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Reseña
El concepto y la propuesta gastronómica de La Cantina sale “De San Luis Potosí para el mundo”, y más concretamente aterriza de San Luis Potosí en la calle Ponzano, en pleno barrio de Chamberí. Allí se encuentra este restaurante mexicano bicéfalo, que se define, además de como restaurante, como establecimiento ideal para el precopeo en el caso de aquellos que tengan intención de continuar la fiesta después de la cena.
Un amplio local en esquina que baja media planta sobre la altura de la calle se despliega ante el comensal, que puede elegir una mesa alta o baja en un comedor que termina en una pared repleta de botellas de tequila y deja al lado izquierdo tanto la barra como la cocina, que conecta a través de una ventana amplia con el espacio de degustación.
Sin caer en una decoración típicamente mexicana, reconocemos carteles de películas y referencias a la lucha libre del país norteamericano. Mesas sin mantel y servicio ágil para la puesta en escena de una propuesta que se articula en tres categorías principales: los entrantes, los platos que pasan por la brasa y una selección de tacos, para pedir por unidad. Merece atención, en paralelo, la carta de bebidas, y particularmente el apartado dedicado a la coctelería. Desde los clásicos, con mezcalitas variadas, la clásica paloma… hasta los de autor, pasando por una selección de tequilas y mezcales entre la que se encuentran referencias para diferentes paladares y presupuestos, también vinos por copa y variedad de cervezas. E imperdible su Michelada, con o sin clamato.
Entre los primeros, el guacamole se realiza al momento, el aguachile de cacahuete se prepara con langostinos (una mezcla de crudos y cocidos) y resulta fresco y picante en el punto justo, muy recomendable. En homenaje a los populares elotes, bocado indispensable en de la comida callejera mexicana, La Cantina propone su versión con unos elotitos (esta vez, elaborados empleando mini mazorcas) asados, con sabor ahumado y cubiertos con mayonesa de salsa matcha y queso parmesano. Son curiosas, diferentes, sus croquetas de jalapeño, al estilo de las croquetas con bechamel españolas, pero con interior de sabor potente, con este tipo de pimiento acompañado de cheddar y beicon.
En el aparatado de brasa, su tradicional pescado zarandeado al estilo Nayarit, un mole casero servido con lengua de ternera y dos opciones más de carne, un entrecot con empalme norteño y cebollitas asadas y un “pollo feliz”, esto es, elaborado con chimichurri y acompañado de ensalada y boniato. A diferencia de los anteriores, que se piden por ración, toda la sección de tacos, tetelas y quesadillas se sirven por unidad, lo que permite que cada comensal elija y mezcle como prefiera.
Diferente y deliciosa su cochinita pibil, preparada sobre una tortilla elaborada con patata y frita, con un guiso de carne acompañado de una base de esta misma patata, guisada. Preguntada por el origen de esta elaboración, Carla Sarabia, cocinera, indica que la idea proviene de su propia casa, pues esta es la forma en que su madre prepara la cochinita. Diferente, por el tipo de masa y su consistencia, la tetela, que se elabora con maíz azul y lleva relleno de crema tipo requesón, suave y untuoso.
Los acompañan, entre otros, el pastor clásico, también en versión “pastor negro” (el trompo del que se corta la carne cambia de color, de rojo a negro, variando su macerado), y otros, con producto de mar como protagonista, como el taco de pulpo ribeteado o el bicho de mar, cangrejo de cáscara blanca rebozado y frito. Para terminar se ofrecen diferentes complementos entre los que destacan los frijoles puercos (para rebañar, con tostadas y salsa matcha).
A la propuesta de comida y bebida de La Cantina, que suele estar más calmada los mediodías, se suma un componente importante de diversión en las noches de jueves a fin de semana, cuando la música en directo se suma a la ecuación, las mesas se animan y, tal y como explican desde el propio local, el ambiente es animadísimo. Para aquellos que alarguen la cena, hagan el precopeo… ¡y sigan la noche!
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