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El Grupo Mosh, último emblema del lujo en Marbella, se estrena en Madrid con aires de clandestinidad y un diseño envolvente

La noche en Madrid tiene un nuevo protagonista para cenar y empezar la fiesta. El otro día se reunió aquí toda la plantilla del Real Madrid (y eso ha terminado por explotar su atractivo) pero su desembarco a finales del año pasado se convirtió en un poderoso imán para la 'beautiful people' de Madrid. Todo el mundo quiere estar aquí, ver y ser visto aquí. De hecho, los fines de semana es difícil hacerse con una mesa. La locura de Los 33 en Salesas salta ahora al secreto mejor guardado de la capital. Que casualmente es un número 61. y está en Chamberí.
Secreto porque sus propietarios han jugado con la clandestinidad en 61. Ni la cuenta instagram de este nuevo restaurante de moda da pistas de lo que te vas a encontrar. Es el nuevo gran 'hype' de la noche madrileña. Sus responsables saben muy bien jugar estas cartas. El Grupo Mosh es desde hace unos años la gran referencia de lo exclusivo en Marbella y alrededores. Así que han traído a Madrid ese lugar donde puedas decir eso de que "lo pasa aquí, se queda aquí".
Un espacio inmersivo y experiencial que, como el desaparecido Rhudo, quiere ligar gastronomía, arte y diseño. El vestuario del personal lo ha diseñado Casoná, hay piezas de Loewe en la decoración y os toparéis con una línea exclusiva de Nike para el restaurante. El interiorismo lo firma Archidom Studio, que ha querido entrelazar, en una atmósfera de misterio y plagada de rincones íntimos, el romanticismo veneciano con el brutalismo. Tendréis que cruzar sus puertas en José Abascal, 61, junto a la glorieta de Gregorio Marañón, para ver cómo se materializa eso.
De la propuesta gastronómica se ha encargado, claro, el chef ejecutivo del grupo, Franco Franceschini, que como buen argentino da un protagonismo especial a las brasas (y ahí, obvio, una milanesa). En carta está toda la versatilidad, tendencia y lujo que le pides y quieres encontrar en un sitio así, que salta del restaurante al club según avanza la noche. Costillitas Angus, lenguado Meunière e incluso el flan de la "Abuela Nelly" para poner el punto y seguido a la visita. Porque, pasado el postre, ahí está esperando la carta de coctelería.
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