Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Madrid icon-chevron-right Guille Milkyway: "Que Rosalía le guste a todos es muy guay"

Guille Milkyway: "Que Rosalía le guste a todos es muy guay"

Hemos tenido que esperar 8 años, pero 'La gran esfera' de La Casa Azul ha impactado. Y el tiempo ha dado la razón a Guille Milkyway

Guille Milkyway
©Alfredo Arias Guille Milkyway
Por Marta Salicrú |
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20 años después que el huracán de sensaciones pop de La Casa Azul tocase tierra, llega 'La gran esfera', el quinto LP del proyecto personalísimo de Guille Milkyway. Casi la mitad de este tiempo nos lo hemos pasado esperándolo, desde el viaje a 'La Polinesia Meridional' (2011) en el que –“red lights, red lights”– la colisión era inminente. Recuperado de males físicos y existenciales que lo distanciaron con un disco que en 2014 ya tenía casi terminado, Guille se reconcilia con y recupera parte de este material en un álbum que sus fans casi han oído entero: en los cuatro avances publicados, de creación más reciente, y en concierto, en una gira que ha hecho más bien a La Casa Azul que el Myolastan. Lo que fue un proyecto en solitario disfrazado de banda se ha convertido en un grupo de verdad con un líder que disfruta más preparando la merienda a sus hijos que jugando al Peter Pan rockero en el 'backstage'. Y que a partir de ahora quiera publicar nuevos temas cuando los tenga listos, como hace la generación trap.

Los ocho años desde tu último álbum también los explica tu militancia DIY. ¿Qué te aporta?
Yo trabajo solo, y el hecho de hacértelo todo en el estudio tiene un punto de aprendizaje continuo. Me parezco más al chaval de 15 años que está en su casa con el ordenador que a un señor que ha tenido un estudio toda la vida. O que a un músico que nunca se ha preocupado por la grabación y que ha ido siempre a que le grabaran.

¿Te hubiera gustado tener la tecnología actual cuando empezaste?
Con la tecnología de hoy una chica o un chico de 13 años podría colgar una canción en Spotify que no se diferenciase tanto de lo que puede colgar un gran sello. Hasta ahora esto no se había conseguido. Una de mis luchas cuando era joven era intentar sonar bien, porque no podíamos. Algunos lo usaban como fortaleza, como resistencia 'underground'. Pero el 'underground' tiene que ser una actitud, no una sonoridad o un estilo. Es como si digo que me quiero rapar; guay, pero si no tengo otra opción porque estoy calvo, pues no es tan guay.

En 'La gran esfera' se oye tu amor por la música disco con un interés por la nueva música urbana.
La música negra moderna americana desde finales de los 90 ha hecho mucho bien. Era música compleja, demostraba que la gran industria podía funcionar, ser comercial, con productos difíciles, y que un discurso 'underground' podría llegar a la masa.

Hay melómanos que se quejan que no pillan el trap y el reguetón.
El rechazo de mucha gente a estas nuevas músicas proviene de identificarlas con el 'mainstream'. Continúan haciendo lo mismo de siempre, pero si antes era Alejandro Sanz, ahora es esto. No son conscientes que esto sale del 'underground', como todo lo nuevo. No sé si porque el 'mainstream' lo ha cogido más rápido. La industria de la música es muy invasiva. Una cosa que ha cambiado es que hay menos artistas y más dinero en cada uno: el alud se percibe como más fuerte que antes. Es casi violento.

¿Es lo que ha pasado con Rosalía?
Es un ejemplo claro real, y esto no niega su talento y discurso artístico. Continúa habiendo elitismo en la crítica de lo masificado o 'mainstream'. Hay quien si ve que a la señora del bar o a quien le vende la fruta le gusta Rosalía, se siente agredido.

Tu interés por el 'mainstream' no es nuevo.
Es algo en lo que he militado siempre, desde que empecé a hacer música. Hace veintitantos años, lo que más me gustaba de Saint Etienne es su capacidad para mantener nuestro espíritu y hacer pop desde fórmulas de radiofórmula. Cuando se dice que el indie es elitista, bueno, hay de todo: yo me considero indie y soy la antítesis, he militado contra este dogma. Que ahora Rosalía le guste a todo el mundo es muy guay. Hasta para los más distópicos, entre los que me incluyo, es la prueba que la obra artística es lo de menos, en la industria. Hay auténticas mierdas que se cuelan y triunfan, y cosas increíbles que también. Mientras se tenga la maquinaria a favor, cualquier cosa podría funcionar. Cuando se habla del potencial comercial de mi música, este potencial lo tiene todo. Hay un elemento de moda, pero si tienes herramientas económicas...

¿Qué opinas que tus hijos escuchen reguetón?
Hay padres en el cole que se preocupan porque es machista, pero toda la vida hemos escuchado discursos machistas en las canciones, y aún peor, porque ahora podemos trabajarlo. Yo veo la exposición a los discursos machistas una buena oportunidad porque se explica por si solo.

El álbum está lleno de imágenes de esferas amenazadoras.
Tu micromundo puede ser tu muerte. ¿Qué es más peligroso, el meteorito o el cerradito, como lo llamamos en el grupo? Cuando vamos de viaje cada uno ve sus series, y a mi las que me acaban interesando siempre son aquellas en las que pasa algo, se ponen unas barreras y se crea una sociedad que no puede salir de allí. Al final, lo más peligroso acaba siendo el cerradito, todo el mundo muere, ahí dentro.

Tu vida privada se cuela en tus canciones. ¿No te sientes expuesto?
Quizá si fuese famoso sería distinto. Con mi estatus, continúo estando muy protegido, no somos un grupo masivo. Julio Iglesias, que es un personaje de las revistas del corazón, tiene un disco que se llama 'Emociones' (1979) que es su vida al 100%. Pero la gente continuaba hablando de su casa, y de su mujer, pero no de esas canciones.

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