Iphigenia en Vallecas

Teatro
5 de 5 estrellas
Iphigenia en Vallecas

Autor: Gary Owen. Director: Antonio D. Guijosa. Intérpretes: María Hervás. 

María Hervás. Y punto. Así sale uno de 'Iphigenia en Vallecas': atravesado por un talento poco común, el de una actriz con una verdad apabullante, única, insólita. Hervás es la razón de ser de la función, el objetivo de ir a ver el espectáculo y lo que se queda en el corazón tras ser devuelto a la calle Embajadores, donde se encuentra ese Teatro Pavón Kamikaze que tanta falta estaba haciendo en el panorama teatral madrileño.

Iphigenia cuenta su historia con naturalidad, con verdad, con tristeza, en un registro que en apenas unos minutos pasa de resultar una sorpresa a engancharte por su incuestionable organicidad. No contentos con esto, Antonio C. Guijosa (el director) y Hervás dan pinceladas de otros personajes, de trazo grueso, pero completas, de manera que la actriz muestra y demuestra toda la gama de la que es capaz. Su peripecia, fácil de seguir desde el principio, consigue superar la marcada estilización del personaje y llega un momento del espectáculo en el que atrapa sin remedio. Lo único que importa ya no es si es de Vallecas o con quién se encuentra, sino cómo va a superar esa heroína su propia tragedia. Si algo habría que matizar son los últimos 30 o quizá 40 segundos; un subrayado de dirección que, a mi entender, no es necesario, y que si bien no resta fuerza al buen sabor de boca y a la admiración por la propuesta, tampoco aporta nada que no esté ya contenido en la misma.

Los grandes cubos que acompañan a Hervás en escena aportan precisamente eso: compañía a una actriz que, de otra manera, estaría un poco más sola frente al público. Funcionales y atrezados, también dan profundidad a la escena: ambos valores, si bien no son narrativos, en una propuesta como esta son imprescindibles. El sonido y la música están utilizados con mesura, aunque osadamente cuando es necesario: Iphigenia se basta y se sobra para llenar el escenario.

Y si, pese a todo, no deciden a acercarse porque tienen miedo de llevar a su hijo adolescente a una tragedia greco-vallecana, he de decirles que en el patio de butacas había un buen grupo de millennials que habían venido juntos. No hay nada como hablarle a alguien en su lenguaje para que se sienta aludido: 'Iphigenia en Vallecas' es justo lo que consigue, que la tragedia suceda entre nosotros, y que la anagnórisis sea percatarnos de que los héroes no son los que imaginábamos.

Por Pilar G. Almansa

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