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Fernando Trueba
BTeam Pictures

Fernando Trueba: "Los principios están para saltárselos"

Charlamos con el director sobre su nueva película, 'El olvido que seremos', sobre la alegría de Javier Cámara, sobre mitos y sobre Billy Wilder

Por Àlex Montoya
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Con una veintena de films a sus espaldas, y con un Oscar dedicado a su Dios (y al nuestro) Billy Wilder (por 'Belle Époque', 1992), cada nuevo proyecto de Fernando Trueba (Madrid, 1955) obliga a estar atentos. Con 'El olvido que seremos' adapta un libro que ha marcado a Colombia: escrito por Héctor Abad Faciolince, cuenta la historia de su padre, el asesinado doctor Héctor Abad Gómez, pionero defensor de la sanidad pública en el violento Medellín de los años 80.

Pese a su trágico final, la peripecia del doctor Abad es luminosa.
Ya la novela, que en realidad son unas memorias, tenía su propia luz. Héctor dice que las escribió porque, 20 años después del asesinato de su padre, la gente empezaba a olvidarlo. Es un libro contra el olvido: hay que recordar a la gente buena, que hace cosas por los demás.

Pones el foco en la mirada limpia del niño hacia el padre, en sus buenos recuerdos.
Quería contar la felicidad, esa burbuja familiar maravillosa, esa educación tan libre y bonita que el padre da a sus hijos. Es el corazón de la película. Luego también está el dolor de la pérdida. Pero fíjate que mucha gente me ha dicho que se acordaba de 'Belle Époque'... No tienen nada que ver, pero sí hay cosas en común, supongo que todos tenemos nuestra manera de mirar la vida. En todo caso, en la película también hay una parte importante en la que la família ya ha sido herida, y el niño ya es adulto y pasa por esa fase de matar al padre que casi todo el mundo vive...

Hay que recordar a la gente buena, que hace cosas por los demás

¿Cómo vivieron Héctor y su família el ver en pantalla su historia? Y, en concreto, la escena del asesinato del padre...
La primera proyección que hicimos fue para la família, en Medellín, y para mí era una de las situaciones más comprometidas y difíciles de mi vida. A Héctor ya se la había enseñado antes, en Madrid, pero él decía que no había podido verla por culpa de la cortina de agua que salía de sus ojos. Él dice que está muy contento con el resultado. Yo me ponía en su lugar y me aterraba... Pero fue bonito: por ejemplo, Cecilia, la madre, me dijo algo precioso: "Fernando, me he reído tanto... y me he quedado congelada, ¿de qué te ríes?" Es que para ella fue como ver pasar el álbum de fotos de su vida.

¿Por qué elegiste a Javier Cámara como protagonista?
Por un lado porque era el favorito de Héctor, le recordaba mucho a su padre. Entonces pensé que era una pena que Javier no fuera colombiano. Buscamos a un actor de allí, pero yo no dejaba de pensar en Javier. Es que comparte con el doctor Abad algo que no se puede impostar, esa alegría de vivir, esa forma de reír a calzón quitado y con la boca abierta.

 ¿Qué tiene Javier? Siempre pienso que pertenece a la estirpe de actores de otras épocas...
... como Fernán-Gómez, Alexandre, José Luis Ozores... te lo iba a decir. Creo que Javier hubiera estado perfecto en cualquier película de Berlanga, podría haber hecho 'Plácido' o probablemente habría estado mejor que Nino Manfredi en 'El verdugo'. Tiene eso tan bonito que es moderno pero también antiguo. Y respecto a 'El olvido que seremos', había algo importantísimo: documentándome, es muy raro no encontrar una fotografía del doctor Abad en la que no esté carcajeándose. Ahí pones a Marlon Brando y la caga. Javier es la alegría de la huerta, y no darle esa alegría al personaje lo hubiera convertido en otra cosa.

Has estrenado muchas películas. ¿Esta provoca un gusanillo especial por todo lo que hemos hablado?
Tengo tantas ganas de que se estrene en Colombia... porque para ellos es un libro especial, muy importante, que ha leído muchísima gente, es quizás el libro colombiano más amado después de 'Cien años de soledad'. Estábamos rodando en la calle y mucha gente se acercaba a darle las gracias a Javier, le hablaban como si fuera realmente el doctor Abad. Es un personaje que ha marcado al país.

