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4 cosas de 'Frozen 2' que nos han encantado (y una que hemos odiado)

Frozen 2
©DISNEY

Han pasado seis años desde que 'Frozen' se convirtió en un fenómeno navideño, un meteorito que arrasó en la cartelera infantil, a nivel mundial, y devolvió a la factoría Disney la fe en los cuentos de hadas. El productor de la película, Peter del Vecho, visitó Madrid hace unas semanas, para un encuentro con la prensa en la Academia de Cine. "Cuando se estrenó la película no podíamos imaginar la repercusión que llegaría a tener en todas partes", contaba. De ahí la idea de extender su universo mitológico en una secuela que llega a los cines esta semana. Nosotros acabamos de verla y, sí, hay cosas que nos han fascinado, pero también hay algo que nos ha enfurecido. Empezaremos por el principio.

1. La belleza del bosque encantado. El imaginario del bosque juega un gran papel en los cuentos tradicionales y también en muchos clásicos de Disney. Desde 'Blancanieves', el primer largometraje de animación de la historia, estrenado en 1937: la princesa escapaba a través de un bosque terrorífico, oscuro, en el que los árboles la agarraban del vestido con unas ramas que eran como garras. En 'Frozen 2' hay un bosque encantado, de colores flamígeros, que se esconde tras una cortina espesísima de niebla. "Los bosques encantados tienen un poder transformador. Me pregunto cómo nos va a transformar a nosotros", dice el muñeco de nieve Olaf, sonriente, mientras una brisa burlona arrastra un puñado de hojas secas. 

2. El viaje del autodescubrimiento. Todos recordamos la escena del 'Let it go', en la que la princesa Elsa se construía un palacio de hielo en las estepas nevadas, lejos del reino de Arendelle. En 'Frozen 2' también hay un viaje iniciático. La historia empieza en una noche oscura, cuando Elsa oye una especie de canto de sirena que suena como un lamento y parece que la llama desde los confines del mundo. Anna, Kristoff, Olaf y el reno Sven la acompañarán en una aventura de la que dependerá el destino de Arendelle, sobre cuyas gentes truena una maldición destructora. Esta expedición se convertirá pronto en una experiencia de autodescubrimiento. De eso nos habla el tema 'Into the unknown' ('Hacia lo desconocido').

3. Ese caballo de cristal. 'Frozen 2' tiene una secuencia extraordinaria, en la que Elsa se adentra en la mar bravía, en una noche de tempestad, y domestica a una especie de caballo subacuático que surge de las profundidades oceánicas e intenta atacarla. En la lucha se mezcla la textura de las olas negruzcas que se agitan con corrientes de espuma blanca, el hielo que brilla en la oscuridad y el cuerpo del animal salvaje, que parece hecho de cristal luminoso, como el zapato de Cenicienta. Las formas traslúcidas son una constante visual en la película. La mitología escandinava, mezclada con la inspiración de los relatos de Hans Christian Andersen, se conjuga con magia y fantasía.

4. El delicioso punto hortera. Pero 'Frozen' también tiene un lado 'kitsch'. En muchos de los números musicales, la ambientación parece un plató de Eurovisión, con suelo negro reluciente y unas formas escarchadas que podrían ser una instalación de 'videomapping'. Yo veo un homenaje a la cultura de la MTV. La canción de amor que canta Kristoff cuando quiere pedirle matrimonio a Anna podría ser perfectamente un videoclip de algún grupo retro especializado en el drama sentimental adolescente. Es posible que a muchos os chirríe esta mezcla. Yo creo que es donde 'Frozen 2' brilla como producto pop decadente. Esos aires de gala televisiva que parecen preparados para acoger una semifinal de 'Operación triunfo' no tienen pérdida. 

5. La cosa que odiamos. Ya es oficial. Elsa no tiene novia en la segunda parte de 'Frozen'. De nada sirvió, pues, el apoyo masivo que recibió la campaña viral #giveElsaagirlfriend, secundada en público por Idina Menzel, la actriz que pone voz al personaje y canta en su versión original el mítico 'Let it go' que desde hace algunos años suena siempre en las carrozas del Orgullo. Hace mucho tiempo que el mundo de la animación 'mainstream' empezó a incorporar personajes gays. Tex Avery, por ejemplo, contaba que creó a Bugs Bunny como un héroe de la cultura 'queer' sumergida de los años 40 (de ahí sus inclinaciones por vestirse de mujer y por acariciar la escopeta del cazador Elmer). Pero Disney necesita una renovación moral. 'Frozen' es la inspiración de muchos niños y niñas del mundo, para quienes debemos construir sociedades cada vez más libres y tolerantes. Con todo, esto suena a gran oportunidad perdida.

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