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Hablamos con el músico, ganador de dos Goyas gracias a su película dirigida por C. Tangana, sobre su concierto en el Teatro Real, al que llega con todo vendido

Estamos en uno de los palcos del Teatro Real. Entre el rojo de la moqueta, las paredes y la tapicería de las sillas, sobresale una televisión colgada en una esquina del techo. "Lo que no me mola es el momento 'pantallita'. Entiendo que la experiencia es otra para la peña… pero eso le quita todo el encanto. La movida es venir a ver y emocionarte, sin necesidad de más". Yerai Cortés (Alicante, 1995) reflexiona en voz alta, escrutando el que será escenario de su próximo concierto en Madrid este domingo 9 de noviembre. Tiene 30 años, dos Goyas y una relación ambivalente con su identidad. Moderno pero gitano. Purista pero contemporáneo. Guitarrista pero creativo.
C. Tangana fue la mano que le elevó al ojo público dirigiendo la película La guitarra flamenca de Yerai Cortés, en la que la intrahistoria familiar del guitarrista es la excusa para hablar de música y sanar heridas, con Goya para Antón incluido. De su crisis de relación de pareja brotaron la canción Los almendros y el otro cabezón que se llevó a casa. Esa magia de Yerai reside en saber aunar a públicos muy distintos con el arte, su talento. Un don que le ha traído hasta el Teatro Real con un sold out y a esta conversación, que termina (spoiler) con la conclusión aparentemente más sencilla pero tremendamente compleja: el mejor escenario es esa taberna donde compartir unos filetes empanados, guitarra en mano.
Para anunciar tu actuación en el Teatro Real subiste un vídeo en el que decías: "El Teatro Real es como una eminencia. Siempre ha sido el sueño de mi vida". ¿Cómo te sientes ahora?
Tengo muchas ganas porque vamos a hacer cosas que no hemos hecho nunca en la gira y mira que llevo dos años, pero va a durar un poquillo más, vamos a meter cuatro o cinco temas nuevos, va a venir una colaboración…
De la gira te quedan cuatro fechas, contando con esta de Madrid: dos noches en el Teatro Central de Sevilla y otra en Barcelona…. Y ya se acaba.
Y se acaba el año, la gira sigue el año que viene, lo que pasa que ya con otro concepto y otra movida, porque sacaremos disco ahora, a principios de febrero, finales de enero, como por esas fechas. Saldrá un disco de lo que ha surgido en la gira, del show que hemos llevado girando dos años, con todo lo que hemos recopilado… Me he puesto a escribir como si fuera cantante.
Después de la película, con todo lo que he ido viviendo, cómo me ha dejado, cómo me siento y me he ido sintiendo todo este tiempo… He estado escribiendo mogollón de canciones a las que acompaño, no hago ningún solo de guitarra ni nada. Es verte de otra manera, estar de otra manera, que me parecía lo interesante. ¿Cómo soy yo si no soy el protagonista, estar en un segundo plano en un proyecto que es el mío?
¿Cómo ha cambiado tu perspectiva, ya no solo de ti mismo, sino del Yerai artista, desde el estreno de La guitarra flamenca de Yerai Cortés y todo lo que vino después?
Ganar los Goyas es lo que más se ve, te llama más peña, te reconoce más la gente. Entiendo que pensarán: "Si ha ganado dos Goyas es que es bueno". Pero a nivel personal y artístico, que para mí van de la mano, me tocó mucho más cuando me rompí el tendón de la mano izquierda. Ahí me di cuenta de que había un artista que yo no conocía antes. Siempre me había visto como un artista con la guitarra en la mano y cuando me quedé sin mano, sin una de ellas para poder usarla, fue cuando compuse todo este disco. La mayoría de las canciones las compuse con la escayola puesta. Me di cuenta de que había una guitarra por ahí que sonaba aunque no la tuviera en la mano. Fue muy bonito descubrir qué haría yo, quién sería, si no tuviera la guitarra en la mano. En este disco lo muestro ahora.
¿Por qué crees que antes no habías explorado esa parte creativa?
Desde muy pequeño he ido aprendiendo a tocar la guitarra y a componer al mismo tiempo, van muy de la mano. No sabía que podía expresarlo cuando tuviera un proyecto en solitario, siempre he pensado que el guitarrista tiene que demostrar y defender que toca de verdad. Ver cómo se puede incluir todo esto dentro de un álbum de un guitarrista en el que a lo mejor hay alguna canción en la que no hay guitarra pero yo estoy de alguna manera, aunque ni cante ni toque… eso es un descubrimiento para mí totalmente.
