Hace apenas unos días Vilhelm Hammershøi era un artista casi desconocido en nuestro país. Sus pinturas se habían expuesto pocas veces en España, a pesar de que a finales del siglo XIX gozó de fama y reconocimiento. Esta exposición en el Museo Thyssen es un necesario guiño al creador danés, fallecido en 1916 a los 51 años.
La muestra está organizada en seis secciones que recorren las primeras influencias y obras del artista, los temas más recurrentes en su producción y las piezas que marcaron el final de su trayectoria. Es destacable y disfrutable que la exposición incluya a artistas influyentes y coetáneos de Hammershøi, como es el caso de Whistler, o claros referentes históricos, como el holandés Pieter de Hooch (siglo XVII).
Una de las grandes protagonistas de la muestra es Ida Ilsted, hermana de un compañero de estudios de Vilhelm y esposa del artista desde 1891. Ella protagoniza gran parte de esas inquietantes y silenciosas estancias que Hammershøi captura en sus obras. Su discreta pero decisiva presencia proporciona información sobre la vida cotidiana, el día a día de una mujer de finales del siglo XIX vista por su propio marido, quien traza casi un retrato psicológico de ella.
El apartado dedicado a los paisajes impacta, después de pasar por el recogimiento de los interiores que caracterizan a Vilhelm. Si bien la calidad artística de estas obras es elevada, no se puede decir que conecten con el público de la misma forma que las anteriores. La última sección aborda las obras producidas los últimos años de vida del artista, donde podemos disfrutar de piezas maduras que muestran una incipiente modernidad que se alejará de los interiores de Hammershøi.
Rayos de luz, puertas entreabiertas que invitan a soñar, puertas cerradas que dejan volar la imaginación y una posición más que cómoda para quien observa estas pinturas, la de voyeur que se sabe a salvo de ser descubierto. Las pinturas de Hammershøi, siguen un mismo patrón, pero no aburren porque despiertan uno de los sentimientos más primitivos de la humanidad, la curiosidad.

