De las intrigas palaciegas al Tiny Desk de C. Tangana: historia de la sobremesa en Madrid

Si estos comensales hubieran tenido que dejar su mesa en hora y media, nos faltarían momentos icónicos de nuestra historia popular; por eso, ha llegado el momento de reivindicar y quedarse sentado en la mesa: ¡menos turnos y más comidas que se alargan!
Lhardy, sin duda uno de los lugares más emblemáticos de la sobremesa en Madrid
Lhardy, sin duda uno de los lugares más emblemáticos de la sobremesa en Madrid
Time Out en colaboración con Ruavieja
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Que en las sobremesas se decide el rumbo del mundo es un hecho. Al menos, en Madrid. Y no, no es una exageración. De esas sobremesas han nacido gobiernos y se han derrocado otros, artistas que hoy son considerados genios encontraron la inspiración, surgieron instituciones culturales y acogieron fiestas cuyas imágenes actualmente son un icono de nuestra memoria colectiva.

Para que la sobremesa no se pierda, nos hemos puesto las pilas y, de la mano de Ruavieja, nos hemos aliado con un buen puñado de restaurantes en Madrid donde podrás hacerte fuerte en ese momento impreciso que sucede después de los postres. Nada de lugares donde se promueva esa moda de comer de pie, caminando por la calle; o, peor áun, donde las reservas tengan hora de fin. Como un toque de queda que, amenazante ante su proximidad, impide relajarse del todo y que los momentos para el recuerdo fluyan tranquilamente.

No tengas prisa por irte

Ruavieja y Time Out Madrid hemos seleccionado locales icónicos de la ciudad donde la sobremesa es sagrada. En ellos podréis disfrutar de un menú que incluirá sus platos míticos y después alargar la sobremesa todo lo que os pida el cuerpo. El brindis, por supuesto, con Ruavieja. Queremos que, a futuro, cuando pienses en la última quedada con tus amigos tengas anécdotas nuevas que recordar y que contar, que estiréis las comidas o las cenas todo lo que os pida el cuerpo y no interrumpáis vuestra quedada porque la reserva de la mesa era solo para hora y media.

Lo hacemos porque sabemos que en las sobremesas de Madrid es donde todo pasa y que, si a sus protagonistas les hubieran pedido dejar sus mesas, por poder, podría haber hasta cambiado el curso de la historia. Y no, no es una exageración.

Una breve introducción a la sobremesa en Madrid

Si Ruavieja está decidida a proteger la sobremesa madrileña es porque sabe que forma parte de nuestra identidad, que existe desde que tenemos memoria histórica gastronómica. Es algo que ya practicaban monarcas, nobles y burguesía. Se dice se comenta, que Isabel II organizaba banquetes pantagruélicos en el Palacio de Oriente y que, tras ellos, se tomaban más decisiones que en el propio Consejo de Ministros; o que Alfonso XIII disfrutaba especialmente de las charlas con escritores y artistas a los que previamente había invitado a comer. Y es algo que se estilaba también en las clases populares, cuando el trabajo daba un respiro. Vamos, que podemos decir que la sobremesa tiene poder democrático. No solo porque de ellas naciera buena parte de nuestra democracia (de eso hablaremos luego), sino porque gustan por igual sin importar la clase social y lo mismo disfrutaban de una en el Palacio de Liria que en la mesa de los Alcántara, en San Genaro (sí, en la ficción también han estado presentes). Y claro, siendo así, las anécdotas e historias se acumulan. 

Todo pasaba por las sobremesas de la Puerta del Sol

Lleva operativo en la Carrera de San Jerónimo desde 1839 y podemos decir que las paredes del restaurante Lhardy han sido muchas veces las primeras en enterarse de lo que iba a pasar en España. Han visto y oído tantas cosas que el restaurante tiene su propio anecdotario. En él nos hablan de frivolidades como las escapadas de Isabel II con sus damas de servicio o las de Alfonso XII para encontrarse con amigos en sus salones. En sus sobremesas, también se conspiraba. Especialmente, en las del Salón Japonés. Allí, se reunía Primo de Rivera con sus ministros durante la Dictadura y allí también se decidió que Niceto Alcalá Zamora sería el presidente de la República. No muy lejos de Lhardy, en la calle Tetuán, son famosas las croquetas de bacalao que preparan en Casa Labra. Lo que todavía hay a quien se le escapa es que en esta taberna se fundó “en una clandestina comida de fraternidad” el Partido Socialista Obrero Español el 2 de mayo de 1879.

El camino a la democracia se trazó en una sobremesa

Lo de que el curso de nuestra historia más de una vez se ha decidido en una sobremesa ya ha quedado comprobado. Y es que, en torno a una mesa y con el estómago ya lleno todo se habla mejor. Es lo que algunos han llamado gastronomía política y uno de los ejemplos más determinantes de los últimos tiempos fueron los conocidos como "Pactos del mantel". Durante la Transición fueron habituales las reuniones de representantes de los distintos grupos políticos en diferentes restaurantes de Madrid. Uno de los más frecuentados fue el José Luis. Durante esas comidas o cenas y sus sobremesas posteriores se consiguió llegar a acuerdos que desembocarían en los Pactos de la Moncloa y allanarían el camino hacia la Constitución. En ellos participaron figuras como Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga o Santiago Carrillo para debatir sobre temas como la Iglesia, la pena de muerte o el aborto.

