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Así es un club (legal) de fumadores de cannabis en pleno centro de Madrid

Escrito por
Time Out editors
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"¿Tu fumas?", me preguntaron un sábado a eso de las 5 de la tarde. "Tabaco, no", contesté en tono jocoso a mi interlocutor, un amigo de un amigo con el que había coincidido en un par de noches, una de ellas ciertamente salvaje que incluyó mezcales, peleas, intentos de robos, una pelea y un vómito en un taxi.

-"¿Te apetece ir a un club de fumadores?"

Al oírlo, lo primero que pensé fue en un grupo de viejos fumando en pipa y charlando sobre política, economía y temas en profundidad, pero eso no me pegaba con la persona con la que estaba hablando, así que le dije que me explicará bien en qué consistía eso antes de nada.
“Es un sitio en el que pagas 10 euros mensuales por hacerte socio, y allí puedes fumar tus porros tranquilamente. Tienen muchísima variedad y la calidad es increíble, no te imaginas”.

"¿¿¿Y eso es legal???", fue mi asombrada respuesta, pues no tenía ni idea de que existían sitios así, una especie de coffee shops a la española en la que, me explicó, hay actividades culturales, películas, fútbol, se puede beber cerveza y, todo ello, sin infringir la ley. Llegas, ‘retiras’ el cannabis (nunca compras, ni pillas) y a fumar. Sí, había que conocerlo.

Todo huele a clandestino, a prohibido, a no demasiado legal. Pero lo es. O al menos a priori. La puerta negra, la oscuridad alrededor de ella, crean un halo ciertamente turbio que deja una sensación de estar entrando en un local fuera de la ley. Cuando te reciben, la primera pregunta es un ‘qué deseas’ algo intimidatorio. Y es que no es un sitio de libre acceso para todo el mundo: todo aquel que quiera ingresar en el club, debe ir recomendado por un socio. O rellenar una inscripción que será muy estudiada antes de recibir el ‘ok’.

Una vez aclarado que vas de parte de alguien de confianza, de un socio ‘antiguo’, y que te declaras fumador habitual de cannabis, llega la explicación. "Somos una asociación sin ánimo de lucro", empiezan para justo después aclarar que el dinero que cuesta hacerse socio (alrededor de 10 euros mensuales o 50 anuales es lo habitual en estos locales) es porque "hay que pagar la luz, el alquiler y las personas que trabajan aquí". El sistema es como el de una cooperativa. "Igual que hay de tomates o berenjenas, la nuestra es de cannabis", explican. La idea es clara: un cultivo conjunto en el que cada miembro retira después su producto. Y es que la palabra clave en este club es RETIRAR. "Tú no pillas, ni compras, retiras tu producto". Hacen especial hincapié en ello para que no se les acuse en ningún momento de tráfico de drogas, a la vez que te explican que la cantidad que tienen en el local no es demasiado elevada.

Llama la atención lo mucho que se incide en la discreción como clave de que un local así no tenga problemas con las autoridades. “Nunca os quedéis en la puerta”, “si esperáis a un amigo, hacedlo en otro lado, un poco apartados”, “no dejéis el coche en doble fila en la puerta” o “no os saquéis bebidas ni por supuesto fuméis fuera” son algunas de las claves que te apuntan. El objetivo es no llamar la atención, no molestar a nadie, pasar totalmente desapercibidos. Que sea un negocio perfecto para el resto de vecinos, que no tengan ni una sola queja.

Y entonces llega la gran cuestión, uno de los aspectos más controvertidos: ¿se puede sacar el ‘producto retirado’ a la calle? Sí, se puede. Es tuyo y por ello te lo puedes llevar a casa. Como bien te recuerdan, es ilegal llevar cannabis en la vía pública, por lo que su consejo es que te lo fumes dentro…  o que te lo guardes en tus partes. "Ahí no pueden registrarte (la Policía), y si lo hacen, firma bajo protesta y llámanos, te ofrecemos apoyo legal". Eso sí, tras este consejo, reiteran que lo ideal es consumir el producto dentro del local, "que para eso está", y te ofrecen una especie de taquillas para que puedas guardar lo que has retirado y no has agotado ese día.

Una vez dentro, que nadie espere un local turbio ni un ambiente extraño. Unos cómodos sillones, algunas mesas y unas barras. La normalidad más absoluta. Conciertos, partidos de fútbol, monólogos, un billar, o juegos de mesa son algunas de las actividades que ofrece el club para pasar el rato junto a tu bebida favorita y, por supuesto, el producto estrella del local, el cannabis. Varios folletos te muestran los distintos y variados tipos de maría y cannabis para que elijas, un par de personas te atienden y te asesoran, te los dejan examinar a fondo y escoges lo que deseas. No puede ser más sencillo. Es todo tan normal, tan tranquilo, tan aparentemente ideal, que pensar que se pueda intentar prohibir locales así suena un poco absurdo.

P.D.: No, no es difícil encontrar uno de estos locales en Madrid. Basta con una sencilla búsqueda en Google y te serán mostrados varios de ellos. Una vez allí, ya sabes lo que te vas a encontrar. 

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