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El grupo Lamucca, con una popular cartera de locales en Madrid, esconde uno de sus proyectos más ambiciosos en el rooftop hotel del centro

Subir la cuesta de enero hasta esta azotea pegada a Gran Vía puede ser uno de vuestros propósitos para estas primeras semanas del año. Tenemos nuevo restaurante con grandes ventanales y vistas espléndidas en el centro de Madrid. Panorámicas desde una octava planta y mucho fuego, protagonista en sus elaboraciones, para entrar en calor. El proyecto tiene la firma Lamucca, uno de los sellos más exitosos en la restauración madrileña.
El Hotel Thompson Madrid (Plaza del Carmen s/n) sigue de estreno estos días. El proyecto gastronómico se inauguró en mitad de los fastos (pre)navideños pero ahí estábamos todos a panettones y roscones, liados entre luces, mercadillos y decenas de quedadas. Pero ahora ha llegado el tiempo de descubrir este nuevo restaurante. "Los ingredientes se seleccionan con el máximo cuidado, respetando su origen y su calidad. Todo nace de la granja: esa es nuestra piedra angular, la idea que guía cada plato", apunta Dani Álvarez, chef ejecutivo del grupo Lamucca, quien ha diseñado esta primera carta en compañía de Andy "El Flaco" Boman.
El mantra de esta cocina mediterránea, reconocible, gustosa en su sencillez es "volver al origen". Así que mandan en Makáá las brasas y el producto semidesnudo. Por sus parrillas pasan una coliflor, un rodaballo salvaje o una chuleta de garantía (se las compran a Txogitxu). A las piezas que vienen de lonjas y granjas se suman media docena de apetecibles guarniciones: tirabeques, remolachas, pimientos chocolate... Y todo empieza con un "welcome pack" que incluye un surtido de panes, paté de ave, paté aceitunas y mantequilla ahumada, que no falta ya en ningún restaurante con intención.
La diseñadora Patricia Bustos se ha encargado de dibujar una atmósfera cálida, que fluya con la filosofía culinaria, donde los materiales nobles, los guiños brutalistas y la acogedora paleta cromática. Todo busca el momento de calma, la comodidad del comensal, escapar desde que entras del bullicio que gobierna todo unos pisos más abajo. Y son varios los ambientes que se despliegan a lo largo del espacio: una pequeña barra en torno a la brasa, un bar sobre Madrid, rincones tranquilos junto a la piscina y dos zonas más privadas para veladas más íntimas. La luz que entra en cascada durante las comidas se transforma en un escenario sutil iluminado levemente en horario nocturno.
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