1. Bar Cóctel
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Reseña

Bar Cóctel

4 de 5 estrellas
  • Restaurantes
  • Avenida de América
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

El mismo espíritu que envuelve a la coctelería Marrufo en la calle Noviciado se cuela en este barecito de Prosperidad. Un rincón por y para el barrio reencarnado como Bar Cóctel, nombre de una simpleza arrebatadora. Lejos de ser ocurrencia comercial, es como se venía llamando desde 1982; no era sino un bar de botellines y dardos. Hasta que el mexicano Carlos Marrufo, su mujer Montse Homs y Natalia Martín, con ellos desde siempre, decidieron entrar para alargar su vida con naturalidad y respeto.

Además del nombre, quedan los taburetes, la barra y un cuadro de Antonio Saura. Serafín, el antiguo propietario, a lo mejor se asoma por la ventana dando un paseo. El lugar es el mismo con una renovación que captura la esencia anterior. El diseñador Eduardo Jiwnani (Luz Roja) se ha encargado del letrero (seducirá a los amantes de lo retro), de las servilletas y de los posavasos. Los sillones se han retapizado, las sillas vintage son de una tienda afectada por la DANA, la lámpara roja recuerda a la de Marrufo, los monstruos de las ilustraciones son los que le gustan a Carlos. Y la música es la de sus vinilos: latin jazz, exotica, cumbia… Había que aprovechar la licencia para escuchar bien a Thee Sacred Souls o a Cal Tjader.

Montse, entusiasta: "La gente dice: '¡hay flores y vinilos! En Prosperidad, ¿esto qué es?'". En pocas semanas ya tienen clientes fijos, muchos son vecinos. Entran familias, niños y abuelas pidiendo porras que no tienen (por ahora). "Estamos gratamente sorprendidos", cuenta Carlos. "Esperaba un proceso y vendemos ya cantidad de cócteles Naked & Famous. Queríamos desmarcarnos del mezcal para que la identidad fuera más el vermut y el vino de Jerez. Pero nos persigue, la gente viene a por margaritas y micheladas". Madrid está mexicanizado.

La carta, aunque provisional, es una declaración de amor a los bares de siempre. "La idea es el típico bar de toda la vida, que puedas desayunar por la mañana y tomar una copa por la noche. La diferencia es que no hay menú del día". Como muestran los posavasos, caras a y b: cafetería de mañana, coctelería de noche. Los sábados no paran y se nota la transición del primer vermut (el madrileño Dabuti, fresco y con un ingrediente insólito: mango deshidratado) al último trago del día. Entre semana cierran a las 15:30 hasta las 18 h, que es cuando el equipo saca más la coctelera. No obstante, salen del paso con dry martinis y bloody marys de mediodía.

"Hay gente que nos pregunta si somos un restaurante. No, somos un bar". Que saca cositas para picar. Tiran cañas (¡albricias!) y sirven café también en vaso, aunque sea delicioso y de especialidad (su dealer es Nica, en el barrio). El descafeinado está igual de rico; en polvo solo el Cola-Cao; el matcha y el chai, para los anti café. Y hacen un cold brew (3 €) que ya preparaban en Marrufo para su espresso martini. Mezcla de ayer y de hoy, igual que su clientela, con precios para todos. "Queremos que sea accesible a todo el mundo, no queremos algo muy moderno ni gentrificar Prosperidad".

No habrá entonces tostada de aguacate. Prefieren la de jamón con tomate y el cruasán mixto a la plancha. O con mermelada casera hecha por la madre de Natalia, que tiene mano. Suya es la receta de la ensaladilla Tana (8 €), que así se llama ella: patata, zanahoria y huevo, todo rallado y con la piparra encima. Las gildas de anchoa y boquerón las traen del País Vasco. Con el sándwich de queso con sobrasada (8 €), y miel aparte, ya casi comes. Con los tacos de carrillera (9 €) meten guiso español en un bocado mexicano, junto a una salsa ardiente de habanero tatemado. Siguen la tradición de pincho de tortilla (4,5 €), esta vez de la mano de Monalisa (esa cebolla caramelizada), para no liarla en cocina.

De vinos, huyen de los naturales y se quedan con un tinto, el tempranillo crianza Apóstata (fuera de Ribera del Duero), un verdejo como Comenge, y el capricho de un naranja como Carchelo, 100% airén de Jumilla, que está gustando. Sí se empeñan en los vinos generosos (de Lustau) para que dejen de ser cosa de señores mayores y bartenders. Lo aplican en el Generoso Sour (11 €), uno de los cuatro cócteles de la casa, servido en un curioso vaso animal print. El bartender Antonio Naranjo les cede el concepto mientras ellos modifican la fórmula: en lugar de whisky utilizan brandy y en lugar de oporto, pues PX, además del palo cortado y el amontillado. Natalia añade sirope de avellana, que equilibra la acidez. La manzanilla la dejan para el Rebujito Spritz (9 €), cóctel ganador cara al verano, con licor de limón, y para el Piparrini (11 €), versión lograda de un dirty martini con vinagre de piparra. El León Island Ice Tea (12 €) hace un guiño al kalimotxo de su amigo Txitxo (Kitchen 154). Otros cuatro cócteles sin alcohol, incluido un bloody virginal con salsa secreta, facilitan la convivencia entre todos los públicos que se citan en esta nueva Prospe.

Detalles

Dirección
Canillas, 6
Madrid
28002
Transporte
Avenida de América (M: L4-L7-L9)
Horas de apertura
De mar. a jue. de 9 a 15:30 h y de 18 a 1 h; viernes de 9 a 15:30 h y de 18 a 2 h; sábados de 10 a 2 h; domingos de 10 a 15:30 h
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