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A solo media hora de Madrid centro, en el municipio de Ciempozuelos, se esconde un paraíso natural que muy pocos madrileños conocen: la laguna de Soto-Gutiérrez, apodada ya la "pequeña Doñana madrileña". Un humedal situado dentro del Parque Regional del Sureste y protegido por la Red Natura 2000 que, tras décadas de abandono y sequía que lo dejaron al borde de la desaparición, está en plena fase de restauración.
El espacio nació de manera casi accidental: fue una antigua gravera que, con el tiempo, se transformó en un humedal de gran valor ecológico. Sin embargo, los últimos cuatro años fueron críticos: perdió el 98% de su capacidad para acoger fauna acuática y acumuló más de 24.000 m³ de vegetación muerta. Ahora, gracias a un ambicioso proyecto liderado por la Fundación Global Nature, Soto-Gutiérrez inicia una nueva vida.
Un oasis de biodiversidad
Los primeros resultados ya se dejan ver: aves acuáticas como aguiluchos laguneros, carriceros comunes, cigüeñuelas, fochas o cigüeñas han vuelto a encontrar aquí un hábitat en el que asentarse. Incluso se ha avistado el archibebe fino, una especie migratoria muy rara de ver en el interior de la península ibérica y que figura en la Lista Roja Europea de Aves 2021. Un pequeño milagro que confirma la importancia de la restauración.
El plan de recuperación contempla desbroces, movimientos de tierra y un sistema de compuertas que permitirá reinundar la laguna de forma controlada, creando islas naturales y garantizando la presencia de agua durante todo el año. Con una inversión inicial de casi 70.000 euros, el objetivo es devolver a este enclave su capacidad como refugio de biodiversidad y espacio educativo y científico.
Más allá de su valor ecológico, Soto-Gutiérrez es un ejemplo inspirador: demuestra que los ecosistemas degradados pueden revivir con esfuerzo y compromiso. Y lo hace en un momento clave, cuando los humedales del planeta —que albergan el 40% de las especies conocidas— siguen desapareciendo a un ritmo alarmante.