Cuando me rompí el tendón de la mano izquierda me di cuenta de que había un artista que yo no conocía antes. [...] Fue muy bonito descubrir qué haría, quién sería, si no tuviera la guitarra en la mano
¿Te ha dado ese descubrimiento el estar de gira, el tener la actuación como rutina?
Este disco lo estoy grabando ahora y la inspiración son dos años de gira rodando. Normalmente es al revés, tú haces un disco y luego te vas de gira. Este disco para mí es muy especial porque me ha dado tiempo a probar las canciones de muchas maneras distintas en el show y de hacerle caso a muchas improvisaciones. Por ejemplo, hubo un concierto en el que de repente todos nos quedamos en silencio, improvisamos algo, conectamos. He ido robando esas cosas del directo que a lo mejor en el estudio no salían. Me he inspirado mucho de este directo y lo que me ha hecho sacar esa parte de ese artista, del que escribe una canción y no hay guitarra o la guitarra simplemente acompaña.
Eso me lo ha dado también la película, porque yo ahí he podido escribir una canción para que termine el desarrollo de una historia que se contaba. Ahí no me he dedicado a mostrar al guitarrista, sino a mostrar lo que quería contar y para eso necesitaba las palabras. He visto que la respuesta ha sido bonita con Los Almendros con Tania, Por tu silencio lloro… donde soy el acompañante. Eso ha sido guapo y de ahí ha nacido esta forma de expresarme en la que a lo mejor no soy el protagonista.
En la gira cuentas con dos espectáculos: solo y guitarra coral. ¿Hay alguna que prefieras antes que otra? ¿En la que prefieras ser el protagonista al acompañante?
Siento que esos dos espectáculos muestran dos cosas muy distintas de mí. Cuando voy solo, me permito más cosas: improviso mucho, no siempre uso el mismo orden, hay veces que cambio los temas… voy tirando según el sitio donde esté, cómo me encuentre. A la vez tengo mucha más responsabilidad porque lo que suena es puramente la guitarra. En el otro, siento que puedo mostrar mi parte creativa nivel escénico, a nivel propuesta, a nivel escritura, con las canciones, las melodías de las letras… Muestro dos cosas, esos dos artistas de los que hablo. El que está en su casa solo con su guitarra y luego el que diseña, hace un espectáculo, muestra su parte como más de creador, creativa.
Tú siempre dices que estás ahí en un punto intermedio: "Demasiado moderno para los flamencos, demasiado flamenco para los modernos". ¿En qué punto estás ahora de esa crisis de identidad?
Cuando saco música o la estoy creando siempre pienso: "Quiero que le guste a esta persona". Te acicalas para esa persona, por así decirlo, musicalmente. [...] En el show en estos dos años, miraba al público y me encontraba a siete u ocho gitanos muy repeinados, guapísimos, que incluso olía el perfume de ellos desde el escenario. Miraba para el otro lado y había cuatro o cinco con el pelo verde, la camiseta rota… y yo decía: "Este con este no pega, nunca les he visto juntos viendo lo mismo". Eso me ha enseñado que no tengo que forzar nada ni tengo que pensar en gustar a todo el mundo porque hay veces que la gente se acerca sola cuando algo le mola.
Me he dado cuenta de que ya no tengo que pertenecer a algo ni ser líder de ningún colectivo; mientras yo esté en búsqueda, el que me quiera seguir, ahí va a estar. La muerte del artista está en dar lo que se espera de ti, en cumplir esas expectativas. Entiendo que la gente me sigue por eso y voy probando.
Me he dado cuenta de que ya no tengo que pertenecer a algo ni ser líder de ningún colectivo; mientras yo esté en búsqueda, el que me quiera seguir, ahí va a estar
Este nuevo disco, ¿a quién quieres que le guste?
Quiero irme yo tranquilo y seguro de lo que estamos mostrando, que es algo de calidad. Que suene a mí y a lo soy en este momento, ser fiel al momento en el que estoy. Hago cosas que me molen a mí y a los míos. Se lo paso a mi madre, a la Tania, les pregunto qué les parece… que le guste a mis colegas a los que valoro musicalmente y p’alante.
Ese es el don precisamente, ¿no? Saber reunir a gente de muchos públicos con tu trabajo
Claro, claro, pero no lo controlas. Llevo toda la vida grabando para discos de colegas probando a hacer cosas comerciales, que haya un tema que lo pete, y no me ha funcionado nada. Por mucho que vayas a lo comercial, luego no sabes qué va a gustar.
