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5 motivos para ver la exposición de Disney

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Por más que nos pueda el rubor, todos tenemos que admitir que nos debemos a nuestra educación sentimental, a aquel niño que fuimos que quería frotar una lámpara mágica y que saliera un genio. CaixaForum ha inaugurado el que va a ser uno de los platos fuertes de la programación de este año, la exposición 'Disney. El arte de contar historias', un recorrido a través de más de 200 obras procedentes del fondo de los estudios Disney. Prototipado, pruebas de color, imágenes de fondos y sobre todo diseño de personajes, que mezclan grafito, acuarela, guash y pastel. Diseñada como un viaje fantasioso a través de los cuentos de hadas, con árboles mágicos, cabañas en el bosque y un castillo medieval, nos lleva al corazón de algunos de los clásicos que han salido de las entrañas de los estudios. Aquí van cinco curiosidades por las que la visita merece la pena.

1. Blancanieves podría haber sido rubia. En 1937, tras el éxito de los cortos de las Silly Symphonies y la fama del ratón Mickey, Disney lanzó el primer largometraje animado de la historia. Aunque hoy en día 'Blancanieves' nos pueda parecer un producto algo cursi y tal vez conservador es necesario saltar esas barreras para descubrir que se trata de una obra de arte. Está el encuentro de los dos enamorados que se conocen en el reflejo del agua que destella en el fondo del pozo, sacado del tópico de la transformación de los amantes. Está la princesa que huye en un bosque monstruoso en el que los árboles tienen ojos glaucos y zarpas afiladas, como si fuera 'Nosferatu' o cualquier otro referente del terror del expresionismo alemán. Está la muerta aletargada en ese ataúd de cristal como la mariposa que duerme en su crisálide. Además, fue una auténtica proeza técnica –la animación de Blancanieves, por ejemplo, es una rotoscopia, una captación de movimiento real redibujado fotograma a fotograma–, y en la exposición descubrimos una serie de bocetos que nos hablan de cómo se crearon, por ejemplo, los personajes femeninos, como una conjugación del 'glamour' del Hollywood del momento. Veremos las pruebas de figurines de la malvada reina, con su belleza cruel, y una serie de ensayos para Blancanieves, entre los que destaca una versión pícara estilo Betty Boop y esta rareza en la que la muchacha, que en el relato de los Grimm siempre tuvo el pelo color azabache, aparece rubia.


2. Disney quería explicar la vida de Andersen. 
Las películas de Disney son famosas, entre otras cosas, por sus finales edulcorados, que a menudo cambian el desenlace de la historia original. El caso de 'La sirenita', por ejemplo, es la adaptación de un relato de Hans Christian Andersen muchísimo más cruel y abismal. En el fondo, la película cuenta la historia de una chica con cinturón de castidad, de una joven fogosa cuyo sexo está oculto tras un armazón de escamas, y que vivista a la bruja de los mares para que le acuchille la cola y libere sus genitales. Andersen explica esa escena con dolor, con agonía. Y el cuento no acaba bien. Pero es que quien haya leído los relatos del autor danés ya sabe que deja siempre un nudo en la garganta, sin excepción. La chica de las cerillas, que moría helada cuando se le acababa la lumbre. El soldadito de plomo, fundido en las llamas de la chimenea. La protagonista de las zapatillas rojas, con los pies ensangrentados, que incluso muerta no podía dejar de bailar. Lo que descubrimos en la exposición es que en 1938, tras el éxito de 'Blancanieves', Disney empezó a trabajar en el proyecto de una película sobre la vida de Christian Andersen, rodada en acción real, pero que incorporara sus fabulaciones en secuencias animadas. El proyecto no llegó a materializarse. Y hubo un segundo intento en 1956 que tampoco fructificó. Pero del trabajo que se había hecho bebieron 'La sirenita' en 1989 –por cierto, en alguno de los esbozos vemos que se habían planteado que Ariel tuviera el pelo negro y recogido en una coleta sujetada con algas– y también fragmentos de 'Fantasía 2000'.

