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Ramen por palomitas

Por
Gorka Elorrieta
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Muchos mangas como ‘El gourmet solitario’, del gran Jiro Taniguchi, nos han puesto los dientes largos. Todo lo que le servían al protagonista en su viaje por varias izakayas no estaba ni remotamente cerca de lo se podía disfrutar por aquí. Puede que volando a Japón te acerques a aquel tipo de propuestas pero ni siquiera es tan fácil encontrar ESE sitio, familiar y exquisito, si no tienes un guía local amigo (o sus lugares y platos apuntados en japonés).

Pero esos días han terminado. Solo temporalmente. Durante apenas dos semanas. Un pestañeo. Lo que duran, si llegan, muchas películas como la nueva de Kore-eda, por más que haya ganado el Premio Público en el Festival de San Sebastián y que el manga original fuera galardonado entre lo mejor del año en su país de origen. En ese abrir y cerrar de ojos que va del 23 de marzo al 3 de abril el restaurante Hattori Hanzō, valiéndose del estreno de ‘Nuestra hermana pequeña’, replica algunos de los platos que aparecen en la pantalla a la vez que acerca e interpreta elaboraciones tradicionales de Kamakura y Enoshima, las dos zonas que enmarcan la historia.

No esperéis el licor de ciruela con receta secreta de la abuela que comparten las cuatro protagonistas pero sí habrá, por ejemplo, umeshü en tres versiones: básico, añejo y miel. El menú degustación (35 €, una bebida incluida, de té sencha a cerveza importada) arranca con miso-shiru (sopa de miso casera) y kabocha no shogayaki (calabaza asada con miel y jengibre) para seguir con aji furai (fritura de caballa con salsa verde japonesa de anchoas, yuzukosho y sisho) y donburi de curry japonés de marisco y cerrar con un dorayaki de judía roja.

Quizás sea imposible traer a la mesa ese delicado y pulcrísimo espíritu que gobierna de manera innata el gesto culinario nipón, quizás no estén todos platos de la película representados (aunque su trabajo de investigación ha sido tan fiel como loable), pero quienes vayáis al cine, saldréis con ganas de coger un bol y un par de palillos. Tan seguro como que después de ‘Una pastelería en Tokio’, de la genial Naomi Kawase, fuimos detrás de algún dorayaki (por industrial que fuera). Y, oye, el restaurante no está muy lejos de los cines Golem. Son 10 minutos para ir comentando la película. Nadie mejor que ellos, que llevan dos años interpretando ese enorme recetario que va mucho más allá del sushi (ahí están su paseo por Hokkaido o su lustrosa versión del hakata black ramen), para completar una clásica velada de cine+cena.

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