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Albert Serra
©Maria Dias

Albert Serra: "Esta película deja mal sabor de boca y tiene un componente muy oscuro"

El cineasta catalán filma una gran escena de 'cruising' en 'Liberté', una película incómoda que huele a sudor genital

Por Josep Lambies
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El más disruptivo de nuestros cineastas, maestro en el arte de la provocación, nos cuenta en 'Liberté' un relato de sadismo y carnalidad que huele a sudor genital. Trata de un grupo de libertinos del siglo XVIII que se encuentran en un bosque durante una noche de tormenta eléctrica y fornican entre la hojarasca. Se miran, se manosean, se azotan y se hacen daño. Bajo el peso de sus pelucas, en un charco de barro, se entregan a una lubricidad extrema como cadáveres expuestos a la voluntad de los cuervos.

¿Cómo llegaste a la idea de la sesión de 'cruising'?
Me interesaba crear un contexto de abandono. La película comienza de una manera un poco naíf, estética, cuando estos nobles escapan con los carruajes y explican que quieren raptar a unas monjas jóvenes. Pero poco a poco explora la insatisfacción y la frustración del deseo, que es un asunto muy contemporáneo, que quizás se pueda leer desde un punto de vista freudiano.

Es una película terriblemente anatómica. ¿Cómo te planteaste la filmación de los cuerpos?
Todo el tiempo hay algo que es como desagradable, o demasiado insistente. Hay asco, deja mal sabor de boca, aparte de que tiene un componente oscuro.

'La muerte de Luis XIV' acababa con la autopsia del rey, una escena macabra en la que se veía cómo le sacaban las vísceras gangrenadas de dentro del vientre. Da la impresión de que has pasado de Tánatos a Eros.
Es así. También es interesante que 'La muerte de Luis XIV' se centraba en el rostro de un solo personaje que agonizaba. En 'Liberté', en cambio, parece que los personajes se pierden y lo que queda es la exposición del cuerpo, la desnudez. Es la confusión y el caos del placer.

Todo transcurre en una noche, en un bosque en el que caen rayos. ¿Qué papel juega la atmósfera?
Podríamos decir que esta es una película sobre la esterilidad de la noche. En la noche no existe el conocimiento progresivo. En el día, sí. El día tiene memoria. Pero en la noche siempre estás empezando. Todo esto se ve acentuado por este bosque barroco, de ramas largas, opresivo. Si lo piensas, el 'cruising' es un intento de apropiarse de la naturaleza en estado salvaje.

En 'Historia de mi muerte' aparecía el personaje de Casanova. ¿Qué es lo que te inspira de los libertinos del XVIII?
Forman parte de un período interesante, al menos estéticamente, aunque también representa un momento de utopía, de cambio social. En el siglo XVIII el deseo se empieza a pensar. Desde entonces, ya no nos podemos enfrentar a él ingenuamente. El libertinaje crea una sensibilidad romántica en la que la gente se relaciona con el placer de una manera íntima y compleja.

¿Es una película provocativa?
Antes de ser una película, era una obra de teatro, una especie de performance caótica que se programó en Berlín. Esto se nota, porque no existe la convención del cine. Si ves '120 días de Sodoma' de Pasolini encuentras una visión ideológica de Sade, que habla de abyección y de injusticia, preparada por un director. Cuando se estrenó la obra, un crítico dijo, en tono negativo, que era como si los actores estuvieran abandonados en el escenario. Es exactamente esto. No están a mi servicio, apenas les doy instrucciones. Los abandono a su suerte y los observo. Las fricciones entre ellos, la tensión, la desesperación... todo esto es real.

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