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La creadora argentina Marina Otero irrumpió hace unos pocos años en el panorama europeo casi como un seísmo escénico al que todavía alguno le sigue buscando las causas y las consecuencias, porque hay algo de ella tan auténtico que despierta tanto la admiración como el recelo. Tras su trilogía Love me, Fuck me, Kill me, presenta este año en el Festival de Otoño un artefacto que ha llamado conferencia escénica, pero que seguro no tiene fácil etiqueta. Se trata de una conferencia que traiciona la teoría y se vuelve vómito catártico. La pregunta de la que surge todo sigue siendo la misma que cuando conocimos a esta menuda actriz y bailarina: ¿cómo transformar el dolor en una puesta en escena? La misma que se hizo ella hace diez años en Buenos Aires y que se vuelve a hacer ahora en Madrid, donde vive en la actualidad. Buscará la respuesta en este encuentro con el público, al que tratará de atraer hacia su herida abierta. Una performance que aborda el viejo tema del amor romántico a partir de su propia historia con un hombre árabe. Un episodio más de su proyecto vital, que es el mismo que su proyecto artístico, el que acabará cuando muera. Entretanto, piensa en voz alta los secretos de este oficio, el oficio de morir.
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