Llegaste a Madrid por amor, junto a Tania, cuando tenías 17 años. Ahora tienes 30 años y vives aquí desde entonces. ¿Qué relación tienes con la ciudad?
Soy muy partidario de pensar que es depende de cómo hayas vivido Madrid. Es difícil, independízate y ponte a vivir en el centro en una casa de 15m2 y págalo. Eso es inviable. Sal a cenar y déjate 50 euros con una botella de vino y no comer mal. Es caro, pero es el precio a pagar por estar cerca de la cultura. Madrid es una ciudad muy rica en cultura y en que sucedan cosas maravillosas. Desde que vine a Madrid te puedo hablar de que he tenido un camino muy bonito, de rosas.
Eché currículums en las tiendas de ropa para currar porque yo venía de los tablaos de Alicante pero aquí no conocía a nadie. Empecé a trabajar en un bar, donde me ponía a cortar limones, a vender entradas un día, otro me sentaba en la puerta del bar con la guitarra para que la gente entrara a consumir… estaba de comodín, para todo. Eso es lo más alejado de la música que he estado, dos o tres meses, y después me fui de gira con Richard Bona, que es como empezar la casa por el tejado. Madrid es muy bonito, para mí. He tenido mucha suerte, pienso mucho en eso también.
No considero que haga ningún acto para mantenerme con los pies en la tierra. [...] Todo lo que tengo está en la tierra
¿Cómo haces para mantenerte con los pies en la tierra?
No hago. No considero que haga ningún acto para mantenerme con los pies en la tierra. Tengo muy buenos colegas. Tengo a Tania, que ella ya en sí es tierra, aunque también sea una gran artista. Tengo a mi madre, a mi padre… todo el mundo sabe donde vivo, cuál es mi entorno. Todo lo que tengo está en la tierra. Es verdad que este mundo es muy caprichoso. A todos nos gusta lo bueno, vivir de puta madre… pero luego lo pienso y es que llevo toda la vida igual, si cuando ganaba 200 euros por tocar me gastaba 120 euros en el traje que me iba a poner pasa ese día [risas]. Siempre he sido muy coqueto. O me lo dejaba en invitar a mi compadre al que hacía mil que no veía y digo: "Joder, llego a casa con el bolsillo vacío, pero con el alma llena".
No ha cambiado nada, pero sí he notado el cambio en que ahora tengo muchos más privilegios. Si quiero hacer este vídeo, esta movida.. ¿te imaginas? Y ese "¿te imaginas?" es una realidad. Al final, después de todos los vídeos, las cenas, las giras… todos acabamos luego en la taberna con la guitarra en la mano sacándonos unos filetes empanados, como antes. Después de todos los brillos y todos los focos terminamos ahí, que es donde mejor suena la guitarra.
Al final, después de todos los vídeos, las cenas, las giras… todos acabamos en la taberna con la guitarra en la mano sacándonos unos filetes empanados
¿Dónde irías a escuchar flamenco de verdad en Madrid?
El Corral de la Morería, Flamenco de Leones, Las Carboneras (que fue el primer tablao que confió en mí), De la Villa… hay muy buenos tablaos y no es que haya buenos artistas, es que van figuras, pero tienes que saber a cuál ir. No he vivido un momento más grande en el escenario que cuando he estado en los tablaos. No lo recuerdo. Lo he vivido en las fiestas, con momentos épicos. En el escenario, cuesta. En el estudio, cuesta. Mi enseñanza, lo que toco, desde donde pienso, es desde el tablao. Cada vez que compongo, cada vez que toco la guitarra…
No he vivido un momento más grande en el escenario que cuando he estado en los tablaos. Mi enseñanza, lo que toco, desde donde pienso, es desde el tablao
¿Te gustaría convertir el Teatro Real el día 9 en un gran tablao?
Sí, lo va a ser [risas]. Las seis chicas que vienen cantando conmigo son coristas, pero no han cantado, no se dedican a eso. Son bailaoras de tablao. Esa forma de tocar las palmas se hace en el tablao cuando alguien baila. Me he traído todo eso aquí para que se vea lo del pueblo: la gente que canta, que chilla por cantar la historia… Como el cumpleaños feliz, se nota la melodía cuando se juntan unos cuantos. [...] Todos juntos se nota esa unión del pueblo y de ahí vienen los cantos populares, la taberna. Siento que me traigo un pedacito de tablao al Teatro Real.
Siento que me traigo un pedacito de tablao al Teatro Real
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