La Prospe está en uno de sus buenos momentos. El barrio, que es enorme, empieza a incorporar nuevos negocios de hostelería que refrescan la oferta sin que se pierda del todo la vida de siempre. Por eso, la taquería Indomable ha encajado tan bien. Brazos abiertos nada más inaugurar en septiembre de este año en la calle Nieremberg. Con su local de café de especialidad y bakery al lado; claro, que no se diga.
Los vecinos no han podido ser más hospitalarios y la respuesta de la gente ha sido inmediata. “Estamos reventando, no esperaba que fuera así, quería tres gatos al principio e ir puliendo cositas”. Nos lo cuenta Nathalia Ordóñez, una joven colombiana simpatiquísima que, junto a su pareja Silvia Díaz, igual de sonriente, acomete su primera apertura. Silvia como inversora y Nathalia también como cocinera. Empezó a estudiar diseño industrial pero lo cambió por el CIA (Culinary Institute of America) de Nueva York. Ya tenía un ídolo: “Fui a la escuela pensando que iba a ser la próxima Anthony Bourdain, tengo un cartel en mi casa que pone: ¿Cómo ser Anthony Bourdain?”. Hasta abrió su propio canal de youtube, “que no veía nadie”.
Pasó ya en España por varios empleos hasta que terminó de diseñar su taquería de barrio, sabrosa y multicultural. El espacio, sin ser enorme, tiene amplitud y luce acabados de remate moderno: ladrillo visto repintado de blanco, barra de chapa, pilares desnudos y techo de malla metálica. Apetecible para estar el tiempo justo —los turnos dan lo que dan— tanto en mesas bajas, pequeñas y más grandes para amigos, como altas con taburetes. Porque Indomable es perfecto para quedar con tu gente, que seguramente lleve gorra y barba, o lo mismo se trae a los niños y a los perretes. Un lugar amigable, con un equipo en alianza con la Fundación Raíces.
Con la gilda parecen no querer renunciar a la tradición de Prosperidad, barrio vermutero por antonomasia. La enlazan de primeras con una ostra aliñada (manzana verde, pepino y wasabi) y unos boquerones de Santoña (8,5 €), que los puso para aligerar peso en cocina y se piden menos, si bien quien lo hace no falla: son seis lomitos carnosos para compartir, con aceite de eneldo como toque nórdico y sal de pimentón ahumada tras probar muchos aliños que restaban sabor al boquerón.
Otra alusión castiza y ganadora es la de sus torreznos Paquita Salas (8 €). Finos, de corteza crujiente, nada grasientos dentro de que Nathalia se pone muy exigente con esto. Con el aguachile de gambas (18 €) ya comienza el viaje más puramente latino, como con el guacamole de la casa (12 €), muy suave, fresco y untuoso. Lleva piña por encima, que aporta punch ácido, y dentro está cocinada con aceite de oliva para dar melosidad al conjunto. Los totopos de maíz son de Las luchas MX, una garantía.
Como la de las tortillas de los tacos (12 €, 3 unidades), pequeños y muy cargados de mercancía. Para nosotros, por orden de intensidad sería empezar por los de Res, con queso fundido y salsa de mango, un básico que desaparece en dos bocados; seguir por los de Pollo al Mole, con dukkah y crema, que suben la apuesta de sabor; y acabar con el taco de Carnitas, con escabeche y falso guacamole, que se lleva el premio por original, punzante y picoso. En cuanto cambien la salida de humos (pagaron la inocentada de muchos traspasos), Nathalia promete hacer el taco al pastor que tenía en mente y otro de cordero “muy chévere”.
Es Indomable lugar de postre único. No podía ser otro que el tres leches, aunque en nuestra visita se acabó el merengue, con lo que incluir alguna opción más solucionaría este vacío existencial. Menos mal que, más allá de los vinos —lista sencilla por copas y botellas de blancos y tintos de aquí, más el prosecco Fiol— y las cervezas nacionales y mexicanas de rigor, Nathalia ha puesto mucho cariño en los cócteles (6-10 €). Desde una Michelada al Moscow Mule. La Margarita Frozen hace un apaño si necesitamos apagar el fuego del paladar. El Bloody Mary ya es otra cosa, con un mix listo de miso y jerez antes de acabarlo con la lima y el vodka. Y el Negroni sorprende por un desarrollo impropio de una taquería: infusiona el Campari con fresas durante 24 horas, añade después ginebra y vermut Rivera para pasarlo todo por un fat wash de aceite de coco con el que redondea la textura. Alguna errata que se escapa en la carta es cosa de la propia Nathalia. “¡Por eso no puedo ser Anthony Bourdain!”. No se lo tengáis en cuenta.