Las cosas se ponen en su sitio cuando ocurre algo como una pandemia

En la película hay una epidemia de tifus y se habla de vacunas y de la importancia de la sanidad pública. Es casi un espejo de lo que estamos viviendo.
Sí, fue una coincidencia curiosa. Hemos vivido una época en la que hemos aplaudido a los médicos y a los sanitarios, nos hemos dado cuenta de lo importantes que son. Las cosas se ponen en su sitio cuando ocurre algo como una pandemia, vemos cuáles son las prioridades. Es verdad que somos el animal que tropieza cincuenta veces con la misma piedra. Pensamos que podemos hacer negocio de la muerte, la salud... es de las cosas más tristes del ser humano. Cuando leo que se pide la liberalización de las patentes de las vacunas, pienso que a ver si es verdad: esta es una emergencia mundial y hay que responder a ello todos a una, nadie debería ser privilegiado. De todos modos creo que la opinión pública ha cambiado, y los niños y adolescentes a los que la pandemia va a marcar la vida espero que sean más conscientes y responsables que las generaciones anteriores, estoy seguro que menos cínicos. 

¿Te gusta mirar atrás y hablar de tus películas?
Nunca las veo, pero me encanta recordar anécdotas de los rodajes, de gente con la que he trabajado, es difícil que en una charla no me dé por hablar de Fernán-Gómez, de Bebo Valdés, de Jean-Claude Carrière, personas que he tenido la suerte y el privilegio de conocer. Y de Rafael Azcona, claro, con el que tuve el privilegio de hacer unas cuantas películas, pero también de comer a menudo con él durante 15 años.

Es que tú te has cruzado con una cantidad de talentos...
Siempre digo que a mí se me recordará porque he ido al banco a sacar dinero con Billy Wilder y al taller a recoger el coche con Robert Bresson (risas). Es muy absurdo que me hayan pasado estas cosas...

Hablemos de nuestro Dios Billy Wilder, al que dedicaste el Oscar por 'Belle Époque'.
Era tan simpático, acogedor, su sonrisa, esos ojillos, daba la impresión que le conocías de toda la vida. Fue el único que me dijo que ganaría el Oscar, cuando la favorita era 'Adiós a mi concubina'. Al día siguiente me telefoneó: "¡Soy Dios! ¡Cómo has podido decir eso, ahora la gente se cruza conmigo por la calle y se santigua!" (risas)

Traicionarse a uno mismo es fenomenal

¿Has sido mitómano?
Me gustaría decir que no, pero quizás la realidad me desmienta. Hay gente a la que he admirado más allá de lo normal: Billy Wilder, Robert Bresson, Picasso, Groucho Marx...

¿También, como Groucho, tienes unos principios flexibles?
Los principios están para saltárselos, y los he vulnerado. No hay que ser rígido, hay que ser abierto, dialogar con el diferente. Traicionarse a uno mismo es fenomenal.

Estás preparando 'The Shot the Piano Player', otra peli animada y musical con Javier Mariscal, después de vuestra experiencia con 'Chico & Rita'.
Sí, está bastante avanzada, estamos terminando con la creación... Xavi ha hecho unos dibujos preciosos, una belleza, y pronto empezaremos con la animación, espero que se pueda ver el año que viene. Nos encantó trabajar juntos, lo pasamos muy bien, y quedamos muy contentos con 'Chico & Rita': tienen algo que ver, pero curiosamente tiene mucho que ver con 'El olvido que seremos', porque esta también habla de la memoria, de cómo alguien se mantiene en el recuerdo tras haber desaparecido, y también del choque entre la belleza y la barbarie, con un contexto de dictaduras latinoamericanas, toques de thriller, política, documental...

¿Te tienta entrar en el mundo de las series?
Sí, de hecho tengo un proyecto que creo que sería muy bueno para hacer una serie, y creo que sería buenísima. Es una mezcla de relato histórico, político y de aventuras, tiene de todo, a ratos parece de John le Carré. De momento, en el único sitio en el que la hemos presentado no han respondido bien, y estamos pendientes de otras respuestas, pero no tiro la toalla.

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