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Reseña
Hay obras que se deslizan entre la risa y el abismo, que te arrancan una carcajada antes de devolverte a tus propias sombras. Azul Reproche, de la dramaturga argentina Victoria Varas, es una de ellas. Programada en Timbre 4 Madrid—una de las sedes europeas de la emblemática sala porteña fundada por Claudio Tolcachir, inaugurada en noviembre de 2023 y que desde entonces nos permite descubrir auténticas joyas teatrales—, esta pieza se presenta es un viaje emocional que combina humor, delirio y ternura con la precisión de una coreografía invisible.
La acción ocurre en el delta del Tigre, en una noche húmeda de fin de año. Allí, Mónica (interpretada por Mónica Acevedo) se encuentra sola: sin agua, sin comida, sin familia. Solo las voces de su cabeza, los recuerdos que insisten y una última compañía que podría ayudarla a atravesar el umbral de esa noche de cambio. En este escenario suspendido —entre la realidad y el delirio, entre la vida y la muerte—, Azul Reproche se convierte en una metáfora brillante de la soledad contemporánea, de la necesidad de reinventarse cuando todo se derrumba. A su lado, Sireno del deseo (Javier Ubilla Martín) —tan tierno como desvergonzado— le ofrece un espejo donde mirarse, un interlocutor que parece venir del sueño o de una resaca particularmente lúcida. Completa el elenco Claudia Tarongí, aportando equilibrio y contención en una obra que transita entre lo absurdo y lo sagrado.
Mónica Acevedo y Javier Ubilla Martín construyen una dupla magnética: ella, vulnerable y feroz; él, con la energía luminosa de ese amigo que te sostiene en mitad del naufragio. Su química escénica transmite una amistad cómplice y necesaria, el tipo de vínculo que, más que salvarte, te devuelve a ti misma.
La dirección de Romina Gutiérrez Catalán propone una puesta en escena donde la isla respira junto al público. Los sonidos del agua y los pájaros se escuchan en directo, como si la naturaleza misma acompañara el tránsito emocional de los personajes. El diseño escénico de Belén Abarza Castillo —reconocible por su delicadeza y precisión, como ya demostró en Hilda Peña— transforma ese rincón del Tigre en un refugio frágil, casi onírico, donde los personajes parecen naufragar y renacer al mismo tiempo. Limbo de belleza precaria, donde cada objeto cobra un significado simbólico.
El texto de Victoria Varas es un hallazgo que navega entre la confesión y el delirio. Su escritura respira una musicalidad que recuerda al realismo mágico y explora con humor y lucidez la neurosis, el deseo y la contradicción de estar vivas. Hay pasajes en los que el espectador se ve reflejado, sin defensa posible, frente a esa Mónica que se emborracha, baila, recuerda y se aferra a su deseo como último acto de resistencia. Azul Reproche habla de la neurosis, de los fantasmas internos, de la contradicción del deseo, pero lo hace con una alegría vital que desarma.
En el fondo, esta es una historia sobre sobrevivir. Sobre bailar al borde del precipicio con una copa en la mano y una herida abierta en el pecho. Varas, Gutiérrez y el equipo de Migratoria Teatro y Obradoras Escénicas logran que esa mezcla de dolor y celebración se vuelva luminosa, casi mística. Al salir de la sala, uno siente que ha asistido a una fiesta donde se baila con los muertos y se brinda con los miedos.
Y entonces llega ese final.
Sin revelar nada, basta decir que solo por presenciarlo —por ver cómo esa escena estalla entre el desparpajo, el glitter y la melancolía— merece la pena acercarse a Azul Reproche. Es un cierre que desmonta cualquier solemnidad y devuelve al público la emoción y la certeza de haber compartido algo profundamente vivo.
Azul Reproche confirma que el nuevo espacio de Timbre 4 Madrid es una de las casas imprescindibles para descubrir la dramaturgia latinoamericana contemporánea: un teatro que no teme al exceso, que celebra el humor como forma de resistencia y que nos invita, una vez más, a bailar incluso cuando amanece. Una joya escénica que no deja indiferente, y que —como toda buena resaca— nos recuerda que seguir vivos también duele, pero merece la pena.
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