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Tras el accidente de Urda, sube al teatro en Matadero Madrid aquella colisión de dos Boeing 747 en Tenerife, una pieza donde el humor aparece con una inteligencia y una delicadeza extraordinarias

Con una duración de menos de dos horas, disecciona la cadena de circunstancias que acabaría desembocando en la tragedia

Escrito por
Ka Penichet
Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José Padilla | Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
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Hay historias que una conoce desde pequeña, aunque nadie se haya sentado nunca a contárselas de principio a fin. Soy canaria y el accidente de Los Rodeos forma parte de esa memoria colectiva con la que hemos crecido varias generaciones. Una tragedia que ocurrió antes de que yo pudiera recordarla, pero que siempre ha estado ahí. Sabía lo que había pasado aquel 27 de marzo de 1977, conocía la terrible cifra de 583 fallecidos y, aun así, salí de la función con la sensación de haber descubierto una historia completamente distinta. Y con algo que jamás habría imaginado al entrar al teatro: me había reído muchísimo.

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

José Padilla ha conseguido algo bastante complicado. Ha encontrado una manera de acercarnos a una tragedia de semejante magnitud utilizando el humor con una inteligencia y una delicadeza que me parecieron extraordinarias. Y eso que el asunto se las trae. La colisión de dos Boeing 747 en una pista del aeropuerto de Tenerife podría haber dado lugar a un espectáculo solemne, cargado de explicaciones y testimonios dolorosos. Padilla elige otro camino. Nos invita a entender cómo ocurrió aquello y nos hace partícipes de una investigación que, por momentos, tiene el ritmo de un thriller.

La obra está atravesada por una pregunta que termina convirtiéndose en una obsesión: ¿de qué está hecho un accidente? Para responderla, Padilla disecciona lo ocurrido antes, durante y después de aquella colisión, buscando las pequeñas grietas que permitieron que sucediera algo aparentemente imposible. Y la primera circunstancia que alteró el destino de aquellos pasajeros ocurrió en otra isla. El atentado reivindicado por el M.P.A.I.A.C., el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario, liderado por Cubillo, dejó varios heridos tras la explosión de una bomba junto a una floristería del aeropuerto de Gran Canaria. La explosión y la amenaza de una segunda bomba provocaron el cierre temporal del aeropuerto y obligaron a desviar a Los Rodeos los dos vuelos, de KLM y Pan Am, que tenían previsto aterrizar allí. Fue el comienzo de una cadena de circunstancias que acabaría desembocando en la tragedia. Hay una voluntad casi científica de comprender el desastre, pero también una mirada profundamente humana sobre quienes se vieron atrapados en él. La tragedia deja de ser un acontecimiento aislado para mostrarnos todo lo que tuvo que suceder antes de llegar a aquel fatídico instante.

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

El ritmo de la obra es trepidante. Desde los primeros minutos te obliga a permanecer alerta, pendiente de lo que se dice, de las circunstancias que van apareciendo y de esos pequeños detalles que, en principio, parecen carecer de importancia. Lo curioso es que conocemos el desenlace y, sin embargo, una acaba removiéndose en la butaca, nerviosa, casi esperando que alguien haga algo para detener lo inevitable. Hay momentos en los que dan ganas de intervenir, de avisar a los personajes de que algo está saliendo terriblemente mal. Y ahí está buena parte del mérito de su escritura, en conseguir que una historia cuyo final sabemos de memoria mantenga intacta su capacidad de generar suspense.

El trabajo de Almudena Puyo, Carlota Gaviño, Kevin de la Rosa y Lucía Trentini merece una mención especial. Qué cuatro intérpretes. Sostienen una propuesta de enorme dificultad técnica con una naturalidad que impresiona. Cambian de personaje, modifican el registro y pasan de una situación disparatada a otra de tensión extrema con una precisión asombrosa. Hay algo coreográfico en ese trabajo colectivo, una coordinación de cuerpos y movimientos en la que se aprecia también la aportación de Paula Quintana, responsable del movimiento escénico. Todo parece suceder con una facilidad pasmosa, aunque detrás se adivinan muchísimas horas de ensayo. Y se agradece especialmente que ninguno busque sobresalir por encima del conjunto. Funcionan como un equipo perfectamente compenetrado, algo fundamental en una obra que necesita tanta coordinación para sostener su velocidad.

Take Off (Nada de esto tendría que haber ocurrido)
José PadillaTake Off (Nada de esto tendría que haber ocurrido)

También me gustó muchísimo la confianza que Padilla deposita en la imaginación del espectador. La escenografía de Edu Moreno es limpia, con los elementos justos, y permite que la palabra y los cuerpos construyan buena parte de lo que vemos. El espacio adquiere dimensiones distintas según lo que se está contando. La iluminación de Pau Fullana y el trabajo sonoro de Jose Pablo Polo acompañan esa transformación, mientras que las imágenes de vídeo aparecen con una contención muy acertada. Hay un respeto evidente por las víctimas en la manera de abordar visualmente el accidente. Y, sinceramente, creo que esa decisión hace que el espectáculo gane fuerza. "Con nosotros viaja el planeta", pronuncia Carlota Gaviño en varios momentos de la función. Y qué inquietante resulta escuchar una frase que encierra tanta confianza en el progreso y en la capacidad del ser humano de llegar a cualquier parte cuando sabemos lo que está a punto de ocurrir.

