Muchos hijos, un mono y un castillo. Parque del Calero

Cine
3 de 5 estrellas
Muchos hijos, un mono y un castillo. Parque del Calero

Time Out dice

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El puro esperpento. Gustavo Salmerón filma un retrato de su madre que no tiene nada que envidiar a la flatulenta Carmina a quien Paco León inmortalizó cagándose encima al volante del coche. Pero aquí el clima es aún más inverosímil. La protagonista es una mujer de clase media que, al recibir una herencia jugosa, decidió comprarse un castillo de aspecto tenebrista, con sus torres en punta, y unos pasillos eternos que tiene llenos de armaduras, escudos de la antigua nobleza y bolsas de plástico donde acumula un Diógenes lleno de poesía.
 
El personaje y el espacio viven en una simbiosis perfecta, entre la magia y el horror. Sentada ante la cámara, con una elocuencia grotesca, la madre nos habla del día en que tiró la muela de uno de sus hijos dentro de una taza de café en el bar de El Corte Inglés pensando que era una pastilla de sacarina. Nos cuenta cómo lo hizo para amortajar el cuerpo de un niño con alfileres. Y confiesa que tiene las vértebras de su abuela perdidas en alguna de las columnas de objetos dispares que se amontonan en el caserón.

Podría ser la versión ibérica de una de las fotos de Diane Arbus, con olor a naftalina y taxidermia. Salmerón coloca la cámara en la finca familiar como si paseara por un cementerio de la aristocracia española. Es la mansión de Fernando Rey en 'Viridiana' ocupada por los pobres tullidos. Y el ridículo entrañable de las situaciones se mezcla con los fantasmas de la Historia en mayúsculas, como si de rebote el director se hubiera propuesto destripar el pasado del país. El relato del cadáver de Primo de Rivera convertido en croquetas es exquisitamente genial.

Dir. Gustavo Salmerón. España, 2017. 91 min.

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