1. Juana la Loca
    Teatros Luchana | Juana la Loca
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Reseña

Juana la Loca

4 de 5 estrellas
  • Teatro
  • Teatros Luchana, Almagro
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

Hay figuras históricas que parecen condenadas a regresar una y otra vez al escenario. Juana I de Castilla es una de ellas. Quizá porque su biografía contiene todos los ingredientes de la gran tragedia clásica, quizá porque todavía seguimos preguntándonos cuánto hubo de locura y cuánto de interés político en el relato que la historia construyó sobre ella. La propuesta que Pepe Cibrián presenta en Teatros Luchana no pretende resolver ese dilema. Prefiere acercarse a la mujer antes que al mito, escuchar su voz cuando ya casi nadie está dispuesto a hacerlo y de esta forma invitar al espectador a entrar en la intimidad de una mujer cuya historia ha quedado reducida, demasiadas veces, a un adjetivo.

La función arranca en los últimos momentos de la reina, encerrada en Tordesillas después de décadas de aislamiento. Apenas unos elementos ocupan el escenario. Un viejo trono, unas telas, algunas joyas convertidas casi en vestigios de otra vida. Es suficiente. A partir de ahí comienza un viaje por la memoria de Juana I de Castilla que prescinde del relato histórico convencional para acercarse a algo mucho más interesante, la fragilidad de una mujer a la que casi todos decidieron explicar sin escucharla. Quizá por eso una sale pensando menos en la reina y más en la persona.

Nicolás Pérez Costa entra en escena y consigue algo que no resulta tan frecuente como debería: hacer que olvidemos el mecanismo teatral. Al cabo de unos minutos deja de importar que haya un solo actor. Empiezan a aparecer los demás. Felipe el Hermoso, Isabel la Católica, Fernando, Leonor, el pequeño Felipe... Todos existen porque él encuentra para cada uno un ritmo, una respiración distinta, una forma diferente de mirar.

Hay momentos en los que basta un leve cambio de postura para entender que estamos frente a otra persona. Esa es, probablemente, una de las mayores virtudes de su trabajo. La técnica está ahí, es evidente, pero siempre al servicio del relato.

Pepe Cibrián firma un texto de clara vocación literaria. Hay frases que parecen escritas para ser dichas despacio, disfrutando del peso de cada palabra. En otra producción podrían resultar excesivas. Aquí encuentran un intérprete que sabe decirlas sin convertirlas en una demostración de dicción. Hay algo casi musical en la forma en que administra las pausas. Su Juana, además, evita caer en el exceso. Es apasionada, sí. También vulnerable. A veces infantil. Otras profundamente consciente del lugar que ocupa en un mundo gobernado por hombres que deciden por ella. El sufrimiento aparece sin necesidad de subrayados y termina instalándose poco a poco en el patio de butacas.

Como en otras ocasiones en he comentado, siempre busco un momento de la función en el que mirar alrededor. Es una costumbre que tengo cuando una función consigue atrapar al público. Me gusta comprobar si soy la única que contiene la respiración. No lo era. Nadie parecía tener prisa por romper ese extraño pacto de silencio que se establece cuando el teatro encuentra el tono exacto. Y para mí, esa es la mejor señal de que el teatro está funcionando.

La puesta en escena acompaña esa decisión de centrar toda la atención en el actor. Hay pocos elementos, pero están elegidos con inteligencia. El trono deja de ser un símbolo de poder para convertirse casi en una condena. La tela de terciopelo rojo adquiere distintos significados conforme avanza la función y regala una imagen inicial de gran belleza. También merece una mención el trabajo de iluminación, que modifica el espacio con delicadeza y ayuda a recorrer los distintos estados emocionales de la protagonista sin necesidad de grandes cambios escenográficos.

Hay una idea que atraviesa toda la función y que termina siendo mucho más interesante que la vieja pregunta sobre la locura de Juana. ¿Qué habría ocurrido con aquella mujer si hubiera nacido en otra época? El texto no ofrece respuestas cerradas, pero deja asomar la violencia de un sistema construido por hombres que decidieron por ella casi desde la infancia. Padre, marido e hijo aparecen como distintas caras de un mismo poder. Esa lectura contemporánea nunca se impone con discursos evidentes; surge de las situaciones, de los recuerdos y de la forma en que Juana reconstruye su propia vida.

Quizá algunos espectadores echen en falta una mayor presencia de la música. Es un detalle que podría potenciar todavía más algunos momentos de gran intensidad emocional. Sin embargo, esa elección parece responder a una decisión consciente de Cibrián, confiar casi por completo en el poder de la palabra. Y, visto el resultado, cuesta discutirle la apuesta.

Más allá del episodio histórico, 'Juana la Loca' habla del abandono, del deseo, de la necesidad de ser vista y escuchada. Habla de una mujer cuya identidad fue escrita durante siglos por otros y que aquí encuentra, al menos durante una hora, la posibilidad de contar su propia versión de los hechos.

En tiempos en los que buena parte de la cartelera parece competir por el impacto inmediato, resulta reconfortante encontrarse con una propuesta que pide algo mucho más sencillo: escuchar. Escuchar un buen texto, observar el trabajo minucioso de un actor que sostiene por sí solo todo un universo y dejar que el teatro haga aquello que mejor sabe hacer desde hace siglos: convertir una historia conocida en una experiencia que vuelve a emocionarnos como si fuera la primera vez.

Detalles

Sitio web del evento
teatrosluchana.es/
Dirección
Teatros Luchana
Luchana, 38
Madrid
28010
Transporte
Bilbao (M:L1, L4), Iglesia (M:L1), Alonso Martínez (M:L4, L5, L10), Quevedo (M:L2) | Autobús: líneas 3, 16, 21, 37, 40, 61, 147, 149, C03 y N23 | Vehículo propio
Precio
Desde 17,90 €
Horas de apertura
Lunes: 20.00 h | Viernes: 19.00 h

Fechas y horas

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