Carmen Atelier de Churros ejerce un oficio, el de churrero artesano, que en su caso mantiene los pies en la tradición, pero sin miedo a experimentar. En su carta no faltan los churros o porras de toda la vida, ideales para mojar en su imprescindible chocolate suizo o en salsa de Nutella. Aun así, para los más golosos, el establecimiento sorprende con opciones más originales gracias a toppings contemporáneos de Kinder Bueno o de pistacho, creando bocados dulces que conviven con la posibilidad de pedir un buen frappé o un café clásico.
La gran revolución llega en el terreno de la innovación con una sección dedicada exclusivamente a los churros salados. Pensada como una alternativa ideal para la hora del vermut, la carta incluye creaciones coronadas con jamón ibérico, queso o frankfurt, invitando a maridarlas con una cerveza bien fría o una copa de cava. Además, la oferta se complementa con opciones frescas como el yogur griego helado –disponible con fresa o pistacho– y varios combos que demuestran que el mundo de la churrería de autor va mucho más allá de las clásicas meriendas. Aquí hay solvencia en todos los aspectos: no olvidéis que esta tienda es hija de la Selecta de Churros, establecimiento abierto en el barrio de la Sagrada Família en 1950.


