Si hay algo que nos gusta de 'Contra Antígona' antes incluso de verla es que se atreve a tocar una pieza de museo y preguntar quién ha decidido que había que mirarla siempre de la misma manera.
Andrea Jiménez lleva varios años revisando los clásicos desde lugares poco complacientes. Después de 'Casting Lear', reconocida con un Max en 2025, se mete ahora con Antígona junto a la dramaturga argentina Victoria Szpunberg, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2025.
La operación tiene una particularidad que puede cambiar por completo cada función: catorce personas del público serán invitadas a formar parte del coro griego.
Y de repente la pregunta deja de ser solamente qué hacemos con Antígona. También importa qué hacemos nosotros cuando estamos delante de un conflicto. El coro, que tantas veces queda reducido a una presencia casi decorativa en las versiones contemporáneas, recupera aquí una posición central.
Eso convierte 'Contra Antígona' en una propuesta participativa, pero también política. Jiménez parece interesada en desmontar esa tendencia a convertir a los personajes trágicos en héroes intocables y en preguntarnos qué ocurre cuando una comunidad tiene que tomar posición.
Además, habrá algo que el teatro siempre agradece: un poco de incertidumbre. Nunca sabremos exactamente quién estará dentro de ese coro


