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Rodrigo Sorogoyen y Marta Nieto
©Alfredo Arias

Rodrigo Sorogoyen y Marta Nieto nos hablan de 'Madre'

La actriz y el director nos cuentan los secretos de una película que nos ha metido el frío en el cuerpo

Por Josep Lambies
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Fuera cae una tormenta de mil demonios, con truenos y relámpagos furiosos. Rodrigo Sorogoyen y Marta Nieto llegan calados hasta los huesos, como dos espías de cine negro, él con las solapas de la bomber levantadas y ella con la mirada vidriosa, intensa. Son la pareja de moda desde que fueron a los Óscars con el corto 'Madre', un artefacto de alto voltaje, tremendamente tenso, que nos dejó con un frío medular muy jodido. Él dirigía. Ella era la protagonista. "Desde que escribí la historia supe que también podía ser el comienzo de una peli, la primera escena, pero tenía claro que si me lanzaba a dar el salto al largometraje sería para huir de lo que todo el mundo esperaría ", dice Sorogoyen. Así ha sido.

Os pondremos en antecedentes. El corto va de una mujer que recibe una llamada desde el móvil de su ex. Al otro lado contesta Iván, su hijo de seis años, con un hilo de voz. Dice que ha perdido a su padre y que está solo en una playa donde no hay nadie más. Se está haciendo de noche y el niño se va quedando sin batería. La madre, pegada al teléfono, vive un auténtico infierno. "Habría podido ser el principio de un thriller, que hubiese seguido las horas siguientes, en las que la madre se lanza a la carretera desesperada para buscar a Iván. Pero decidimos fumárnoslas totalmente. Es cosa del espectador rellenar esos huecos", dice el director, a degüello. Estos huecos de que habla dan lugar a una elipsis de diez años. Es donde empieza 'Madre', el largometraje, que se estrenó en el festival de Venecia y que ahora llega a los cines.

Un fantasma en el mar
La madre camina descalza, con un vestido raído, esquelética como un espectro, por la misma playa desde donde diez años atrás la llamó su hijo. "Una cosa así te mata en vida. Nosotros nos la encontramos así, sobreviviendo a la vida", describe Nieto. "Está muy delgada, perdida en el paisaje inmenso, como un fantasma", añade Sorogoyen. El ritmo suicida del corto se transforma en un relato que tiene lugar en las distancias cortas, intimista. Ella aparece en primer plano con el rostro de un animal herido, los ojos colmados de tristeza y el cabello fino y canoso, como de ceniza, que se agita por la locura de un viento que sopla como un grito. "Sigue esperando, aferrada a este sitio, sin pasar página, abandonada en un limbo de tortura", dice Nieto.

Salta a la vista que Sorogoyen se aleja de sus dos últimas películas, 'Que Dios nos perdone' y 'El reino'. La primera era un film policial nauseabundo, sobre un asesino de ancianas que atacaba el centro de Madrid, en un clima sociopolítico de excepción en el que la revuelta de los indignados del 15-M coincidía en las calles con las hordas católicas que salían a recibir a Benedicto XVI. La segunda era un thriller inspirado en algunos de los casos más flagrantes de corruptela que ha vivido España en los últimos años. "Quería hacer algo totalmente diferente, que me permitiera investigar, experimentar y divertirme –prosigue el director–. Y lo que ha salido es, en el fondo, una historia de amor que no podemos clasificar, o que no queremos clasificar".

Ambigüedad y provocación
Ella camina por la playa, dejando un rastro de huellas húmedas. A su lado pasa corriendo un grupo de chicos surfistas con el mono de neopreno, el pelo mojado y la tabla bajo el brazo. Entre ellos está Jean, hijo adolescente de una familia parisina que pasa las vacaciones en la costa. Algo se mueve dentro de ella, como un ruido de entrañas. Arranca entonces una relación obsesiva y cargada de ambigüedad. "Que empiece a perseguir a este chaval porque piensa que podría ser su hijo nos da pistas de que quizás es algo que ha hecho otras veces, en épocas en que su desasosiego era mayor y reaccionaba de una manera más agresiva, más radical", explica Nieto.

El suspense se oculta en cada roce, en los encuentros fortuitos de estos dos personajes, en el tiempo dilatado sobre cada caricia. "Yo no quería actuar la tragedia de esta mujer, sino habitarla, entrar en la experiencia que para ella es un despertar a la vida", sigue la actriz. La relación es maternal, pero también de amistad y con una tensión sexual contenida que vibra en los gestos, en el tendón que tiembla bajo la piel, en el vello que se eriza con el calor del aliento ajeno. "Quiero provocar al espectador, en un sentido positivo, para retarlo a entender algo que le romperá los esquemas", dice Sorogoyen.

Justo ahora, Sorogoyen está rodando una serie para Movistar +, escrita a medias con Isabel Peña, coguionista habitual de sus proyectos. Se titulará 'Antidisturbios' y dice que recuperará el pulso frenético de 'Que Dios nos perdone'. "Nos apetece ver a los antidisturbios en su casa, con las familias y con ellos mismos –dice Sorogoyen–, observando si se plantean lo que significa el trabajo que hacen, o si no se lo plantean, si lo defienden a muerte , si tienen conflictos". A Marta Nieto lo hemos visto recientemente en 'Litus', adaptación de la obra de teatro de Marta Buchaca que dirige Dani de la Orden. Las cosas pintan bien para ella. Por su papel en Madre ganó el premio a la mejor actriz en Venecia.

Pues sí, el frío se nos ha instalado en el cuerpo. 'Madre' nos arrastra al paisaje lluvioso de Las Landas, el espacio que en el corto aparecía en el fuera de campo, descrito por el niño como el escenario de un relato de pánico acelerado, y que aquí se transforma en el clima que envuelve una historia perturbadora. "A mí la película me encanta, creo que te lleva a un lugar muy extraño, poco explorado, que te hace sentir cosas sobre las que no sabes qué pensar –dice Nieto–. En un momento tan polarizado, en el que las opiniones siempre son blanco o negro, es fascinante que algo te conduzca a este punto en el que no sabes si te gusta o te molesta, en el que no tienes dónde agarrarte ". Lo suscribimos.

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