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Rodrigo Cortés
©Nacho López

Rodrigo Cortés: "No es diferente filmar en un ataúd que en un pasillo a oscuras"

El director de 'Buried' estrena 'Blackwood', una cinta de terror lúgubre rodada a la luz de las velas, que ocurre en un internado para adolescentes conflictivas

Por Josep Lambies
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Sigue siendo aquel loco que rodó una película, 'Buried', dentro de una caja de madera de pino enterrada a unos cuantos metros bajo tierra. Y, aunque ahora trabaje en escenarios menos angostos, su cine todavía inspecciona el lenguaje de las arquitecturas opresivas. "No es tan diferente filmar en un ataúd que en un pasillo a oscuras", confirma. En 'Blackwood', Rodrigo Cortés adapta lo que él define como "una novela de los años 70 para jovencitas impresionables de ese tiempo", un relato de terror fantasmagórico que transcurre en un internado para chicas conflictivas, situado en una mansión inglesa con grandes ventanales, molduras escultóricas y escalones de madera carcomida que cruje. "Lo más maravilloso de este proyecto es que me permitió inventar, diseñar y construir un mundo desde cero".

Primero son susurros, después la intuición de una sombra que se esconde tras las cortinas y poco a poco la pesadilla se adueña del lugar como el destello de un relámpago en la penumbra. "Fue un rodaje muy exigente, sobre todo por lo que respecta a los juegos de una iluminación dura. Hay un momento en el que se pierde la electricidad y esas escenas las hicimos solo con velas, sin ningún foco de apoyo. Y luego hay otro momento en el que hay fuego, y es fuego real, sin remaches digitales. Teníamos a todo el equipo con extintores y máscaras antigás", nos explica, con un cierto orgullo. También Stanley Kubrick rodó fragmentos de 'Barry Lyndon' a la luz de unos candelabros. 

Hablando de Kubrick, Rodrigo Cortés dice que se imaginó que estaba en el Hotel Overlook de 'El resplandor', en un sitio aparentemente ordenado, pulcro, hasta que llega el día en el que de pronto los ascensores vierten litros de sangre. Quería que el espacio contara la historia, como el auténtico protagonista de la función. Y eso que aquí la estrella es Uma Thurman, encarnando a la directora del centro, una mujer disciplinada, con tacones poderosos, sonrisa algo severa y una media melena recta como el fleco de un mantel. "Ella tiene una sofisticación enorme a la hora de abordar la interpretación, cosa que resulta muy orgánica, pero en su trato personal es como tener delante un taxista neoyorquino", espeta el director. Servido está el bufé. Ahora a ver quién se atreve. 

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