 
3. La influencia de la mitología clásica. El hilo conductor de 'Disney. El arte de contar historias' es el 'story telling', la narrativa a través de la animación. Por eso la exposición se divide en cinco bloques: historias mitológicas, fábulas, leyendas, folklore americano y cuentos de hadas. Tal vez, las dos vertientes más desconocidas y por lo tanto sorprendentes sean, por un lado, el folklore americano –ahí descubrimos el trabajo de Mary Blair, una de las pocas artistas mujeres que trabajaban en el estudio en los años 40, y que tuvo un papel decisivo en la producción de 'Juanito manzanas'– y por el otro la mitología clásica. Ahí encontramos 'La sinfonía pastoral' de 'Fantasía', con sus centauros y faunos, dioses y mortales, Júpiter tronante con su rayo cósmico. También 'Hércules', donde vemos al héroe con sus bíceps portentosos bailando en las grecas de una vasija. Y, por último, 'La diosa de la primavera', un cortometraje de los años 30 que cuenta la historia de Perséfone, hija de Zeus, que un día que paseaba por un prado cogiendo flores fue mordida por una serpiente y vio cómo la tierra se partía bajo sus pies. Hades, el dios de los infiernos, la raptó y se la llevó a sus dominios para convertirla en su esposa. Ahí, Perséfone se sentía triste, y al percatarse Hades le ofreció un trato: que pasara medio año con él, en los avernos, y medio año en libertad. Así se explica que todos los años tengan primavera e invierno.


4. 'Robin Hood' inspiró 'Zootrópolis'. En los años 60, Wolfgang Reitherman tuvo la idea de explicar la leyenda de Robin Hood con animales que representaran los atributos de los personajes. El héroe era un zorro, por su astucia, el príncipe Juan era un cachorro de león, que iba de fiero felino pero se chupaba el dedo, y luego había un gallo con laúd vestido de juglar que cada mañana cantaba la crónica de los hechos del triste pueblo de Nottingham. En 2016 Byron Howard y Rich Moore hicieron 'Zootrópolis', una película de animación en la que todos los personajes eran mamíferos personificados. La idea nació como homenaje a la película de Reitherman, que ambos recordaban con cariño haber visto de niños. En la exposición de CaixaForum hay un panel dedicado a 'Robin Hood', justo al lado de 'Merlín el encantador' y 'El flautista de Hamelín', y lo más interesante es cómo explica el desarrollo de los personajes, sobre todo desde un punto de vista cromático, pero también de articulación. Tenían que ser animales antropomórficos, tirar flechas como si fueran auténticos arqueros. El trabajo es de un preciosismo exquisito, que cuida el detalle, con un trazo milimetrado que reproduce concienzudamente el movimiento del vello del oso, de las plumas de los buitres que emprenden el vuelo y, claro, el serpenteo de esa serpiente con gorro que repta seseando por los torreones del castillo.


5. Lo más importante: ¡esto es arte! 
No querríamos que pareciera que esta exposición es un gabinete de curiosidades para mitómanos. Sí es cierto que la sensación inicial es que está montada como una operación de marketing andante, sin espíritu crítico, dedicada solo a ensalzar el legado de Disney y a coronarlo como un genio. Anda que no hubiera molado que alguien nos contara si es verdad o bulo lo de que lo tienen crionizado, esperando como el conde Drácula en su féretro aterciopelado el momento de levantarse del sepulcro para volver al mundo de los vivos. Pero lo más importante es que lo que aquí vemos son obras de arte, dibujos originales en perfecto estado de conservación que se mantienen y restauran en los archivos Disney, firmados por los artistas que han pasado por el estudio desde la década de los 20 del siglo pasado hasta ahora. Encontramos el estudio cinético descompuesto de los gestos de Mickey Mouse en 'El sastrecillo valiente' y del Pato Donald en 'Lo mejor de Donald', ambos fechados de los albores de los tiempos. Y llegamos hasta ahora, hasta 'Frozen', los primeros diseños para la creación del vestido de Elsa, que la envuelve como si fuera cristal tallado. En este sentido, el relumbre total es el tramo dedicado a 'La bella durmiente', una inmersión en el universo de Perrault a través de las figuras de las tres hadas, de la columna de ruecas que arden en fuego magenta y de las filas de cortesanos que al principio de la película se dirigen al castillo para dar su bendición a la recién nacida. Este óleo que representa el reino, con la neblina mágica y los árboles de fantasía, son una aproximación atmosférica pintada en una fase embrionaria para definir el tono de la película. Es una maravilla.

 

 

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