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Orgullo LGBTI 2019: cuestiones clave sobre las que debemos reflexionar con urgencia

Manifestación del Orgullo Gay

Puede que Mónica Naranjo, Mel C o la manifestación del sábado 6 de julio de Atocha a Colón acaparen buena parte de la actualidad informativa, pero estos días no solo son para bailar y pasarlo bien: el Orgullo también tiene que servir para reflexionar y conocer de primera mano otras realidades de la comunidad LGTBI. Ahí está la nueva edición de Madrid Summit, la Conferencia Internacional de Derechos Humanos que estos días reúne a 45 ponentes de 15 países.

El lunes 1 de julio en Casa de América, entre otras cuestiones, se habló alto y claro acerca de la homofobia y la transfobia reinante en muchos países de Centroamérica. Ahí estuvo por ejemplo Carlos Sanguino Fernández, responsable del trabajo sobre Educación, Diversidad Afectivo-Sexual y Menores en Amnistía Internacional España. “Nos encontramos con países como El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Honduras o Guatemala que no penalizan la homosexualidad como otros países de África o Asia y tienen hasta leyes garantistas, pero las leyes no lo son todo. La situación de violencia y discriminación en estos países es tan generalizada que repercute en la comunidad LGBTI. Uno de los problemas que tenemos es que cuando hay un asesinato en estos lugares de Centroamérica es muy complicado saber si han sido por motivos de odio. Todas estas personas en la vida real sí sufren situaciones de violencia y a nivel social, laboral e, incluso, familiar, viven una terrible discriminación”, destaca Fernández.

 

“Aunque hay quienes deciden marcharse a España por la facilidad del idioma, muchos optan por Estados Unidos. Por el camino, en lugares como México, como ocurre con la actual caravana de migrantes, se encuentran con la misma situación que en sus países de origen porque se reproducen estas mismas vulneraciones”, añade. ¿Qué podemos hacer nosotros? “Si algo hemos aprendido con los años en Amnistía es que mucha gente individual protestando por algo consigue cambiar las cosas. En países tremendamente cerrados como Irán, donde niegan que haya homosexuales, se ha conseguido que se aplacen penas de muerte y que miembros de la comunidad hayan sido liberados. Todo suma y lo más importante es salvar vidas”.  

Si en algo coinciden Fernández y Juan Carlos Arnáiz, Focal Point para Asuntos LGTBI de ACNUR en España y uno de los ponentes el viernes 5 de julio en la Sede del Parlamento Europeo, donde entre otras cuestiones se explicará la situación de los refugiados LGTBI, es que la sigla más castigada socialmente es la T: las y los transexuales. “Tienen unas necesidades específicas y mayores que las del resto de la comunidad. Sin ir más lejos, sería ya un gran avance que se dirigieran a estas personas por su nombre sentido ”, dice al respecto.

En 2014 España recibió unas 6.000 solicitudes; en 2018 la cifra aumentó hasta 55.000 y, en lo que llevamos de año, de enero hasta hoy, las solicitudes superan las 40.000. Estas son cifras generales que no especifican si las solicitudes son por motivos de conflicto armado u orientación sexual, “pero una de las indiscutibles categorías más importantes actualmente son los solicitantes LGTBI”, apostilla Arnáiz.

“Partiendo de la definición de la Convención de Ginebra de 1951 hay una serie de motivos por los que las personas podemos convertirnos en refugiados. Ha habido una evolución en la interpretación de esta Convención y hoy en día se acepta que la orientación sexual y la identidad de género son un motivo válido para que una persona sea reconocida como refugiada. Esto es así cuando una persona no puede vivir o expresar libremente su orientación o identidad sin que exista un riesgo para su vida o su libertad. No se necesita una ley penal: si hay una vulneración de los derechos o una grave discriminación y tu Estado no quiere o no puede protegerte tienes derecho de abandonar tu país y solicitar protección en otro. Cada vez hay más y más personas que huyen de sus lugares de origen porque no pueden vivir tal como son”, cuenta el Focal Point de ACNUR.

“Hay que tener en cuenta que las personas refugiadas LGTBI tienen necesidades de protección específicas y se enfrentarán a muchos retos, como por ejemplo la discriminación o situaciones aún peores en los países a los que llegan. De hecho, muchas veces tienen que esconder su orientación e identidad de género ante otros refugiados. Desde ACNUR tenemos que buscar fórmulas para identificarlos y crear espacios seguros y soluciones duraderas como el reasentamiento, ya que muchas veces no pueden regresar a su país, pero tampoco se pueden integrar y vivir libremente en el país al que han llegado. En España cada vez hay más sensibilización y soy optimista, pero el contexto es difícil porque el aumento de las solicitudes provoca muchos retos en el procedimiento y en el sistema de acogida. Dentro del colectivo de refugiados LGTBI muchos arrastran traumas y homofobia interiorizada, por lo que requieren un apoyo y una asistencia especial. No todos se ven reflejados en las siglas LGTBI porque son unas siglas muy occidentales”, analiza Arnáiz sobre esta realidad.

Junto a ellos, el jueves 4 de julio en la sede de la Secretaría de Estado de Igualdad se tratarán temas como el los otros Stonewall acontecidos en nuestro país, cómo crear espacios inclusivos en zonas rurales o el papel de los más jóvenes para revertir esta situación. Tres jornadas muy necesarias en las que tú también deberías participar.

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