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Gildas, una lata de mejillones, una ensaladilla... cocina fría pero resultona para acompañar cervezas y vinos después de disfrutar de un concierto de música clásica al aire libre. Ese es el plan, llamémosle ahora tardeo para una cita, que lleva ya varios veranos apareciendo como por sorpresa en un campo de olivos centenarios en la zona norte de Madrid. Una experiencia acotada a no más de un centenar de personas. Un lujo silencioso para disfrutar de un atardecer distinto en una ciudad desértica, más aún en este barrio bien de la capital.
Aún quedan algunas jornadas pero ya está llegando a su fin la programación de conciertos y cena improvisada y apetecible que otra temporada más surge en el distrito de Chamartín, en ese bucólico lugar que es el Olivar de Castillejo (Menéndez Pidal, 3). Abren las puertas a las 19.00 h. y las entradas se compran a través de su página web. Esta es la única manera de acceder a este recinto tan especial (donde no está permitido fumar ni asistir en compañía de mascotas).
La música seguirá sonando en la intimidad de este rincón hasta el próximo 29 de agosto, cada semana de miércoles a sábado (sólo se suspende a causa de la lluvia). Al escenario se suben sopranos, pianistas, violinistas, dúos, cuartetos... con los sonidos de cámara más diversos. A un precio de 23 euros, todo arranca a las 20:00 y, tras los conciertos, un ramillete de mesas se distribuyen aquí y allá bajo los árboles y la tenue iluminación de las bombillas para cerrar esta velada de desconexión entre conversaciones y platillos.

