritas, hechas en casa, como si fuera una churrería o incluso un cine con palomitas. Son las mismas patatas agrias recién hechas que valen tanto para picar con unos mejillones como para mezclar los huevos. 

Caja de Huevos
MA PalomoTapeo en Caja de Huevos

Se incide en lo informal cuando nada es casual. La reforma es pulcra y el comedor está bien puesto. Paredes robustas, pilares al aire, suelo de mosaico geométrico, maderas en moblaje e inox en las contrabarras funcionales de trabajo. Se gana espacio con los asientos al fondo. El techo alto se ha forrado con cajas de huevos a modo de discretos paneles de insonorización. Vermut y dobles de grifo (igual podéis rascar alguna caña), y a funcionar.

La carta, parte fría y parte caliente, sigue siendo corta. El arranque se carga de vinagre, como debe ser: los boquerones son generosos de tamaño, abiertos en filetes, y los mejillones, muy enteros y duritos, llevan un escabeche que hacen ellos. También “gominolas” de mojama de atún (15 euros), de media curación, casi más dulces que saladas. Hacen la misma ensaladilla de Caja de Cerillas, con lubina, judía verde, patata y huevo hilado (19 euros). Curioso que, entre las tostas, las bravas y el pescado frito, se cuele un San Jacobo (9 euros), con mucho relleno y muy fundente. Dejan el apartado de alacena para raciones de lacón de Móstoles (MRM), chicharrón aliñado, sobrasada Joselito o cecina de wagyu.

La horquilla de sus huevos rotos oscila entre los 18 y los 99 euros

Así se llega a la media docena de “platos rotos”, por aquello de seguir con los guiños a las combinaciones de huevos que cuentan con más variedad que en Caja de Cerillas, donde los de patatas y gambas causaron sensación. Aquí van de hacerlos con berenjena, tomate y albahaca, con chistorra, con jamón o con guanciale, queso pecorino y pimienta, de lo más picantitos, a llevarlos al extremo más sofisticado, con bogavante al ajillo o con 50 gramos de caviar imperial. Claro, la horquilla de estos huevos rotos oscila entre los 18 y los 99 euros. Son huevos rotos, de acuerdo, pero ¿por qué no? Pensemos en otros que se perpetran por ahí… Esta casa de comidas permite estas licencias, como la de enchufarse un champán.   

Caja de Huevos
MA PalomoPlato en Caja de Huevos

Otra media docena de platos invita a empezar o acabar. Una ensalada o, mejor, “las sobras” de una pizza (16 euros), en realidad un tartar de tomate con stracciatella y los bordes jugosos de la masa de pizza para mojar. También de Caja de Cerillas se traen los celebrados macarrones con chorizo (25 euros), a tope de gratinado. Está el rosbif de solomillo con salsa bearnesa (32 euros) o el steak tartar con huevo frito por sombrero (26 euros), otros aciertos con identidad. Aunque de este bloque señalamos la ventresca de atún con ajos y pimientos (24 euros). Un plato sencillo pero delicado, apenas tres elementos conectados por una suave salsa de ajillo.

Se bebe vino de una carta con buen juicio que progresa con poderío

Se bebe vino de una carta con buen juicio que progresa con poderío (Forjas del Salnés, Telmo Rodríguez, Dominio do Bibei, Suertes del Marqués, Guímaro, José Gil, Ponce o Viña Tondonia). Sin olvidarse de contadas referencias internacionales, sea Piamonte, Borgoña o Ródano. A los postres, dos fresquitos (igual se necesita) y dos más golosos. El Coronel (sorbete de limón bañado en vodka) desengrasa al igual que la piña, con cachaça y hierbabuena, tan atinada como vistosa. Si el hueco es infinito, las natillas quemadas y el mousse de chocolate con chantilly. Algo más que un bar sí que es. 

Caja de Huevos 
Pelayo, 35 (Chueca). 
Horario: Martes a Sábado 12:00-00:00. Domingo: 12:00-16:00

Caja de Huevos
MA PalomoPlato en Caja de Huevos

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