[title]
Si creías que en Madrid lo habías visto todo... quizá te equivoques: bajo tus pies es posible que haya centenares, o incluso miles de cadáveres enterrados. Y siguen ahí, en los lugares más insospechados de la capital.
¿El motivo? Durante siglos, los madrileños convivieron con cementerios que hoy ya no existen, y muchos se encontraban en pleno centro de la ciudad. Iglesias, plazas y hasta solares que hoy se llenan de terrazas o mercadillos fueron, en otro tiempo, verdaderos camposantos.
Uno de los casos más conocidos es el de la plaza de Santa Ana. El corazón de Huertas, hoy poblado de bares y teatros, fue hasta el siglo XIX el cementerio del convento de los Carmelitas. Los huesos acabaron trasladados, pero los madrileños siguen llenando de vida un lugar que estuvo marcado por la muerte. Algo parecido ocurre en la iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha: allí descansaron Lope de Vega o Juan de Villanueva, pero el viejo cementerio parroquial desapareció al construirse la calle.
El barrio de Malasaña también tiene su historia macabra. La plaza del Dos de Mayo fue el cementerio del convento de los Leales Doctrinos, y es más que probable que aún queden restos humanos bajo las losas. Incluso la plaza de la Cebada, hoy ocupada por el mercado, sirvió como lugar de enterramiento durante las grandes epidemias que asolaron la ciudad. Y si alguna vez visitas el Museo Reina Sofía, recuerda que el imponente edificio fue hospital durante siglos y que también contó con su propio cementerio, hoy completamente desaparecido.
Todo cambió a partir de 1809, cuando una orden real obligó a sacar los cementerios fuera de la villa por razones de salubridad. Nacieron así el de San Isidro o el de la Almudena, y los viejos camposantos del centro fueron borrados del mapa… al menos en apariencia. En cualquier caso, recuerda que la próxima vez que te tomes una caña en una terraza de Madrid, quizá estés brindando justo encima de un antiguo cementerio.

