1. Constelaciones
    Bárbara Sánchez Palomero | Constelaciones
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    Bárbara Sánchez Palomero | Constelaciones
  3. Constelaciones
    Bárbara Sánchez Palomero | Constelaciones

Reseña

Constelaciones

4 de 5 estrellas
  • Teatro
  • Teatro María Guerrero, Chueca
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

Es inevitable empezar esta recomendación desde un lugar personal. A 'Constelaciones' le guardo un cariño especial desde aquella versión de 2014 en Kubik Fabrik, con Inma Cuevas y Fran Calvo dirigidos por Fernando Soto. La vi una vez. Y otra. Y otra más cada vez que se reponía. Me parece uno de esos textos que te acompañan y que te susurran preguntas días después. Así que entrar ahora en la Sala Grande del Teatro Valle-Inclán para ver la nueva versión dirigida por Sergio Peris-Mencheta tenía algo de reencuentro y algo de vértigo.

Y, sin embargo, salí con la sensación de haber descubierto otra obra.

Cada gesto mínimo abre una grieta por la que podría colarse otra vida

El texto de Nick Payne sigue ahí, claro. Esa estructura fragmentada que repite una escena, una barbacoa, un encuentro aparentemente trivial entre una física cuántica y un apicultor, y la desplaza apenas unos milímetros para cambiarlo todo. Lo fascinante no es el concepto del multiverso en sí, sino la forma en que lo encarna en algo tan reconocible como una conversación torpe, un silencio incómodo o una frase dicha medio segundo tarde. Aquí, cada variación pesa. Cada gesto mínimo abre una grieta por la que podría colarse otra vida.

Peris-Mencheta ha decidido empujar esa idea hasta el extremo. Cada noche se sortean los intérpretes que encarnarán a la pareja protagonista. Los demás, junto a un maestro o maestra de ceremonias, se convierten en banda en directo. No es un truco, no es un reclamo simpático, es una declaración de intenciones. El teatro como territorio del presente radical. La función que ves hoy no será exactamente la de mañana. Y no es una frase promocional, se nota de verdad.

La escenografía de Javier Ruiz de Alegría, esa plataforma circular y giratoria, no es solo un recurso visual elegante; funciona como metáfora viva. Los cuerpos rotan, el espacio cambia de orientación, la perspectiva se desplaza. Hay momentos en que la frialdad casi clínica del espacio contrasta con la calidez orgánica de la música, y esa tensión genera algo muy hermoso. La iluminación de Ion Anibal acompaña con precisión, sin subrayados innecesarios.

A veces la música sostiene lo que los personajes no pueden decir

Y luego está la música. Confieso que tenía dudas de si no corría el riesgo de diluir la intimidad del texto. Pero no. La banda, con dirección musical de Joan Miquel Pérez y Litus Ruiz, no ilustra la emoción sino que la atraviesa. Hay noches más soul, otras con un aire folk o pop, incluso una canción que podría sonar en una boda improbable. El resultado no es un concierto ni un musical al uso; es otra capa narrativa. A veces la música sostiene lo que los personajes no pueden decir. A veces lo contradice. Y ahí, en esa pequeña fricción, ocurre algo muy vivo.

El elenco, seis intérpretes que alternan roles y también instrumentos,  asume un reto considerable. No solo por la complejidad del texto, sino por la escucha extrema que exige cambiar de compañero cada función. Se percibe esa alerta constante, esa imposibilidad de caer en piloto automático. Y eso, paradójicamente, da una frescura que el espectador agradece. Hay funciones donde la química será más volcánica y otras, en cambio, más contenida. Pero siempre hay verdad. Y eso es lo importante.

El núcleo dramático, la enfermedad, el diagnóstico de un cáncer cerebral, aparece sin melodrama. Payne no busca la lágrima fácil; busca la conciencia de la fragilidad. Y aquí la dirección opta por no recrearse en el dolor, sino en la decisión. ¿Qué hacemos con el tiempo que tenemos? ¿Qué cambia si decimos que sí? ¿Y si decimos que no? En algún momento, mientras la plataforma giraba lentamente y la música sostenía una escena casi suspendida, sentí esa mezcla extraña de risa y nudo en la garganta. Esa sensación de estar viendo algo ligero y, al mismo tiempo, profundamente serio.

Estamos asistiendo a un experimento. Y el experimento respira

Quizá lo más valioso de esta versión es que no compite con otras lecturas del texto, sino que propone la suya con honestidad. Hay un riesgo formal evidente, multiplicar combinaciones, integrar música en directo, someterse al azar, y no todo es milimétrico, claro. A veces se percibe el engranaje. Pero esa leve imperfección forma parte del pacto. Estamos asistiendo a un experimento. Y el experimento respira.

En un momento en que muchas producciones buscan la seguridad de lo cerrado, esta Constelaciones apuesta por la variación, por el error fértil y por la posibilidad. Y eso, en un teatro público, se agradece especialmente. Hay algo generoso en la propuesta que invita al espectador a sentirse parte del fenómeno, y no mantenerlo como un mero testigo.

Salí pensando en las pequeñas decisiones. En esa llamada que no hicimos. En esa calle que elegimos al azar. El texto siempre me había llevado ahí, pero esta vez, con la música aún resonando y la imagen de los actores intercambiando universos ante nuestros ojos, la pregunta parecía más urgente.

No sé si volveré a verla, probablemente sí, me conozco, porque sé que no será la misma. Y eso, en tiempos de scroll, de reproducción infinita y copia exacta, tiene algo casi revolucionario. Aquí y ahora. Esta noche y no otra. Como el amor. Como la vida.

Detalles

Dirección
Teatro María Guerrero
Tamayo y Baus, 4
Madrid
28004
Transporte
Colón (M:L4), Banco de España (M:L2) y Chueca (M:L5) | Autobús: líneas 5, 14, 27, 37, 45, 53, 150, C03, N1, N4, N22, N23, N24, N25 y N26 | Recoletos (Cercanías:C1, C2, C7, C8 y C10) | Vehículo propio
Precio
Desde 11 €
Horas de apertura
De martes a domingo a las 20:00

Fechas y horas

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