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Cierra el restaurante cubano más legendario y querido, un icono íntimo de Madrid: últimos días para disfrutar su ropa vieja, su picadillo o el plato favorito de Alaska

Seis décadas y dos generaciones después baja la persiana (por jubilación) un emblema sentimental en las calles de Chueca

Gorka Elorrieta
Escrito por
Gorka Elorrieta
Editor de Gastronomía, Time Out Madrid
Zara
Zara | Inés y Pepe en Zara
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Es hora de despedirse de este pequeño, familiar y siempre bien atendido comedor ("vengo de una dinastía de anfitriones. Mis padres hicieron del acto de dar no sólo un acto de generosidad sino un acto amor. Consiguieron más que buenos clientes... buenos amigos") que tuvo alma de embajada cubana. Es hora de decir adiós con el estómago satisfecho. Hora de comerse con alegría la última ropa vieja y una ración de yuca frita en uno de sus emblemáticos manteles a cuadros rojos y blancos.

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ZaraComedor y un daiquiri en Zara

Fue una pareja, cubana ella y asturiano él, quien levantó la persiana del restaurante allá por 1964. Inés y Pepe, tras conocerse y enamorarse en La Habana, volaron de vuelta a España y cogieron un local en Chueca (Infantas, 5). Lo hicieron suyo en fondo y forma, en decoración y carta (sus menús del día eran famosos). Hace ya unos cuantos años el negocio pasó a manos de la siguiente generación, otra pareja, y luego sobrevino una mudanza; fue en 2014 pero no se fueron del barrio. La historia de aquellos propietarios (y de muchos viajes de ida y vuelta España-Cuba) se cuenta en la novela 'La maestra y el pintor' (Suma) que escribió Inés M. Llanos, su hija mayor, al frente junto a su marido de este personalísimo negocio y de su querida herencia durante esta última década.

Zara
ZaraPlato en Zara

Unas páginas que retratan fielmente cómo fueron aquellos primeros años de Zara. "Las obras de reforma se prolongaron más de lo previsto; surgían nuevas ideas y también llevó tiempo deshacerse de algunas cosas, como la máquina de pinball o la gramola, que ya no tenían cabida en el nuevo local. Muchos sencillos acabaron en casa, donde los escuchábamos hasta aprendérnoslos de memoria (...). Un artista cubano, amigo de la casa, les diseñó una bonita vidriera de tres cuerpos que representaba el valle de Viñales, un lugar hermoso de Cuba que está en la provincia de Pinar del Río. La colocaron en la pared más visible y fue enseguida lo más representativo de la decoración del restaurante: un paisaje de palmeras, montañas y cielo azul".
Así empezó este enorme restaurantito cubano que se ha ganado el aprecio de incontables clientes (Alaska y Mario Vaquerizo eran feligreses, tanto que hay un plato que lleva el nombre de la artista mexico-española) a lo largo de más de seis décadas de vida, una trayectoria que pondrá su punto final, por jubilación, este 17 de octubre en Barbieri, 8. Aún estáis a tiempo de ir a brindar con uno de sus daiquiris. 

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ZaraComedor de Zara

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