Parece que una acaba de colarse en una película cuando cruza las puertas de Snake Bar, coctelería perteneciente al Grupo La Rumba y ubicada junto a la plaza de Colón. El establecimiento se encuentra situado pared con pared –o cortina con cortina, mejor dicho– con Habanera, el buque insignia de la casa, y cuenta con Carlos Moreno, su bartender ejecutivo, al frente del diseño de carta y la cuadratura del equipo. Este es, por cierto, tremendamente joven.
De entrada, la luz, los colores, el interiorismo y la decoración remiten a otro tiempo. Esa es la idea: que haya un pequeño viaje dentro de cada pieza de la cristalería. Un viaje en el tiempo a través de sus tragos y sin salir del centro de Madrid. La barra y su contra barra, enmarcadas al final del local, podrían servir de escenario para un filme de época. Ante ellas y al extremo contrario del espacio, un sofá corrido se apoya sobre el enorme ventanal y da servicio a diferentes mesas. El ambiente, a diferencia de ese toque retro del interiorismo, es joven, internacional y elegante. A la mesa, nos reciben con agua y cacahuetes con láminas de ajo fritas.
La carta de coctelería está inspirada en música de las décadas de los setenta, ochenta y noventa del siglo XX y en ella cada trago se acompaña con un fragmento de la canción que le da nombre, para describir la esencia desde la que se ha creado su receta. La idea es pensar cómo sonaría esa canción de la que se parte si fuera una bebida, es decir, el cóctel se traslada al terreno musical para inspirar su sabor final.
Tras un ejercicio de equipo se eligieron las que serían las canciones que representarían a cada una de las décadas, así como a los artistas clave que debían ser los personajes infiltrados en esta propuesta, su construcción sigue por la selección de un clásico o receta existente que se utiliza como referencia para construir una nueva versión.
Así, Corazón Partío tiene el esqueleto de una Caipiriña, aunque luzca su propia piel, The Time of My Life se correspondería con un Porn Star pero elaborado en versión caribeña. De su lado, Macarena tendría la estructura resultante de un remix entre daiquiri y mojito, buscando una parte de cada cual.
Las opciones para beber son variadas. De hecho, cubren un espectro que abarca un amplio registro, con opciones para todos los paladares: quienes busquen tragos más serios, con perfiles ahumados, secos, más alcohólicos, los encontrarán aquí. Pero también hay opciones más frutales, con matices dulces, perfiles más divertidos y accesibles para quienes desean beber más "ligero".
¿El toque de la casa? Moreno propone cordiales que, como elaboraciones intermedias dentro de la receta, tienen su propio sello de identidad. Retomando Macarena como ejemplo, para el cordial que sirve de elaboración intermedia Moreno sustituye el agua por Manzanilla y Moscatel. Esta es su forma de introducir vinos en el trago, con un guiño sutil que marca la personalidad final del cóctel.
Acertadísimo su Eye of the Tiger, construido como resultado de mezclar un Martini, un Dirty Martini y un Gimlet: la ginebra se infusiona con dos vermús diferentes, lleva cordial de piparras (que en este sustituye agua por Manzanilla) y bitter de apio. En su servicio lo acompañan, en paralelo, una aceituna, un tomate cherry, una cebolleta y un trocito de queso, cada uno aliñado o acompañado pensando para comer entre tragos. De esta manera, el cóctel combina su personalidad líquida con los matices que le van sumando cada uno de sus elementos sólidos.
Si la elección es beber sin consumir alcohol, la propuesta incluye media docena de cócteles trabajados a través de recetas ad hoc para cada uno de ellos, en los que el equipo de Snake Bar ha incluido bitters propios y también destilados sin alcohol, tequilas o rones "sin", por ejemplo. Además, para completar su propuesta, cualquiera de los cócteles clásicos está disponible y hay un apartado Todo al rojo, en colaboración con Campari, dedicado al aperitivo.
Sumado a lo anterior, Snake Bar cuenta con una carta de comida que cubre la posibilidad de darse un capricho unitario con su ostra francesa con aliño de Bloody Mary en chupito o su steak tartar, que se han traído de Carbón y que se sirve sobre pan de chapata coronado por una gilda. Este apartado permite plantear un picoteo compartido, con opciones como el hummus o el guacamole con torreznos, o de saciar un hambre mayor, con su burger smash, sencilla pero correcta, sus patatas (doblemente) fritas, súper crujientes o su pizza finísima de salami picante, entre otros. También hay postres. Eso sí, la cocina abre a las 20:30 h.
Para tomar nota: además del ambiente habitual a última hora de la tarde, los jueves hay sesión de música en directo.




