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Reseña
"Katsu" es la palabra japonesa para denominar una carne empanada y frita, que en la mejor de sus versiones resulta crujiente por fuera y tierna por dentro. Puede ser de pollo, de cerdo… y varía en función de la carne principal su denominación y la elaboración que se realiza con ella, pero manteniendo esta palabra, "katsu", como parte de su nombre. Si es "katsu sando", se trata de un sándwich y es un "tonkatsu" cuando hablamos de un filete de cerdo, por ejemplo.
Pero, de cara a esta reseña, Katsu también es el nombre de este restaurante especializado en "sando" y en los platos nipones en los que el protagonista es un bocado de carne frita, crujiente y jugosa. Y este es su segundo local en la capital (hermano del primero, que se encuentra en Malasaña), ubicado en el barrio de Tetuán, en la calle San Germán. Resultado del emprendimiento de una pareja que Rodrigo Yeh y Stephy Li, una pareja de jóvenes emprendedores que quieren mostrar que la cocina popular japonesa va más allá de sushis y ramens.
El local, con diseño y estética nipona en versión low cost, cuenta con dos plantas de comedor y una distribución pensada para una rotación alta de mesas, que, aunque admiten grupos grandes, son en su mayoría para dos, tres o cuatro comensales. Servicio sin mantel, con la distancia justa entre comensales, pero atendido por un equipo que trabaja de manera eficiente y con esperas muy razonables entre un pase y el siguiente.
¿Y para comer? La oferta gastronómica tiene claro su objetivo de ofrecer japanese comfort food, o lo que es lo mismo, entrantes y platos que reconfortan y apetecen en casi cualquier momento. La carta bien, muy bien organizada en categorías claras, está pensada para que hacer combinaciones entre sus secciones sea sencillo, siendo el protagonista global el rebozado (que en carta, va más allá de las carnes). Originales y sabrosas sus gyozas aplastadas o smash gyoza, curiosa su croqueta de patata y carne rebozada y frita (en raciones de dos, resulta muy saciante) acompañada de mayo de wasabi y un acierto total su berenjena "Nasu", empanada en panko y cubierta de salsa teriyaki.
Como plato fuerte, aunque también viable para compartir, destacan sus "Donburi", concepto japonés que hace referencia a una carne o pescado que se sirve sobre una cama de arroz, a veces acompañado con huevo. De cerdo duroc, con doble de hmaburguesa estilo japonés, de anguila o de ternera salteada. En paralelo, la versión de estos donburis a la que se añaden currys, los "Donburi Katsu Kare", disponibles en las versiones de contramuslo empanado (muy recomendable), berenjena y pastel de langostino empanado. El curry, con una base de cebolla, le añade sapidez a la sencillez del plato.
Y, en el otro lado de los principales, los "Sandos", sándwiches elaborados con sochupan, el pan de molde japonés que abraza el katsu que hayamos elegido. En diferentes versiones, de pollo, doble hamburguesa o, de nuevo, pastel de langostino, la sugerencia es probar un Katsu Sando original de cerdo duroc que se ha empanado en panko y está frito en el punto perfecto. Acompañado de mostaza, que el comensal añade a su gusto, la ratio "pan – carne" es acertadísima (a veces se peca de poner demasiado pan, dificultando el mordisco) y la jugosidad del cerdo es un 10/10.
Si no te amarga un dulce, Katsu cuenta con una pequeña sección de postres. El mochi, el más popular y perfecto por su tamaño si te queda poco fuelle, correcto en tamaño y relleno, pero con la masa un poco apelmazada y falta de humedad. Mejorable. También hay otras opciones, más contundentes, como la tarta.
La propuesta la completa una carta de bebida con referencias de cerveza japonesas y españolas, varios sakes fríos, de distintos perfiles de sabor, y dos Chu-hi, un refresco japonés, que parece estar muy de moda. Los refrescos de cola y otras opciones son de Fritz o de Lindo y hay una selección breve de vinos tintos y blancos por copa y por botella.
En conjunto, excelente relación calidad – precio entendiendo que se trata de un local informal, con mucho ambiente, que en hora punta se llena y puede resultar algo ruidoso. Precios ajustados, buen servicio y calidad en los platos, dentro de la sencillez de esta comfort food japonesa, más que lograda.
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