Juliana Reyes dirige este espectáculo de danza que reflexiona sobre la vida, la muerte y los ciclos de existencia. La obra parte de la relación real entre la bailarina Paloma Hurtado y su madre, Paloma de la Cruz, convertida en eje emocional y dramatúrgico del montaje.
Sobre el escenario, madre e hija construyen un diálogo físico entre juventud y madurez, invirtiendo además los roles de cuidado. A través del movimiento y la fragilidad de los cuerpos, la pieza aborda la transformación constante de la vida sin ofrecer respuestas cerradas, invitando al público a reflexionar sobre el origen, la pérdida y el renacer.

