1. Calle del Codo


Pasar por este callejón en el que apenas llega la luz nos teletransporta, inevitablemente, al Madrid del Siglo de Oro. La calle del Codo, bautizada así por el Marqués de Grabal debido a su caprichosa forma con ángulo de 90 grados, une dos de las plazas más pintorescas del centro: la del Conde de Miranda y la de la Villa. Se dice que era escenario habitual de duelos, pero también que era el escenario favorito de Francisco Quevedo para orinar cuando volvía de visitar las castizas tabernas de alrededor.



