Las tertulias antes eran de café

Puede que ahora la palabra tertuliano ande algo denostada, pero hubo un tiempo hacia finales del siglo XIX y hasta que estalló la Guerra Civil, cuando Madrid comenzó a atraer a gentes de todo el país y se convirtió en punto de encuentro de filósofos, pensadores, políticos y artistas, que las tertulias eran el 'place-to-be' donde ver y ser visto. Especialmente famosas fueron las literarias y culturales. Debatían Baroja, Pérez Galdós o Valle-Inclán en el ya desaparecido Gran Café Gijón. Por el del Prado se dejaban caer Lorca y Buñuel. Maruja Mallo y María Zambrano eran asiduas del Café Granja El Henar o del Regina. Una ciudad en efervescencia cultural e intelectual que se retroalimentaba en tertulias y encuentros, muchas veces de sobremesa, que acogían los cafés del momento: Café Lion, Café Pombo, Gato Negro, El Comercial, la Fontana de Oro, Café Suizo… ¿Vas entendiendo por qué Ruavieja quiere proteger la sobremesa madrileña?

O de taberna y restaurante

Y si la tertulias en los cafés gustaban, tampoco se quedaban atrás los encuentros que sucedían en tabernas y restaurantes después de cada comida. Se sabe que la Taberna de Antonio Sánchez gustaba especialmente a los miembros de la atormentada Generación del 98. En Casa Botín, el restaurante más antiguo del mundo, también debieron sentirse a gusto comensales como Ernest Hemingway, María Dueñas o Arturo Barea que, fruto de las horas que pasaron allí, decidieron incluirlo después en sus obras. Y en Casa Alberto, que abre sus puertas desde 1827 en el edificio donde vivió Cervantes, eran frecuentes las tertulias de aficionados taurinos y dramaturgos de los teatros cercanos.

La última reunión de la Generación del 27

Si hay un restaurante que la Generación del 27 frecuentara asiduamente ese es Los Galayos. Situado en la Plaza Mayor, este establecimiento acogió muchos de sus encuentros y conversaciones en torno a una mesa, aunque si hay uno para el recuerdo esa es la que tuvo lugar el 29 de abril de 1936. Ese día se produjo la última reunión de este grupo antes de que estallara la Guerra Civil. ¿El motivo? Homenajear a Luis Cernuda, que acababa de publicar su libro La realidad y el deseo. Acudieron a la celebración Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca, María Teresa León, Concha Méndez… que tuvo lugar, por supuesto, alrededor de una mesa.

La Academia de Cine nació de una sobremesa

Que cada año se celebren los premios Goya para reconocer lo mejor del cine español tiene su origen también en una sobremesa. Como si de un efecto mariposa se tratara, que el 12 de noviembre de 1985 el productor Alfredo Matas convocara en el restaurante O'Pazo a profesionales de la cinematografía de nuestro país desembocó en que en 2026 se cumplan 40 años de estos galardones. Entre medias, se desarrolló una comida, con su posterior sobremesa, en la que participaron directores, como Luis García Berlanga y Carlos Saura; actores, como José Sacristán y Charo López; directores de producción como, Tedy Villalba y Marisol Carnicerto… El resultado fue el nacimiento de la semillita que posteriormente sería la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Sobremesas de la socialité

Entre tanta negociación política, intriga palaciega, discusión cultural y nacimiento de instituciones, las sobremesas en Madrid también han sido el origen de celebraciones épicas. Si hay una que refleja a la perfección la idea de compartir con familia y amigos, de celebrar y de no mirar el reloj porque lo que importa es ese momento, es la sobremesa que vivieron los asistentes al bautizo de Antonio Flores. Eran los años 60 y tras la ceremonia religiosa, todos los invitados de Lola Flores y Antonio González El Pescaílla, entre los que se encontraban Ava Gardner, la Duquesa de Alba, Carmen Sevilla o Marisol, se desplazaron al restaurante La Pérgola en la carretera de A Coruña. Y sí, lo de esa sobremesa es para el recuerdo o para que, si tienes curiosidad, le eches un vistazo al episodio cuatro de la serie Arde Madrid.

La sobremesa en la que todos habríamos querido estar

Si nos preguntan por una sobremesa famosa y hacemos memoria, probablemente, la primera que se nos viene a la cabeza es la que montó C. Tangana para participar en el Tiny Desk de NPR Music. Los Tiny Desk son pequeños conciertos en un formato más íntimo y, para la ocasión, Antón Álvarez se rodeó de artistas como Antonio Carmona, La Húngara, Kiko Veneno, Alizzz o El Niño de Elche a los que invitó a sentarse alrededor de una mesa, de esas que gustan porque con su estética algo desordenada son la prueba de que allí se ha comido bien, para cantar. Al más puro estilo de la imagen que todos tenemos en mente de cómo deben ser las sobremesas de esa gente que destila arte. No tuvo lugar en ningún restaurante, se escogió como escenario la Casa Carvajal, en Pozuelo de Alarcón. A pesar de ello, es la sobremesa en la que cualquiera de nosotros hubiéramos querido estar.

Bueno, en esta y, probablemente, en todas las demás que hemos mencionado. Fueron lugares para el encuentro, el entendimiento y el compartir. Lugares en los que, como se espera de una buena sobremesa, de esas que Ruavieja quiere contribuir a que no se pierdan, no entró la prisa ni se pidió dejar libre una mesa porque llegaba el siguiente turno.

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