La donación de David Douglas Duncan, II

Arte, Arte contemporáneo
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La donación de David Douglas Duncan, II
©Successió Pablo Picasso VEGAP

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero estamos ante una de esas excepciones que confirman la regla. Hace apenas un año, el Museo Picasso recibió la donación de 163 fotografías que David Douglas Duncan había hecho al pintor malagueño y a su entorno, entre 1956 y 1962. Entonces se expuso una primera selección, donde las escenas de vida en La Californie, la residencia-estudio que el artista tenía en el sur de Francia, eran el denominador común. Ahora se presenta la secuela de este fondo, un conjunto de 87 fotos que, a modo de crónica, enseñan un Picasso doméstico y espontáneo, rodeado de familia y amigos, en situaciones distendidas y ajeno al objetivo del fotoperiodista. Es una especie de reportaje de vida donde aparece Picasso leyendo la prensa, hablando con su compañera Jacqueline, jugando con su perro, bromeando con una máscara de payaso acompañado por Jean Cocteau, paseando por el Festival de Cannes, en la playa con el marchante y amigo Kahnweiler o jugando a los toros con una toalla.
En esta ocasión, además, se incluyen una veintena de obras del fondo del museo que dialogan con las imágenes del fotógrafo. Unas instantáneas que, como documentos valiosísimos, desvelan lo que se nos niega a los visitantes de toda exposición: el proceso creativo. Y es que Duncan supo acercarse al artista sin molestar y fue capaz de captar el momento preciso. Como en la secuencia donde Picasso aparece, primero, mordisqueando una espina de un lenguado y, en otra, inmortalizando, un rato después, los restos del pescado sobre un trozo de arcilla; el resultado final es el plato 'Corrida de toros y pescado'. O el artista pincel en mano trabajando en 'La Tauromaquia' que se acompaña de dos aguatintas de la misma serie. U otra, donde el pintor sale enjuagando en la bañera un grabado sobre linóleo, como 'Abrazo I'. La muestra termina con una imagen de Jacqueline en el MoMA, ante el Guernika, y es ahí cuando te pones nostálgica y te dan ganas de seguir viendo fotos y buscar aquellas que, muchos años antes, a pie de taller, Dora Maar hizo del nacimiento del cuadro más famoso del pintor.

Por Aina Mercader

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