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El tipo malo. El chungo de la película. El personaje secundario que se adueña de cada escena con su falta de empatía, de remordimiento, su rostro endurecido. El "chico Sorogoyen" con dos premios Goya. Pero también el cómico. El compostelano que salió de su ciudad para buscarse la vida en Nueva York y terminó pintando pisos y demoliendo una planta de las Torres Gemelas. El actor que juega a ponerse mil caras como un niño dando rienda suelta a su imaginación.
En esta ocasión, Luis Zahera juega a hacernos reír, a compadecernos de su personaje: Antón, un veterinario acostumbrado al entorno rural, a ayudar a dar a luz a vacas, que se ve obligado por la rueda de la vida a aceptar un empleo en la tienda para animales de su joven sobrina (Lucía Caraballo). De estar rodeado de ovejas en el campo, a atender hámsters con embarazos psicológicos. Zahera es Antón en Animal, una serie con retranca, gallega en forma y fondo, que puede verse en Netflix desde el 3 de octubre y con la que el actor deja de imponer, para claudicar ante las animaladas de la realidad. Hablamos con él sobre su papel coprotagonista días antes del estreno de la serie.
En Animal interpretas a Antón, un veterinario de rural que lidia con vacas, ovejas… pero que se ve obligado a aceptar un curro en una tienda-boutique para atender hurones, hámsters y conejos con problemas, digamos, más o menos serios. ¿Qué te llamaba la atención o te parecía interesante a la hora de interpretar este personaje?
Ya llevaba mucho tiempo colaborando con la productora Alea Media, tengo muy buena relación con ellos y Aitor Gabilondo (CEO) me ofreció esto personalmente. Estás a gusto, estás en casa, se rodaba en Galicia. La historia habla de un veterinario que tiene que abandonar lo rural, que es su vida; el mundo está cambiando, lo rural se desvanece. Tiene dificultades, vienen las macrogranjas, se tiene que ir y pedirle trabajo a su sobrina, que es una mujer muy joven, líder. Todo contado en clave de comedia, ese shock que abarca una vida que se desmorona, que cambia, que tiene que llegar a un sitio donde es todo de plástico… un mundo que no entiende. Ese Antón bajo la batuta de Victor García… hombre, había muy pocos elementos para decir que "no".
Animal juega mucho con marcar la diferencia entre lo rural y lo urbano. ¿Te identificas?
Hombre, sí, ya tengo una edad, pero hablaba con Lucía Caraballo y ella nunca había visto una vaca… Yo era un niño compostelano que veraneaba en una aldea, íbamos en el carro de vacas, hacías trampas para cazar palomas, dabas de comer a los cerdos, veías cómo mataban a las gallinas con un machete en un tronco o nacer una vaca… tuve el privilegio de vivir aquello. Ahora, lo rural está muy abandonado, es otra vida, otro mundo, y yo cumplo 60 años el año que viene; entonces, claro, me siento identificado con el personaje porque él está viviendo todo eso en esta ficción, que se acaba su mundo, y le produce vértigo. A veces la noria se para y la vida da vueltas para peor, que es lo que le pasa a Antón, pero lo contamos en clave de comedia.
Era un niño compostelano que veraneaba en una aldea, íbamos en el carro de vacas, dabas de comer a los cerdos… tuve el privilegio de vivir aquello
En la serie, lógicamente, se te ve manipulando animales. ¿Has tenido que trabajar con veterinarios para aprender a tratarlos con cuidado?
No hubo una preparación muy extensa. Cuando llegamos a rodar ya había un veterinario allí que nos supervisaba, nos ayudaba a cómo manipular los animales, aunque tampoco es tan difícil… llevamos conviviendo juntos miles de años, somos todos animales [risas].
¿Tienes animales?
Yo siempre me he relacionado con animales y tengo una hermana que siempre ha tenido. Cuando era pequeño, convivía con ellos todos los veranos, daba de comer a los cerdos… era maravilloso. No tengo animales porque creo que hay que tener una responsabilidad con ellos y yo estoy todo el tiempo de aquí para allá y sería un perro abandonado, si tuviera uno.
Rodar en Galicia, ¿te ha hecho regresar un poco a tus raíces?
Me ha hecho reconectar un poco con Compostela, porque soy compostelano y hará como 15 años que me fui de allí. Volver a rodar en mi pueblo te toca mucho la piel, tu infancia, tu vida… De pequeño amaba la lluvia, pero ahora pasados unos años me he acostumbrado a ciudades sin ella, ya tengo una edad, me duelen los huesos, la humedad… La vida te va recolocando y vas envejeciendo, pero no nos pongamos tristes. Muy bien reconectar con Galicia, es un placer rodar al lado de tus amigos, de tu gente… es maravilloso, ocurre pocas veces.
¿Qué has aprendido de los animales en este proceso?
Me fascinaba porque hay una trama en la que estoy deprimido, mi situación me vence y en la clínica abandonan una cobaya embarazada, me apoyo muchísimo en ella… estuve como una semana rodando con el animal. La cobaya la traía de aquí para allá, me fascinó que, como estaba embarazada, debió cansarse o verse amenazada. Tienen unos incisivos que impresionan y hubo un momento que me empezó a advertir dándome un toque con los dientes en la barbilla, como diciendo: "Oye, estoy embarazada, tío, déjame en paz, no me puedes manipular tanto". Hubo una conexión que, te juro que aquella hembra que transmitía la vida, sentía que la defendía. Me pareció increíble porque luego nacieron esas pequeñas cobayas y ya tenía otra actitud con nosotros. Viví una conexión muy impresionante con la cobaya, me llamó la atención cómo me mordía siempre la barbilla en el mismo sitio, era muy tierno.
Cumplo 60 años el año que viene. Me siento identificado con el personaje porque [...] se acaba su mundo y le produce vértigo
Animal saca a relucir ese humor gallego con retranca, con esos dobles sentidos. Contrasta con la imagen que se ha ido forjando estos años con papeles de tipo duro, sobre todo trabajando codo con codo con Sorogoyen. Le preguntaban hace poco a Willem Dafoe en una entrevista que, a pesar de ser un tío majísimo, divertido y afable en la vida real, en la pantalla siempre le daban papeles de tipo duro. Él respondía que así podía vivir esa fantasía de ser otra persona, de recrear sus enrevesadas fantasías. ¿Te ves reflejado?
Sí, es muy bonita la respuesta de Dafoe. Respondería que esta profesión es volver a ser el niño aquel que jugaba a ser una montaña y te lo tomas súper en serio. Es lo maravilloso de esta profesión. Juegas a ser malo, a mí me ha dado muchas satisfacciones y he vivido de eso muchos años. Espero que ahora con la edad me vayan dando otro tipo de papeles, pero bienvenido sea cualquier tipo de personaje y el encasillamiento, porque el problema no es que te encasillen, el problema es no trabajar. Es bonito lo que dice Willem Dafoe, representar la maldad, imaginársela.
Viví una conexión muy impresionante con una cobaya embarazada
¿Te gustaría darte más papeles de humor?
Estoy enamorado de esta profesión. Creo que si confían en ti te dan más variedad de papeles, pero para eso tienen que verlo. Yo estoy ahí, estoy en un momento dulce, este es mi primer coprotagonista con Lucía Caraballo y eso te da la oportunidad de que vean más cosas de ti, más registros, y ojalá salga algo bueno de todo esto, no lo sé.

