Juan Diego Botto devuelve a Lorca al presente con una pieza que ya es un clásico contemporáneo. Aunque no sea un estreno absoluto, la reposición de Una noche sin luna en el Teatro Español es sin duda uno de los acontecimientos teatrales del año. Desde su estreno en 2020, la obra no ha dejado de llenar teatros y acumular premios: el Premio Nacional de Teatro 2021 para Juan Diego Botto o Premio Max al Mejor Espectáculo y Mejor Actor en 2022, entre otros. Para muchos espectadores se ha convertido ya en una experiencia obligatoria.
Pero más allá del palmarés, lo esencial es de qué manera Botto consigue que Federico García Lorca vuelva a hablar desde el siglo XXI, con humor, ironía, delicadeza y un eco doloroso que resuena en nuestro presente. La obra se articula a partir de entrevistas, conferencias, textos y fragmentos del poeta, entrelazados con una dramaturgia que construye un Lorca íntimo, político, lúcido y profundamente humano.
Una noche sin luna es también una reflexión sobre la libertad artística, la identidad sexual, el papel de la mujer, la memoria histórica, y sobre cómo los discursos lorquianos continúan siendo incómodamente actuales. Botto, como autor e intérprete, crea un diálogo directo con el público que a veces parece conversación, a veces invocación, a veces despedida. La dirección de Sergio Peris-Mencheta subraya ese juego de espejos entre pasado y presente, un viaje emocional a través de la vida del poeta, desde la Residencia de Estudiantes hasta sus últimos días. La anécdota de Ian Gibson que da nombre a la pieza, la noche sin luna en que fue fusilado, se convierte aquí en un punto de partida poético para alumbrar lo que somos hoy. Si no la viste, es el momento. Y si la viste, merece (mucho) una segunda vuelta.






















