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Sebastián Lelio
© Agatha A. Nitecka

Sebastián Lelio: "Queríamos conseguir un alto nivel de erotismo sin gota de desnudez"

El director chileno rueda su primera película americana, 'Disobedience', que cuenta el amor prohibido entre dos mujeres en una comunidad judía ortodoxa de Londres

Por Josep Lambies
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Después de ganar un Oscar por 'Una mujer fantástica', Sebastián Lelio dirige su primera película estadounidense, 'Disobedience', donde Rachel Weisz y Rachel McAdams hacen de dos mujeres criadas en una comunidad judía ortodoxa. Una en huyó hace mucho tiempo. La otra ha crecido reprimiéndose.

La película nació como un proyecto personal de Rachel Weisz, ¿verdad?
Sí, Rachel Weisz quería hacer de la protagonista de la novela de Naomi Alderman en que se basa 'Disobedience', una mujer que se rebela contra el entorno. Yo acababa de estrenar 'Gloria' y estaba recibiendo ofertas para dirigir algo en inglés. Cuando me propusieron esta historia, me sentí atraído por todo, por el relato de amor en un contexto de ideas estrictas, de una cosmovisión rígida.

¿Qué sabías tú de las comunidades ortodoxas del norte de Londres?
Entrar en este mundo desconocido e inaccesible fue fascinante. Son comunidades privadas, de las que ni siquiera los londinenses saben nada. Tuvimos unos consultores que formaban parte y que nos ayudaron a captar las sutilezas culturales de los barrios judíos, e incluso nos alojamos en un hotel donde todos los clientes eran judíos.

La acción comienza con la muerte del rabino. Como 'Una mujer fantástica', la película pasa durante un proceso de duelo.
Quizás más que la muerte, que es una coincidencia entre las dos películas, lo que me interesa es la situación de crisis. 'Disobedience' es como el cuento de una princesa que vuelve del exilio, después de la muerte del rey, mientras se espera que el sucesor ocupe el trono.

Un momento intenso es cuando se abre la casa del padre muerto y aparece el rastro de la enfermedad, el cojín manchado de sangre, las medicinas. 
Es una escena importante, porque es cuando las dos chicas se acercan de manera íntima la una a la otra. Hasta el momento todo se ha contado a baja temperatura y aquí ​​vamos entendiendo que las dos fueron amantes. Algo desencadena este sitio desalmado, que es como entrar en el vientre de la ballena, en el interior del cadáver de un padre que representa la autoridad más estricta.

¿Hasta qué punto el acto de rebelión de la mujer se expresa desde la sexualidad?
Sin duda se define desde la opción sexual, o mejor dicho desde la verdad sexual. Es una decisión valiente, en un entorno como el suyo, en el que el amor se convierte en una forma de desafío, de choque, de desobediencia. Esta desobediencia me seduce, y visto con perspectiva creo que es una constante respecto a mis anteriores películas.

En el centro de la película hay una escena de sexo entre las dos mujeres que es insólita, algo nunca visto. ¿Cómo lo abordaste?
Para mí es el corazón de la película, y se acerca a la carne para cuestionar la importancia de la palabra que defiende la Torá, donde se habla de la voz humana como la herramienta suprema para generar tejido social, cohesión. Me interesaba escuchar el lado más subversivo de las voces de las dos mujeres, cuando las gobierna el deseo y se convierten en gemidos. Y lo más importante es que queríamos conseguir un alto nivel de erotismo entre las actrices, sin ni gota de desnudez.

Toda la historia pasa en un tiempo muy condensado. ¿Ese marco tan presuroso lo hace todo más intenso?
Me gustan las historias en las que el mundo se da la vuelta en muy poco rato, en las que los personajes se ven enfrentados a un dilema y deben tomar una decisión inmediata, impulsiva, sin pensar. Así se les exprime toda la esencia.

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