Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Madrid icon-chevron-right Los Javis: "A veces, según lo que escribimos, pienso que tendríamos que mandarlo a nuestro abogado"

Los Javis: "A veces, según lo que escribimos, pienso que tendríamos que mandarlo a nuestro abogado"

Javi Calvo y Javi Ambrossi nos cuentan los secretos de la 3ª temporada de 'Paquita Salas', que se estrena en Netflix el 28 de junio

Javi Ambrossi y Javi Calvo
©Alfredo Arias
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La última vez que vimos a Paquita Salas llevaba en las manos una caja de cartón donde había metido su vida entera, decidida a tirarla a la basura, como si fuera a borrarse a sí misma del mapa, para desaparecer y no volver jamás. Por suerte no será así. Netflix está a punto de estrenar la tercera temporada de la serie y nosotros nos sentamos a charlar con sus creadores, los Javis. Supuran inteligencia, ganas y buen humor. Están a punto de irse de gira con 'La llamada', que lleva ya seis años en cartel, mientras escriben el guion de un nuevo proyecto sobre la vida de La Veneno, icono de la visibilidad trans. “Lo hacemos y ya vemos” es su lema. Los dos lo llevan tatuado en el brazo derecho.

Empezaré recordando un momento de la anterior temporada, cuando Paquita visitó el 'Ecce homo' de Borja y dijo: “Yo soy como ese cuadro, una mujer a la que el tiempo ha pintado por encima y que no tiene sentido”.
Javi Ambrossi: Es la gran revelación de Paquita, cuando se da cuenta de que ha pasado de moda y de que lo que hace es ridículo. Necesitaba tocar fondo, y de eso iba la segunda temporada. Ahora hemos escrito nuevos capítulos más vitalistas, sobre la posibilidad y la dificultad de reinventarse.

Siempre pensamos que 'Paquita Salas' era una serie de humor, pero llegó un momento en el que se convirtió en algo un poco trágico.
Javi Calvo: Es lo que nos gusta. No queríamos quedarnos en un solo tono. Pasa como con 'La
llamada', que es una comedia que hace llorar. Cuanto más te ríes con un personaje, más cariño le coges y más vulnerable lo ves.
J.A.: Y le hemos dedicado tanto tiempo a Paquita que para nosotros es como si hubiéramos hecho en cada temporada nuestras siguientes películas.
J.C.: 'Paquita Salas' se ha convertido en un laboratorio para nosotros, en el que hemos podido experimentar. Es como 'Los Simpson', que admiten un capítulo de Halloween o de Navidad, y que de pronto están en el pasado o en el futuro. Paquita es una, grande y libre.

Se cuenta que el personaje de Paquita nació como un juego de improvisación con Brays Efe, en el salón de vuestra casa. ¿Esperabais entonces que tendría tanto recorrido?
J.C.: Primero pensábamos que iba a ser una serie cómica y corta, pero en cuanto empezamos a escribir el primer capítulo ya vimos que esa señora tenía muchas cosas que contar.
J.A.: El personaje nos guía. Está muy vivo y nosotros dejamos que todo fluya. Es probable
que la tercera temporada sea la mejor de las tres. Ahora la gente ya nos conoce y podemos ir a sitios más complejos. Hay algo supervalioso en lo que ha aprendido Paquita, que es que rendirse también es una victoria. Parece que seguir intentándolo es la única manera, pero eso a mí me suena a frase de Mr. Wonderful. A veces es mejor no intentarlo más y aceptar que has fracasado para poder reinventarte. Eso sí es superbonito. Es lo que me pasó a mí con mi carrera de actor. Vi que no iba a ningún sitio, la aparqué y me fui hacia otro lado. Cuando vas mal, igual la culpa no la tiene el mundo entero, igual la tienes tú.

Mucha gente vio como un riesgo que 'Paquita Salas' se fuera a Netflix. ¿Vosotros también lo vivisteis con miedo?
J.A.: En ese momento nosotros también estuvimos inquietos, pero Netflix entendió desde el principio que esta era una serie para dejarla libre. Y nunca nadie ha opinado sobre 'Paquita Salas' salvo nosotros.
J.C.: No somos excesivamente ambiciosos. Sabemos que queremos crear nuestras cosas, de manera artesanal. No nos gusta vendernos. Si con eso no tenemos suerte siempre podemos volver al 'off' de La Latina y hacer algo de cero. No necesitamos más. Y por ahora, con tener a mi Paquita yo ya soy feliz.

La segunda temporada empezaba con la historia de una actriz, Verónica Echegui, que decía que se cagaba en España. Después, en otro capítulo, salía un retrato ecuestre de Ana Obregón envuelta en una rojigualda. ¿La libertad cubre todo ese espectro?
J.A.: La serie es compleja como la vida. Hay gente que se quiere enroscar en la bandera de España y otra gente que quiere cagarse en ella. Hasta que no comprendamos esto iremos fatal.
J.C.: Se dice que los Javis somos blancos. Yo no lo creo. A veces, según lo que escribimos, pienso que tendría que enviárselo antes a mi abogado.
J.A.: Es cierto que le ponemos muchos colorines, pero al final cada personaje habla con su ideología.
J.C.: Eso sí, es una serie que no mira por encima del hombro a nadie.

En la segunda temporada Rosalía cantaba la canción de la cabecera. En esta nueva temporada la canta Isabel Pantoja.
J.A.: Somos visionarios. Nos anticipamos al boom de Rosalía y grabamos con Pantoja antes de que fichara para 'Supervivientes'.
J.C.: Con Rosalía contactamos por Instagram, porque la admirábamos mucho. En el caso de Isabel Pantoja nos llamó una persona en común diciendo que estaba interesada en conocernos y fuimos rápidos como el viento.

La transformación de Brays en Paquita es increíble. ¿Cómo lo vive él?
J.C.: Brays y Paquita son como dos personas reales distintas, independientes. Él tiene que pasar por un proceso físico muy exigente. Tiene que depilarse entero, tiene que teñirse porque no usa peluca y tiene que afeitarse dos veces al día, con cuchillas extrafuertes.
J.A.: Es muy intenso. Son doce horas de rodaje con tacones, faja y una braga que tiene una parte metálica para que no se note el paquete.
J.C.: Se prepara psicológicamente, porque el cambio es muy bestia, y de hecho él habla de Paquita en tercera persona. Se posee un poco por su espíritu. Y cuando acabamos de rodar cada temporada se desnuda, integral. Se quita la faja, las pechugas falsas, todo.

¿Seguirá tomando Larios y torreznos?
J.A.: Torreznos ya no, porque al comerse el último de Tarazona los dejó para siempre. Puso un punto y aparte.
J.C.: Ahora se da al churro. Tenía que reinventarse y hemos buscado cosas nuevas que puedan enriquecerla. Nuevo vestuario, nuevas gafas, nuevas aficiones. 

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