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Reseña
La aventura desobediente y creativa que en 2024 unió en el mismo proyecto y ciudad a los hermanos Kéril y Yerai Gómez (originarios de Elche) crece con este segundo local, para el que han elegido una ubicación más al norte de la capital (el primero se encuentra en Chamberí). Y es que en este caso DUM DUM se encuentra próximo al parque de Perón, a la calle Orense y a tan solo un pequeño paseo del Bernabéu, en el lado contrario de la Castellana. Misma carta, misma estética, misma coherencia sosteniendo una propuesta original como pocas y que se enmarca en una relación calidad precio como se encuentran pocas en Madrid.
Como su primer establecimiento, el diseño y el interiorismo acompañan un concepto pensado para una rotación alta (solucionas la comida o la cena en cosa de una hora). Esta vez, el espacio es más grande y mucho más luminoso, gracias al amplio ventanal que conecta con la calle Infanta Mercedes. Diseñado por Nota Estudio, se rige por el mismo lenguaje estético de la marca, en una combinación de elementos urbanos, industriales y minimalistas, con el color verde como protagonista en el gresite que reviste la barra, también más amplia que en su primer restaurante. Al fondo del local la cocina abierta crece en tamaño, enfocada no solo al servicio in situ, sino a potenciar el delivery.
En la sala, otra zona de barras altas, entre ellas una que mira directa al exterior y mesas rojas y bajas, sin mantel. Para sentarse, taburetes y bancos corridos pegados a la pared, integrados en la misma. En ellas comen una, dos, tres, cuatro personas… y hasta alguna más (seis u ocho) si se llega en un momento en el que sea posible juntar mesas y hacer grupo.
Una de las marcas de la casa es que en DUM DUM no hay reservas, por lo que puede lo que tengas que esperar dependerá del momento del turno en el que llegues. Dada la rapidez del ritmo de este servicio, incluso si te toca ser paciente, probablemente no sea por mucho tiempo.
La carta, disponible a través de un QR y que incluye recomendaciones de cantidad para pedir en función del número de comensales y el hambre con el que lleguen, despliega un universo de fantasía culinaria que llega a la mesa en vaporera, se come con palillos y en lo que serían, como mucho, un par de bocados.
Hasta ahora existía un único entrante para compartir, su beicondilla, una ensaladilla con bacon, a la que (nos chivan) se sumarán novedades. Después se despliega la familia de dumplings de DUM DUM, que se renueva con un nuevo integrante cada mes, aunque algunas de sus recetas son fijas y siempre hay, al menos, dos opciones vegetarianas.
Sus recetas, cero canónicas, están pensadas para desbloquear frenos culturales, idea de la que parte toda la propuesta comestible, que nació queriendo evitar esas barreras. Es un formato asiático, que seguramente el comensal conoce, pero absolutamente sorprendente por las mezclas y referencias que conviven en su carta. Imprescindible su GAMBA K-POP, número uno y rey de la carta. Divertidas su carbonara, la opción de cheese burger o su “pepito de ternera”, todas ellas vestidas de dumpling para romper los esquemas. Para repetir su Honey Pumpkin, que cambiará con la temporada, acompañado de queso gorgonzola y pipas de calabaza (quien escribe saliva pensando en este bocado) y, para quien disfrute del picante, imperdible su Sweet Chilli Pork. De postre, uno de sus mochis, que también “desobeceden”: son de tarta de queso, de petit suise, de turrón…
Además de comida rica, elaborada con calidad a precios razonables en un servicio eficiente y que cumple timings, la experiencia DUM DUM refleja un cuidado por el detalle: en la atención al cliente, a quien se da la bienvenida y se explica el concepto, en el vaso helado que llega para acompañar la bebida y en una estrategia de marketing que ha sabido crear un lenguaje propio, totalmente alineado con su espacio y su oferta gastronómica.
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