Pero vuelvo al humor porque me parece uno de sus mayores hallazgos. Hay momentos francamente divertidos, incluso disparatados, y el público agradece poder reírse. Lo extraordinario es cómo esa risa termina preparándonos para recibir los golpes emocionales que llegan después. Padilla mide muy bien los tiempos. Sabe cuándo permitir que nos relajemos y cuándo dejarnos frente a la dimensión humana de lo ocurrido. Entonces aparece ese pellizco inesperado, una frase o una historia que te toca directamente y te obliga a recolocar todo lo anterior. Y duele. Vaya si duele. Pero llega después de habernos permitido habitar la historia desde un lugar mucho más cercano.

Hay momentos francamente divertidos, incluso disparatados, y el público agradece poder reírse

Quizá hayan tenido que pasar casi cincuenta años para que podamos acercarnos a lo sucedido en Los Rodeos de esta manera. El tiempo no borra el dolor, pero permite tomar una distancia desde la que observar las tragedias con otros ojos, encontrar preguntas nuevas e incluso hacerles un hueco al humor. Y eso es precisamente lo que consigue Padilla, que podamos reírnos durante una función que habla de 583 personas fallecidas sin sentir que estamos faltando a su memoria. Al contrario, hay algo muy honesto en esa forma de recuperar sus historias sin convertir el sufrimiento en el único lugar desde el que recordarlas.

La conocida teoría del queso suizo, que explica cómo la coincidencia de pequeños fallos puede desencadenar un accidente, sirve de hilo conductor a esta dramaturgia y organiza sus distintas capas. Y me resulta especialmente interesante porque trasciende lo sucedido en Los Rodeos. Es imposible escuchar cómo se van acumulando decisiones equivocadas, prisas y malentendidos sin pensar en nuestra propia manera de funcionar como sociedad. En esas pequeñas cosas que vamos dejando pasar hasta que sus consecuencias resultan difíciles de reparar.

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

Si tuviera que señalar algún aspecto susceptible de ajuste, estaría en determinados momentos del tratamiento sonoro de las voces. El elenco actúa microfonado y, en algunas intervenciones de mayor intensidad, el sonido alcanza un volumen que resulta algo estridente y hace que se pierdan ciertos matices del trabajo interpretativo. Es una cuestión de equilibrio que probablemente encuentre su medida con el rodaje del espectáculo. Y precisamente porque la propuesta está tan cuidada en el resto de sus elementos, apetece que la palabra, que aquí tiene tanta importancia, pueda escucharse siempre con toda su riqueza.

Y hay una circunstancia que hizo especialmente conmovedora mi experiencia. 'Take Off' lleva cerca de dos años de preparación y resulta estremecedor pensar que, durante todo ese tiempo, nadie podía imaginar que su llegada a Madrid coincidiría con el dolor provocado por el reciente accidente ferroviario de Toledo. Apenas una semana separa aquella tragedia de este estreno. Una de esas coincidencias que parecen empeñadas en recordarnos hasta qué punto el azar sigue interviniendo en nuestras vidas. Con lo ocurrido todavía tan presente, sentarme en una butaca para asistir a una obra sobre otro desastre me producía cierta inquietud. Quizá por eso agradecí tanto poder reírme. Necesitaba esa risa. Me emocionó descubrir que era posible acercarse a un episodio tan doloroso sin permanecer instalada durante toda la función en la tristeza. El teatro tiene también esa capacidad de ofrecernos un pequeño respiro para afrontar lo que nos cuesta mirar.

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

Pensaba al salir en la paradoja que encierra este montaje. Mientras Padilla nos explica cómo una serie de fallos que jamás deberían haber coincidido terminaron provocando una catástrofe, sobre el escenario sucede exactamente lo contrario. Las distintas capas de la creación teatral se alinean para que todo funcione. El texto encuentra su lugar en los intérpretes, la dirección acompaña con precisión y los recursos escénicos están al servicio de una historia que merece ser contada.

'Take Off' nos recuerda que detrás de las grandes tragedias hay decisiones humanas, vidas interrumpidas y aprendizajes que llegan demasiado tarde. También nos enfrenta a una idea incómoda, por mucho que nos empeñemos en tenerlo todo previsto, siempre habrá algo que escape a nuestro control. Quizá por eso resulta tan reconfortante encontrar una función en la que tantas decisiones artísticas parecen haber dado en el lugar exacto.

Al acabar, me quedé pensando en todas aquellas personas que aquel 27 de marzo de 1977 comenzaron el día sin imaginar que sería el último. Y también en lo extraordinario que resulta que, casi medio siglo después, cuatro intérpretes y un escenario prácticamente desnudo consigan que volvamos a escuchar sus historias, que nos preocupemos por ellas y que, contra todo pronóstico, encontremos espacio para la risa.

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

Cómo conseguir entradas para 'Take Off (Nada de esto tendría que haber ocurrido)'

Con una duración de 1 hora y 40 minutos, 'Take Off (Nada de esto tendría que haber ocurrido)' se puede disfrutar en la Nave 10 Matadero hasta el 15 de noviembre. De martes a domingo, a las 19.30 h, las entradas generales para la obra se pueden conseguir por un precio que ronda entre los 15,75 y 21 euros. 

Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)
José PadillaTake off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido)

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